Los novillos de López Gibaja se ‘entretienen’ en los desencierros de Ciudad Rodrigo, tras ofrecer buen juego en las capeas

El tradicional encierro a caballo de Ciudad Rodrigo (Salamanca), con motivo del Carnaval del Toro 2026, ha resultado emocionante y exitoso, con los seis toros de la ganadería de Antonio López Gibaja entrando a la plaza de toros. El traslado por el campo comenzó con algo de retraso y no fue tarea fácil, debido al barro, el agua y el mal estado del campo tras las lluvias caídas en las últimas semanas. Sin embargo, la gran labor del equipo dirigido por encabezado por el director de campo, el jinete Juan Luis Perita, logró que ese traslado concluyera sin incidentes, entrando a las calles en varios grupos, y con cierta fuerza y rapidez, pero con todas las reses controladas y arropadas por los caballistas.

En los primeros metros del tramo urbano, un toro encabezó la carrera arropado por varios jinetes; seguido otro con dos jinetes que incluso completaron varios metros agarrados de la mano; y finalmente los otros cuatro astados hermanados con los bueyes y caballos. Sin embargo, luego otro toro quedaría rezagado, y llegaría el último a la plaza. En torno al Árbol Gordo, un caballista cayó delante de la manada y sufrió algunos golpes y pisotones. La entrada a la plaza se vivió sin grandes sobresaltos, con un toro por delante, cuatro detrás y un último que puso en apuros a varios jinetes tras encelarse con ellos, provocando que varios caballos resultaran heridos, según han apuntado diversas fuentes. Momentos de tensión se vivieron con ese último toro, antes de poner punto final al encierro mixto pasadas las 11:30h de la mañana.

Buen juego en las capeas y los desencierros

Los toros de la ganadería de Antonio López Gibaja fueron también los protagonistas de las capeas y desencierros. En líneas generales, los seis toros ofrecieron opciones de lucimiento a recortadores y maletillas, compartiendo una tónica común: la nobleza, y también la movilidad. Salidas con chispa y viveza, barriendo las tablas -el primero de los astados de la capea matinal no dejó de barbear y tratar de alcanzar a los mozos que se encontraban subidos a las tablas- y acudiendo con prontitud a los cites. A cuerpo limpio, se vieron numerosos quiebros y recortes destacados, incluido un meritorio quiebro de rodillas o un salto con una garrocha; mientras que en la muleta, aunque los astados también embistieron con nobleza y clase, la falta de respeto y organización entre los maletillas hizo que su labor no tuviera el lucimiento que merecían los animales. Decenas de maletillas inundaron el ruedo mirobrigense, teniendo que lamentar un revolcón en la capea matinal a uno de ellos, aparentemente sin consecuencias mayores.

Por si fuera poco, los de López Gibaja también dieron buen juego en los desencierros. En el matinal, uno de los novillos quedó rezagado desde su salida de la Plaza, deteniéndose unos segundos en el Registro tras su paso por la calle Madrid, y posteriormente alargando en Los Pinos el final del desencierro. Y por la tarde, los tres novillos que salieron de la plaza quedaron rezagados en la zona de Los Pinos, tras una rápida carrera por el tramo urbano. Allí acudieron a los cites con fondo, prontitud y transmisión, dejando algún susto, y ‘entreteniendo’ a todos los aficionados y espectadores, hasta que, con esfuerzo, ayuda a bueyes y pastores, fueron enchiquerados en el corral de San Pelayo.

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