El cuarto encierro de las fiestas de Cuéllar, protagonizado por los novillos de Beteta, tuvo un desarrollo ordenado en el campo, aunque acabó complicándose en la bajada del Embudo y en el recorrido urbano. Cinco novillos llegaron a las calles de la villa, divididos en tres grupos, mientras el sexto no logró alcanzar la plaza tras lastimarse.
Los novillos se mostraron nobles y manejables durante el traslado por el campo, pero se disgregaron en el Embudo, donde aumentó la dificultad para mantenerlos agrupados. Ya en las calles, los cinco novillos fueron entrando de forma escalonada y protagonizaron algunas situaciones de peligro ante los corredores.
El encierro llegó a las calles minutos antes de las 9:30 horas, obligando incluso a suspender el baile de rueda en lo alto de la calle Parras. El sexto novillo quedó tumbado en la confluencia de las calles Resina y Gabriel García Márquez y tuvo que ser embarcado de nuevo en el camión.
