Borja Jiménez fracasa en su encerrona con una corrida indigna para Madrid y una espada desacertada

Nada salió como debía. Todo salió del revés. La encerrona de Borja Jiménez en Las Ventas, en la Corrida In Memoriam de Ignacio Sanchez Mejías, comenzó con mal pie cuando ni siquiera se guardó un minuto de silencio en memoria del mismo. Y continuó todavía peor cuando la corrida -de Toros de Cortés y Domingo Hernández- que salió por chiqueros resultó indigna y muy por debajo de la cita, y del rigor de la primera plaza de toros del mundo. Un auténtico despropósito, de la empresa, del equipo preIdencial -y de los veterinarios-, del torero y de todo su entorno. Y todos ellos se toparon con la exigencia de Madrid, que no perdonó y exigió, protestando el atropello cometido. Hasta tres sobreros se vieron, uno de ellos -el segundo de Domingo Hernández- el animal peor presentado que se recuerda en mucho tiempo en la capital, en una corrida que terminó convertida en una apuesta fracasada del torero de Espartinas. Borja Jiménez se marchó a pie, con una generosa vuelta al ruedo y con el enfado de la afición de Madrid. Vamos, todo del revés.

En la parte artística, tan solo brilló la faena al tercer sobrero que hizo de quinto, de El Torero, que embistió con calidad y muy despacio en la muleta del sevillano. Ésta faena sí tuvo importancia, con algunos naturales sueltos de buen trazo y meritorios -sin redondear las series con la mano izquierda-, y especialmente con la mano derecha, donde se rompió a torear en redondo, despacio y muy encajado. Pero lo estropeó todo con los aceros, y esa espada que tantos triunfos le hace perder. Al cuarto de Toros de Cortés, que ofreció opciones de triunfo, especialmente por el pitón derecho, Borja Jiménez le planteó una faena acelerada, que fue de más a menos, sin terminar de acoplarse ni cuajar al toro. Dio una generosa vuelta al ruedo tras media estocada. Frente al primero de Domingo Hernández, noble pero sin transmisión, estuvo correcto pero aquello no pasó a mayores. El resto, mejor olvidarlo. Sin toro nada tiene importancia, y hoy se volvió a demostrar. Tarde para reflexionar… y olvidar. Que no os engañen.

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