No todo son buenas noticias. Ayer, durante la suelta del segundo toro de los Sanjuanes en la plaza de Coria (Cáceres), el toro ‘titular’ de Victoriano del Río, terminó mermado por sus ‘topetazos’ contra el vallado y la organización decidió que no saliera a las calles, siendo finalmente sustituido por un sobrero, perteneciente a la ganadería de Jara del Retamar. Tras un rato de parón, hasta que el toro fue embarcado y desembarcado en los corrales de la plaza, el animal salió con rapidez a la plaza. Su lidia, más corta en tiempo atendiendo a las circunstancias que motivaron su inesperada suelta, se saldó con un percance de gravedad, puesto que un conocido recortador resultó cogido con violencia por el astado durante la ejecución de un quiebro en los medios. El animal le alcanzó, propinándole un fuerte golpe, y zarandeándolo de manera muy fea, queriendo ensañarse con él en el suelo, hasta que la rápida y -un año más- heroica actuación de Rafael Cerro le libró de un percance aún más grave. Fue atendido con urgencia a los servicios médicos y trasladado posteriormente al hospital con pronóstico “muy grave”.
Más allá del percance, el toro quedó muy lejos del trapío y del buen comportamiento del toro de Victoriano, aunque éste también ofreció movilidad, prontitud y cierta viveza. También se vieron algunos detalles a cuerpo limpio destacables.
En las calles su comportamiento fue más complejo. El toro, que destacó por su movilidad, tuvo un comportamiento más incierto, con continuos arreones hacia las calles y mostrando esa querencia en cuanto veía espacio y salida hacia los callejones. No fue un toro fácil para estar delante de él en el asfalto, aunque tampoco ofreció más complicaciones que las propias del peligro que tuvo. Tras una larga suelta por las calles, y tras recorrer gran parte del recorrido, se puso fin a su lidia, y a la calurosa e intensa jornada del miércoles.
