ARRIBES TAURINAS

Paco Ureña o cómo tocar el cielo toreando

Imagen: @plazadevalencia

La Feria de Fallas en Valencia no pudo tener mejor final. O sí, pero eso ya no importa. A pesar de hoy en día todo se valora en función de los números, lo sucedido hoy nos demuestra que el toreo va más allá de las estadísticas. El toreo es, ante todo, emoción. Emocionarse y emocionar es lo que buscan los toreros cuando salen al ruedo, y eso es precisamente lo que consiguió Paco Ureña con un buen toro de Montalvo. La mejor faena de la feria en el último capítulo de la misma. Los mejores muletazos. Los mejores naturales. El toreo más profundo y sentido. El de verdad. El que todos sueñan. El que hoy pudo lanzar a Paco Ureña a hombros de la plaza de toros de Valencia, si no llega a malograr su gran obra con el acero. La faena al quinto toro fue sensacional. De menos a más. Eclosionando con la mano izquierda, con muletazos poderosos, exigentes, de mano baja y muy profundos. Vaciando las embestidas y ligándolas en un puñado de tandas de gran emoción y conexión con los tendidos. Con el de Montalvo rompiendo a embestir con calidad y buena condición. Con un final de faena, sin ayuda y con la mano derecha, que rompió todos los esquemas. Faltó una estocada final, y aquello hubiera sido un triunfo incontestable. Pero ahí queda eso. Ahí queda, lo que realmente importa, el toreo. Tocar el cielo toreando, como el mismo diestro murciano reconoció al finalizar la faena. Tarde importantísima de Ureña, que también entendió, sometió y sacó todo lo que tuvo el segundo de la tarde. Se apagó al final, y diluyó la posibilidad de trofeos.

El triunfador numérico de la tarde fue El Fandi, a hombros tras cortar una oreja a cada toro de su lote. El Fandi estuvo ‘en fandi’, a su estilo, dentro de su peculiar concepto. Conectando de principio a fin con los tendidos. Voluntarioso y enérgico en banderillas, y muy dispuesto con el capote y la muleta. Lidió dos toros con movilidad, nobleza y cierto fondo, ambos distintos y también con algunos defectos, pero con ellos se mostró inteligente y alcanzó el triunfo.

Sin suerte, ni opciones, Emilio de Justo. Su lote, el peor de un variado encierro de la ganadería de Montalvo, no le permitió obtener lucimiento, y el esfuerzo acabó sin recompensa.

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