El Mene, exigido, debuta en Madrid con una polémica vuelta; Mayalde lidia dos importantes novillos

La segunda novillada de San Isidro pareció apuntar mejores cosas de las que luego se vieron. Tras una primera parte interesante, con detalles por parte de los tres novilleros, en la segunda todo se desinfló. Al cuarto novillo lo masacró en varas el picador, al que deberían de sancionar de manera severa; y el quinto, un novillo de triunfo, se fue al desolladero con las orejas puestas y aún así El Mene decidió perderle el respeto a Madrid con una vergonzosa y protestada vuelta al ruedo. El sexto, al igual que el tercero, no dio demasiadas opciones a un dispuesto Tomás Bastos. Fabio Jiménez dejó muestras de su buen concepto frente al primero; y El Mene, exigido, no tuvo el debut esperado y no aprovechó un buen lote. No obstante, dejó un buen toreo de capa, y dos buenas estocadas. Todo empañado con el feo arrebato. La novillada de Conde de Mayalde ofreció un variado juego, y se le pudo sacar más provecho.

El primer novillo de la tarde, con el hierro de Conde de Mayalde, evidenció poca fuerza desde su paso por el caballo. No se devolvió, y aunque tuvo un fondo de nobleza, el animal hizo imposible bajarle la mano y ligar los muletazos. Una condición que no impidió a Fabio Jiménez mostrar su buen concepto, tanto con el capote como con la muleta. Naturalidad, sentido del temple y un gran mano izquierda con la que esbozo algunos naturales de mucho mérito. No pudo redondear la faena y todo quedo en muletazos sueltos. Se sobrepuso a una cogida en el tramo final de la faena. Pinchazo y estocada caída. Ovación con saludos.

Al cuarto se lo ‘cargó’ literalmente el picador. No hay derecho a que un ganadero críe un toro o un novillo con todo el mimo del mundo, y que una persona, por hacer estrepitosamente mal su trabajo, acabe con su esfuerzo en apenas unos minutos. Como tampoco hay derecho a que los caballos de picar sigan siendo auténticos tanques o muros para toros y novillos. La bronca fue importante hacia el picador, y también hubo gritos contra la cuadra de Equigarce. El novillo se echó en el último tercio, y tuvo que ser apuntillado en un bochornoso final. Nada que hacer por parte de Fabio Jiménez. Pitos.

El segundo novillo fue un novillo encastado, exigente y con mucho interés. Lo toreó El Mene extraordinariamente bien de salida, en un templadísimo saludo por verónicas y chicuelinas. Duelo de quites entre Tomás Bastos por tafalleras, y de nuevo El Mene por chicuelinas. Las medias, de los dos, sensacionales. Gran inicio de El Mene, por bajo, genuflexo, apretando al novillo por bajo pero con gusto y temple. Continuó toreando con la mano derecha, con ligazón, pero sin terminar de acoplarse. Al natural, con buen concepto y queriendo hacer todo despacio, no encontró la regularidad y la faena navegó entre altibajos, y algún desafortunado enganchón. No terminó de poderle al novillo, de gran juego. Buen cierre por bajo. Estocada entera, con un gran volapié, aunque algo contraria. Palmas.

El Mene probablemente se arrepentirá del arrebato de inmadurez que le ha incitado a dar una vergonzosa vuelta al ruedo en Madrid. Dejando pasar otro novillo de triunfo gordo, sin terminar de aprovecharlo ni de poderle, decidió sin apenas aplausos que animaran a saludar una ovación -y sí muchas protestas- a dar una vuelta al ruedo bajo un bronca monumental. Pero torero, los cojones, en el ruedo delante del toro. No después. Después de desaprovechar un lote de puerta grande, en la primera plaza del mundo y en la feria más importante, no puedes cometer semejante falta de respeto a la seriedad y el rigor de la misma. Pero Madrid, para bien o para mal, no olvida. Lamentablemente terminará arrepintiéndose. Lo mejor de la faena una seria tanda de derechazos en el tramo final y una buena estocada. El novillo, con fondo y nobleza por ambos pitones, mereció más. Vuelta al ruedo entre una bronca monumental tras aviso.

El tercero quiso más que pudo, porque no tuvo fuerza y estuvo siempre pendiendo de un hilo. Voluntarioso con el capote, Tomás Bastos planteó una faena de largo metraje, demasiado quizás. Por encima del novillo en todo momento, Bastos se mostró firme, templado al natural y con mucha disposición. Faltó transmisión, y sin emoción, poco hay que hacer. Estocada. Silencio tras aviso.

El sexto fue un novillo, que llegó también al último tercio con poca fuerza y tuvo algunas complicaciones (quedándose a veces corto y resultando incierto, a pesar de la movilidad que mostró). Faena de disposición de Tomás Bastos, que no logró que su labor tuviera eco en los tendidos. Silencio tras aviso. 

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