RUMBO A SAN FERMÍN 2026:
El 12 de julio de 1958 se vivió uno de los momentos más curiosos de la historia de los encierros de San Fermín en la ciudad de Pamplona, y el protagonista no fue otro que un toro de la temida ganadería de Miura. Tras un encierro rápido y sin apenas complicaciones por las calles, la manada llegó a la plaza de toros disgregada en dos grupos. Los cuatro primeros toros entraron casi sin detenerse, mientras que los dos últimos alcanzaron el ruedo poco después. Sin embargo, lo que parecía ser un encierro completamente tranquilo y sin incidentes, se convirtió en el encierro más largo de la historia.
Uno de los toros de Miura quedó emplazado en el centro del ruedo, en los mismos medios, y de allí no hubo forma de moverlo durante más de veinte minutos. Ni dobladores, ni bueyes, ni corredores, ni incluso con la ayuda de varios toreros, según relatan algunas crónicas. Aquello se convirtió en un caos absoluto, y la desesperación se apoderó de todos los allí presentes, hasta que «Ortega», como se llamaba el perro, saltó al ruedo junto a uno de los pastores. El animal no dudó en irse hacia el toro, ladrándole continuamente, e incluso logrando abalanzarse sobre el toro, e incluso llegándole a morder para llamar su atención. Precisamente su «heroica» actuación fue la que finalmente logró que el toro fuera enchiquerado en los corrales, poniendo fin a un encierro que duró más de 30 minutos, un tiempo inédito en la historia de los encierros de Pamplona.
Las crónicas relatan que, como reconocimiento, los mozos cogieron a hombros al perro para que diese la vuelta al ruedo ante la ovación de todo el público que se encontraba abarrotando los tendidos desde primera hora de la mañana. Como si de un torero tras un triunfo se tratase.
