La feria de San Isidro ha comenzado en Las Ventas de una manera agridulce. La parte positiva fue el llenazo en los tendidos, los reencuentros, la ilusión por lo que comienza un año más… y la negativa, el primer regalo de un palco que cedió a la presión, y terminó concediendo la primera puerta grande a Alejandro Talavante. Dos orejas -la segunda excesiva- le cortó al gran cuarto, al que muchos pidieron incluso la vuelta al ruedo, en una faena templada y lucida, pero sin la rotundidad que merece un premio tan grandioso como debe ser esa puerta grande. Clemente sorprendió y dio una buena imagen, menos con los aceros, en la tarde de su confirmación; y Juan Ortega, al que muchos esperaban con ilusión, se fue de vacío en una tarde gris. La corrida de Victoriano del Río, seria pero desigual, ofreció un juego dispar a excepción del gran cuarto.
Arrancó el paseíllo en la plaza de toros de Las Ventas (Madrid) con un lleno total en los tendidos. El primer toro de Victoriano del Río tuvo un comportamiento complicado desde su salida, embistiendo rebrincado y con las manos por delante en el capote, sin terminar de entregarse en el caballo y con muchas dificultades en el último tercio. Clemente, que confirmó la alternativa, dio una buena imagen a excepción de un desafortunado uso de la espada (con dos bajonazos). Muy meritoria su faena, tragándole mucho al de Victoriano, en series de firmeza y exposición por ambos pitones. El abreplaza tuvo mucho peligro, embistiendo a veces humillado, a veces con la cara alta, pero siempre consciente de lo que se dejaba atrás. Valor de Clemente, que fue prendido violentamente de la chaquetilla en el tramo final. Percance escalofriante, que no le impidió cerrar la faena entre el reconocimiento del público. Perdió un posible trofeo con la espada. Ovación con saludos.
Manseó en los primeros tercios el de Toros de Cortés, que parecía que podía tener más chispa de la que luego tuvo en la muleta. En esta ocasión, las ganas y actitud de Clemente no fueron suficientes. No hubo entendimiento entre toro y torero, y aunque le robó algunos muletazos sueltos de mérito, la faena careció de rotundidad y transmisión. Falló con los aceros. Silencio tras aviso.
Al segundo de la tarde le castigaron en exceso en el caballo, y eso sumado a que tampoco le sobraban las fuerzas, hizo que el toro llegara a la muleta desfondado y sin transmisión alguna. Faena sin lucimiento de Talavante, que no tuvo ninguna opción. Estocada caída. Silencio.
El cuarto toro fue un gran toro de Victoriano del Río. Encastado, noble, con fondo y transmisión por ambos pitones. Sin sobresalir en los primeros tercios, el de Victoriano sacó un gran fondo en la muleta y tuvo mucha importancia. Otro triunfo más de este hierro. Talavante mostró la mejor versión desde su descafeinada reaparición hace ya unos años. Se le vio torear a gusto, disfrutando en la cara del toro, templado, gustándose y gustando… una buena faena, merecedora de una oreja indiscutible tras una buena estocada, pero que tuvo el regalo de una excesiva segunda oreja. Tras un templado trasteo en el inicio, Talavante fue hilando series basadas en el toreo en redondo, con algunos cambios de mano muy templados y logrados (abusando de ellos, quizás), y algunos muletazos de buen trazo y profundidad. Pudo someter más al de Victoriano, pero aún así la faena tuvo momentos de empaque, torería también al natural -a pies juntos- y algunos remates de mucho gusto por bajo. Dos orejas, la segunda, excesiva. Puerta grande. El primer regalo de la feria. Gran ovación al toro en el arrastre.
El tercer toro no le permitió lucirse de salida a Juan Ortega con el capote. Le enganchó y rompió el capote, y se cambió el tercio sin posibilidad de solventar aquello. Pudo resarcirse en la réplica al quite de Talavante, toreando por chicuelinas y dejando una gran media. Parecía que el toro apuntaba mejores cosas pero en la muleta pronto evidenció una sosería y falta de raza que dificultó el lucimiento del sevillano. Tan solo en la primera serie con la mano derecha en los medios hubo cierta conexión entre los tendidos y el ruedo. Templado el sevillano en dos o tres derechazos meritorios. Luego quiso más que pudo. Alargó sin lograr ningún eco. Disposición, sin recompensa. El de Victoriano del Río tuvo nobleza pero le faltó más transmisión y poder. Pinchazo y estocada. Silencio.
Tarde gris para Juan Ortega. Ni con el capote ni con la muleta, frente al quinto. Tampoco le acompañó el toro, de deslucido y desrazado comportamiento. Se atascó con los aceros, entre protestas. Pitos tras aviso. También para el toro.
