El tercer toro de la tarde en Las Ventas (Madrid), con el hierro de Toros de El Torero, fue un toro que llamó la atención por su pelaje, sus buenas hechuras y también su buena condición. Faltándole un punto más de fuerza, que le hizo perder a veces las manos, el toro sacó fondo, mostrando mucha prontitud, codicia y nobleza. Le correspondió en suerte a Fernando Adrián, de nuevo con mucha suerte en el sorteo, que estuvo voluntarioso y templado con el capote, se fue a los terrenos del 5 para iniciar la faena, en un trasteo jaleado por el público. Debió sacárselo más a los medios al toro, pero el torero continuó entre las dos rayas de picar. Continuó toreando con la mano derecha, ligando pero sin mandar. Tampoco buscando la colocación ni el acople, dejándose llevar por la ligazón como única arma para conectar con los tendidos. La embestida del animal, al que a veces le costó humillar, fue desaprovechada y las protestas comenzaron a incrementarse. Finalmente, lo sacó a los medios y allí la faena continuó entre altibajos, sin lucirse tampoco al natural. Más allá de algún adorno, de los que no gustan en Madrid. Final por bernadinas, ajustadas. Estocada. Un golpe de descabello. Oreja, tras aviso, y sin petición mayoritaria. Un despropósito. Más protestas que aplausos en la vuelta al ruedo y fuerte bronca al palco presidencial.
