Morante escribe una nueva página en la Historia del toreo: histórica Puerta Grande en la Corrida de la Beneficencia en Las Ventas

Morante de la Puebla, por fin, salió a hombros por la puerta grande de Las Ventas (Madrid). La recompensa a tanto sufrimiento, a toda una vida entregada al toreo y a una trayectoria única y ejemplar. Morante cortó una oreja a cada toro de su lote, sellando dos faenas destacadas, en las que rugió Madrid, totalmente entregada al torero desde que rompió el paseíllo. Cierto es que la estocada al cuarto cayó baja, y él mismo pidió perdón por ello, pero no es menos cierto que la vida le debía esta puerta grande a Morante. Se desató la locura en una histórica salida a hombros, con la afición llevándole en volandas por la calle Alcalá, camino del Wellington. Allí le esperaron durante horas decenas de aficionados, al grito «¡José Antonio, Morante de la Puebla!» y «¡Torero, torero!». Hasta en tres ocasiones salió al balcón el torero, bendiciendo a sus fieles, besando la bandera de España, agradeciendo el cariño y apoyo, y concluyendo con un «Os quiero». Ataviado con un batín, con la torería que solo él atesora, dejó una imagen para el recuerdo en el Hotel Wellington. El final de una tarde inolvidable e histórica en la Corrida de la Beneficencia, que le consagró como el mejor torero de la Historia. Fernando Adrián cortó una oreja, y Borja Jiménez se fue de vacío sin opciones con el peor lote de la corrida de Juan Pedro Domecq. Un 8 de junio para la Historia de la tauromaquia, y de España.

Tras romperse el paseíllo, la afición de Madrid obligó a saludar a Morante de la Puebla, tras su gran faena en su última tarde en el coso venteño. Rugió la plaza con las primeras verónicas, culminando el saludo por delantales y chicuelinas. Entregado por verónicas en el quite. No desaprovechó Fernando Adrián su quite, por gaoneras. Buen inicio de faena de Morante, con ayudados por alto, varios remates por bajo y el de pecho ligado. Rotundamente y firme fue la primera con la mano derecha, encajado y muy ceñidos los muletazos. La segunda fue algo más atropellada, pero la colocación, el concepto y la conexión con el público fue tremenda. Al natural, cuajó al toro en muletazos ligados, limpios y de gran profundidad. Estocada entera y el toro cayó sin puntilla. El toro, noble por ambos pitones, aunque le faltó un punto más de empuje y transmisión. Oreja con petición de la segunda.

El cuarto toro fue un toro deslucido, de poca fuerza y poca casta. Temían en la plaza que Morante, que no pudo lucirse con el capote, se fuera directo a por la espada. Pero cosas de la vida, acabó poniendo a Madrid en pie por naturales. Tres sensacionales. Profundos. Largos. Hondos. Espectacular. Con la mano derecha, también hubo empaque y torería, pero el toro no transmitió nada. Faena de menos a más de Morante, totalmente por encima del toro. La estocada, entera, se fue baja. Petición mayoritaria, y cortó la oreja que le vale la Puerta Grande. Llegó el día… La recompensa a toda una vida y trayectoria admirable.

Lo quiso torear con cierto gusto y templado Fernando Adrián por verónicas al segundo toro, más justo de presencia. Gran quite de Borja Jiménez, por chicuelinas. Genuflexo inició la faena el madrileño, con el toro embistiendo con cierta codicia y nobleza. Faena de disposición y ligazón aunque falta de limpieza y temple en ciertos momentos. Después de Morante, todo deja que desear y así fue. Tuvo buena condición el deja Juan Pedro Domecq en la muleta, ‘sirviendo’ por ambos pitones. Algún cambiado por la espalda hubo como recurso. Cierre por bernadinas y una estocada tendida y algo trasera que le valió. Oreja.

Voluntarioso con el capote se mostró Fernando Adrián. El quinto toro fue un toro también justo de presencia, pero con movilidad y nobleza. Se echó de rodillas para iniciar la faena, con un cambiado por la espalda y varios muletazos meritorios. Apostó de nuevo por la ligazón Fernando Adrián, en un trasteo lineal y venido a menos, como el toro. Faltó temple y emoción a su labor con la muleta. La espada se fue baja y el toro se echó. Silencio.

El tercero, al que lanceó con firmeza por verónicas Borja Jiménez, tuvo muy poca fuerza y la nobleza no fue suficiente para propiciar el triunfo del sevillano. Alargó demasiado Borja Jiménez un trasteo sin lucimiento, y tras varios pinchazos, se le terminó echando el toro. Fue apuntillado. Silencio tras aviso.

El sexto no dio opciones a Borja Jiménez. Soso, sin entrega y falto de transmisión. Lo intentó sin éxito, y abrevió ante las nulas opciones de triunfo. Silencio.

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