Urdiales, Aguado y El Mene, oreja por coleta en el primer festival taurino en Ciudad Rodrigo

El primer festival taurino del Carnaval del Toro 2026 en Ciudad Rodrigo (Salamanca) colgó el cartel de “No Hay Billetes” con un cartel de nivel y digno de una plaza de primera. Tras un minuto de silencio en memoria del hombre fallecido en el día de ayer en la capea nocturna, dio comienzo el festival, siendo el diestro riojano Diego Urdiales el encargado de abrir plaza. Faena de menos a más de Urdiales ante un novillo protestón pero con un fondo de nobleza y calidad que supo entender y aprovechar, a pesar del fuerte viento que le descubría constantemente. La faena brilló al natural con un puñado de naturales sensacionales, con empaque y profundidad. Estocada. Oreja. Alejandro Talavante saludó una ovación con saludos tras aviso, tras una faena lineal y correcta ante un novillo sin transmisión. Se movió y embistió con nobleza el ejemplar de su propia ganadería, pero la falta de transmisión y raza hizo que aquello nunca llegara a romper. Estocada tendida casi entera y un golpe de descabello.

Otra oreja, generosa, cortó el sevillano Pablo Aguado. Por encima de un novillo noble pero justo de todo lo demás, Aguado dejó con él un buen inicio genuflexo y algunos muletazos sueltos de buen trazo y torería. Eso sí, el viento hizo imposible su lucimiento con el capote. Pinchazo y estocada. El Mene, ausente en las primeras ferias de la temporada, quiso dar un golpe de atención. Voluntarioso con el capote y entregado en el último tercio, selló una faena larga, con firmeza y un final de cercanías, rubricado por luquesinas tras un arrimón. Pinchazo y estocada. Oreja.

Cerró la tarde el jovencísimo Moises Fraile, que sufrió un susto en el recibimiento capotero y una fuerte paliza en el inicio de faena, por estatuarios. Anteriormente, sobresalió con un ajustadísimo quite por gaoneras. Aunque todo quedó en los golpes, la caída fue fea y se le vio dolorido. Eso sí, se repuso y cuajó una meritoria actuación, en la que se le atisbó su buen concepto. La inocencia de la juventud y del querer sorprender le jugó una mala pasada, viéndose en apuros en repetidas ocasiones, incluido al entrar a matar, pero también hubo algunos naturales con el cuerpo abandonado y mucho temple. La espada se le atrancó. Fuerte ovación.

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