Una tarde para curtir la paciencia: así te hemos contado la corrida de Alcurrucén en Madrid

Plaza de toros de Las Ventas (Madrid) – Feria de San Isidro 2025: 

* Toros de Alcurrucén para Sebastián Castella, Miguel Ángel Perera y Daniel Luque.

El primer toro de la tarde fue protestado por su falta de trapío. El de Alcurrucén no se empleó en los primeros tercios, y además tuvo poca fuerza desde el principio. A pesar de que no fue apenas picado, Castella no encontró opciones de lucimiento en el último tercio. Faena de disposición, pero sin ningún tipo de conexión con los tendidos. Faltó emoción, faltó toro. Muy deslucido y soso el primero. Estocada desprendida. Silencio.

Miguel Ángel Perera no corrió mejor suerte. El segundo toro, con más movilidad y fuerza que el primero, tuvo el defecto de no transmitir nada. Ajustado quite por chicuelinas de Luque. Soso, y falto de raza, Perera se mostró muy por encima del animal, en una labor que solo tuvo una tanda destacable de naturales medianamente logrados, y otra de derechazos, más en corto y en redondo. De nuevo, faltó emoción. Falló con los aceros. Silencio tras aviso.

Al tercer toro lo toreó Daniel Luque con soltura y asentado, por verónicas. El toro, con nobleza y movilidad, mantuvo la misma tónica de la corrida: la falta de raza y transmisión. Un defecto que hizo prácticamente imposible a Luque conectar con los tendidos. Faena correcta, con firmeza, que me sirvió para mostrarse por encima del animal por ambos pitones. El toro tendió siempre a salir con la cara hacia arriba, y eso deslució los muletazos. El arrimón, ni las luquecinas del cierre, le sirvieron para que la faena rompiera. Estocada casi entera, tendida. Ovación con saludos.

El cuarto toro fue devuelto por inválido, y en su lugar salió el primer sobrero, con el hierro de Zacarías Moreno. Un buen toro que embistió con humillación y clase, aunque tuvo el defecto de escarbar y venirse un poco a menos en el tramo final, cuando acortó distancias. Inició Castella la faena con cambiados por la espalda, pero sin terminar luego de redondear la serie al natural. Un preludio de lo que vendría después. Faena larga, intermitente y con altibajos del diestro francés. Alternó algunos muletazos buenos, sometiendo al toro, con otros sin limpieza y faltos de rotundidad. Acortó terrenos, pero tampoco logró que aquello cogiera vuelo, y terminara de romper. El toro por encima del torero por momentos. Adornos innecesarios, a sabiendas de que eran un sinsentido. Estocada baja. Ovación con saludos entre protestas.

Camino de las tres horas de festejo, la desesperación en el tendido se aprecia. El quinto toro resultó descastado, deslucido y la faena de Miguel Ángel Perera no tuvo ni un ápice de emoción. Y por si fuera poco, se atascó con la espada. Silencio tras aviso.

Era evidente, pero había que confirmarlo. Daniel Luque, ni el sexto de Alcurrucén, tampoco consiguieron dejar un mejor sabor de boca a esta terrible tarde para el aficionado. Una faena a menos, con un inicio con ligazón y más ganas que efectividad, sirvió a Luque para volver a justificarse delante de un toro también venido a menos y con el fondo justo. Silencio.

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