ARRIBES TAURINAS

Sevilla pierde la razón con Roca Rey

Imagen: Pagés

Ayer Sevilla mostró una doble cara. Una justa, y otra injusta. Ayer La Maestranza fue tremendamente empática, cariñosa y entregada con un heroico Manuel Escribano, pero también fue notablemente fría e injusta con Andrés Roca Rey. Este medio no es sospechoso de evitar la crítica al diestro peruano, cuando así lo ha considerado oportuno y merecido; sin embargo, lo ocurrido ayer transciende a la razón y al sentido. Mostrarse fría, es respetable, pero pasar del silencio a la bronca y los pitos injustificados con el único objetivo de hacer daño, y reventar su tarde, no es digno de una afición como la de Sevilla. Aunque claro está, que los pitos procedieron de una minoría, y no de toda la plaza.

Ayer Roca cumplió. Cumplió y solventó una difícil papeleta. Una apuesta arriesgada, con un precedente a la contra. El triunfo de Luque el día anterior probablemente animó a algunos a posicionarse con el de Gerena en ese polémico enfrentamiento personal que mantienen ambos toreros, y aquello terminó desembocando en unas actitudes reprobables. Pero cualquier aficionado con cierta madurez y sentido común debería saber que así, de esa manera, no se resuelven las cosas. Hablamos de personas adultas, de toreros con ya mucha experiencia, con figuras del toreo… son ellos y sólo ellos quienes deben de resolver sus problemas personales. Son ellos, y no los aficionados quienes deben hablar. 

Roca no estuvo por debajo de sus toros. Quienes estuvieron por debajo de la categoría y la grandeza de una afición y de una plaza como la de Sevilla fueron aquellos que, sin razones, decidieron pitar al torero en sus dos faenas, y despedirle de la plaza entre una sonora pitada. Ha habido, y habrá muchas tardes en las que habrá argumentos para protestar o criticar las actuaciones de Roca Rey. Por supuesto que su condición de máxima figura del toreo merece una exigencia suprema. La más alta. Más que a otros compañeros. Pero la exigencia no requiere de una protesta premeditada y fuera de lugar. Ayer no perdió Roca Rey. Ayer perdieron aquellos que, de manera ignorante, no quisieron apreciar el esfuerzo del torero con su primer toro, y una buena y meritoria faena a su segundo. 

Lo ocurrido ayer merece una reflexión. Y lo merece porque Sevilla perdió la razón. Sevilla merece más.

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