Cuatro meses después, sentado en una fuente de El Retiro, con 18 años, aunque por lo vivido se le podrían convalidar unos cuantos más, Sergio Rollón habla sin tapujos de lo que ha significado estar a milímetros de perder la vida. La voz hay momentos que se entrecorta, lo único que permanece rígido: la rodilla. No se puede flexionar por la tirantez que tiene la pierna y los músculos de esta. Llegó a Valdetorres de Jarama, a la Final a Tres del Circuito de Madrid, para lidiar la novillada de Hermanos González y Los Eulogios.
Las caras se sucedían entre quienes entraban y salían del quirófano, la incertidumbre seguía siendo la principal protagonista de la situación, la gente esperaba una noticia alentadora. Tras ello, la estabilización, el viaje en helicóptero, la operación en el hospital y los 20 días ingresado en La Paz.
Se encuentra inmerso en la recuperación. Sesión de fisioterapia mañana y tarde “algo que evidentemente es desagradable por el dolor, porque se avanza a pasos muy pequeños… pero es el peaje que estoy dispuesto a pagar”. Una duda ronda en el amiente: ¿de verdad merece la pena? No hay dudas en la respuesta de Sergio Rollón: “Por supuesto que sí”. El novillero asegura que “son momentos que nadie quiere vivir, pero también es la realidad de esta profesión y merece la pena porque el triunfo es la recompensa y lo más bonito de este mundo”.
Volviendo al 12 de julio por la noche, había una pregunta que se repetía en numerosas cabezas ¿por qué él si solo tiene 17 años? Y sí, en la profesión te juegas la vida, pero el no haber vivido momentos similares hace que la consciencia tarde en asimilar.
Piensa en la reaparición, “sé que voy a estar muy nervioso, pero será una tarde bonita que significará mucho para mí y mi gente”. No hay plazos ni conversaciones “pero a mi me gustaría que fuera en el inicio de temporada, en Olivenza o Valdemorillo” especialmente esta segunda, “porque quiero volver a torear donde me pegó la cornada, en la Comunidad de Madrid”.
Saliendo de El Retiro la pregunta era obligada: ¿y el miedo? ¿Pesa volver a una plaza de toros?, la respuesta, firme: “he ido casi todas las semanas, he visto muchas veces la cornada y el miedo existe, pero está para algo y es para vencerlo”. Tiene 18 años, una entereza impropia de su edad.
No es un momento más, es tener delante a la muerte, haber bailado con ella y saber que el sueño es más grande que la pena, las ganas más preciadas que el arrepentimiento y el miedo un estado que no le va a ganar la partida.
