El Toro Vega 2026 ya descansa en el Prado de Zapardiel tras ser sedado al final de su suelta

A las 11:00h de la mañana, y con un estricta puntualidad, dio comienzo la suelta de “Campanito” (n°37 y guarismo 1), el serio ejemplar de la ganadería de Álvaro Núñez reseñado como Toro de la Vega 2026 en la localidad de Tordesillas (Valladolid). A gran velocidad bajó desde la calle San Antolín, girándose en varios momentos y deteniéndose en busca de los primeros corredores y aficionados que lo esperaban. Tras alcanzar el puente, lo cruzó a gran velocidad, también deteniéndose en el tramo final, y en la rotonda. Entre una gran multitud de aficionados y corredores, “Campanito” se abrió hueco hacia los prados del Zapardiel.

Ya en la arena, hubo tiempo para los primeros quiebros y cites, acudiendo el toro con cierta prontitud y nobleza, aunque también generando cierto peligro. Sin detenerse en exceso, continuó su camino hacia el pinar, donde esperaban cientos de caballistas. Tras arrancarse a ellos en los primeros compases, el toro se aculó a un extremo, y costó que prosiguiera su camino.

Poco a poco y sacando con mucho esfuerzo y valor las arrancadas, el de Álvaro Núñez fue avanzando y terminó adentrado en el pinar. Con fondo y buena condición, el toro no quiso entregarse y ofreció un comportamiento reservón. Fondo tenía, pero no quiso entregarlo, y terminó arrancándose a la defensiva -con las manos por delante y buscando ya el cobijo de arbustos y árboles- en los últimos compases de su suelta. Destacable fue la arrancada y el importantísimo quiebro de un joven en pleno campo, con la chaqueta, y con el toro arrancándose fuerte y queriéndole hacer hilo. La colaboración de los jinetes ayudó a evitar un percance, tras un quiebro de muchísimo mérito, que despertó una fortísima ovación.

Tras más de una hora de suelta, y con el toro habiendo regalado un puñado de arrancadas fuertes a los caballos, se ordenó el fin del festejo y su hermanamiento con los cabestros. Sin embargo, aquello fue imposible. El toro ofreció notables complicaciones, hasta el punto de hacer imposible guiarlo con ellos, de vuelta al Prado de Zapardiel. Mil y un intentos fueron en vano para tratar de que los bueyes arroparan al toro, que se puso a la defensiva, buscando la salida en ocasiones y muy agarrado al terreno ya.

Pero cuando parecía que estaba todo visto, la calma se volvió caos. En apenas unos segundos, el toro alcanzó e hirió a un caballo de la organización, propinándole una cornada. Y tras este momento de tensión, el astado sorprendió con una fortísima arrancada hasta la pared del campo de fútbol y la piscina. Incluso buscando por arriba a las personas que estaban subidas a la pared. Después de unos minutos parado, otro arreón inesperado puso en vilo a caballistas y corredores, adentrándose entre la maleza junto al invernadero y a pocos metros ya de la carretera que conecta con la autovía. Ya más de manso que de bravo ese último arreón, que terminó por convencer a la organización para sedarlo. Y así fue, poniendo fin a la suelta del Toro de la Vega 2026. Un triste final para un toro que, un año más, morirá en la oscuridad de un matadero -injustamente- en lugar de defender su vida en el Inmemorial Torneo, que nuevamente añoramos. 

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