Morante: «No me gustaría haberme ido del toreo sin salir por la Puerta Grande de Madrid»

Morante de la Puebla, por fin, salió a hombros por la puerta grande de Las Ventas (Madrid). La recompensa a tanto sufrimiento, a toda una vida entregada al toreo y a una trayectoria única y ejemplar. Morante cortó una oreja a cada toro de su lote, sellando dos faenas destacadas, en las que rugió Madrid, totalmente entregada al torero desde que rompió el paseíllo. Cierto es que la estocada al cuarto cayó baja, y él mismo pidió perdón por ello, pero no es menos cierto que la vida le debía esta puerta grande a Morante. Se desató la locura en una histórica salida a hombros, con la afición llevándole en volandas por la calle Alcalá, camino del Wellington. Allí le esperaron durante horas decenas de aficionados, al grito «¡José Antonio, Morante de la Puebla!» y «¡Torero, torero!». Hasta en tres ocasiones salió al balcón el torero, bendiciendo a sus fieles, besando la bandera de España, agradeciendo el cariño y apoyo, y concluyendo con un «Os quiero». Ataviado con un batín, con la torería que solo él atesora, dejó una imagen para el recuerdo en el Hotel Wellington. El final de una tarde inolvidable e histórica en la Corrida de la Beneficencia, que le consagró como el mejor torero de la Historia. Fernando Adrián cortó una oreja, y Borja Jiménez se fue de vacío sin opciones con el peor lote de la corrida de Juan Pedro Domecq. Un 8 de junio para la Historia de la tauromaquia, y de España.

En los micrófonos de Telemadrid, y visiblemente emocionado, se mostró agradecido y feliz: «La verdad es que han sido muchas las veces que he estado a punto de salir por la puerta grande y siempre por la espada no he salido. Creo que ha sido el mérito a toda una trayectoria. No me gustaría haberme ido del toreo sin salir por la Puerta Grande de Madrid. Todo se puso cuesta arriba. Ni yo mismo veía al toro porque embestía a media altura y era muy brusco, pero bueno dejándole la muleta un poquito retrasadita le pude dar unos cuantos muletazos, sobre todo por el izquierdo que era el complicado». Tras matar a su primer toro, y cortar la primera oreja, aseguró: «La verdad es que se agradece mucho que la gente traiga flores, puros, romero y toda clase de objetos maravillosos. Después cuesta trabajo recogerlos todos, pero se agradece. He podido matarlo bien, que fue lo que me faltó la otra vez. Y eso me ha llenado de orgullo de estar en una profesión tan grande».

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