ARRIBES TAURINAS

Bendita imperfección

Imagen: Pagés

Lo de Borja Jiménez no es ninguna casualidad. Esto no es consecuencia del azar o la suerte. La erupción de Borja Jiménez era cuestión de tiempo, y sobre todo, de oportunidades. Su paso por la Copa Chenel el pasado año fue el toque de atención que necesitaba para llamar a las puertas de las grandes ferias. Poco después, toreó en Pamplona y si la espada llega a entrar, se va de allí a hombros con tres orejas… Y llegó a Madrid, donde ya en verano dejó entrever su gran concepto, y aquello se desmoronó. Aquella tarde en otoño tumbó todas las puertas que años atrás habían estado cerradas. Sin el rodaje de las figuras, protagonizó una tarde de auténtica figura del toreo. De mandón. Dijo «aquí estoy yo, y he venido para quedarme». Y por el momento, se fue a hombros de Madrid con tres orejas. Tres orejas a una corrida de los de la A Coronada, que no es cualquier cosa… Una tarde para el recuerdo.

En invierno se pateó España de arriba a abajo. De norte a sur. De este a oeste. Atendiendo a la afición, a la prensa, a las asociaciones y peñas. Creando afición y ambiente. E hizo campo, mucho campo. Abrió la temporada con una Puerta Grande en su debut en Castellón, de nuevo, con ‘victorinos’. Impactó también en Valencia, donde a punto estuvo de salir a hombros. Otro golpe en la mesa. Pero Sevilla ya son palabras mayores, y el reto se antojaba mayúsculo. En su primera tarde, con la de El Parralejo, cortó una oreja y dejó muy buen sabor de boca. Pero ayer, ayer fue otro nivel. Ayer cuajó una tarde merecedora de Puerta del Príncipe. Estoqueó tres toros, y mostró una gran dimensión. De nuevo, dimensión de figura del toreo. Con sus imperfecciones, sí, pero bendita imperfección. 

La faena al primer toro, con el público frío tras el percance de Escribano, tuvo mucha importancia. Con un toro complicado, incierto y exigente, Borja Jiménez selló una faena seria, con un gran toreo al natural. Una mano izquierda que puso en pie a La Maestranza con su segundo toro, el mejor ‘victorino’ de la corrida. Esa faena, merecedora del doble trofeo si la espada hubiera caído en mejor sitio, fue una auténtica exhibición de inteligencia, de naturalidad, de exposición, de capacidad y de futuro. El toreo de Borja Jiménez es presente, pero sobre todo futuro. Con sus imperfecciones, con su tarea pendiente de la espada, con la necesidad también pendiente de no precipitarse ni acelerarse en ciertos instantes, pero con la ilusión de que ahí hay un torero que tiene mucho que decir. Y que lo va a decir. Ahí queda su paso por la feria de abril. Y en un mes le espera Madrid… Carretera y manta, detrás de él, que se diría.

Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!