Así te hemos contado la triunfal tarde de Morante en Sevilla

Plaza de toros de La Maestranza de Sevilla – 01/05/2025:

* Toros de Domingo Hernández para Morante de la Puebla, Juan Ortega y Pablo Aguado.

Bajo una enorme expectación dio comienzo la denominada “tarde del arte” en La Maestranza de Sevilla: Morante de la Puebla, Juan Ortega y Pablo Aguado en el cartel, con los toros de Domingo Hernández. Recibió Morante al primero de la tarde, por templadas verónicas aunque con el toros saliendo siempre suelto y abanto. Con torería y por chicuelinas lo llevo al caballo, síntoma del compromiso puesto en la tarde. Empujó con la cara abajo el de Domingo Hernández en el primer encuentro con el caballo. Salió flojeando, y Morante lo quiso probar en un vibrante y ceñido quite por verónicas y una gran media empañado por una desafortunada voltereta del animal. Cumplió en el segundo encuentro, antes de un voluntarioso quite por delantales de Juan Ortega (no tan limpio como deseaba). Gran brega de Juan José Domínguez, enseñando la buena condición del toro. Muy suave lo hizo todo Morante en la primera tanda de probatura con la muleta. Lo sacó a los medios, acertadamente, y le robó una primera tanda de menos a más con la mano derecha. Ligada, limpia y con empaque. Cambió de mano, y al natural, quiso más que pudo porque el toro resultó más tardo y le costó mucho siempre ir largo. Esa falta de fuerza y de poder del toro privó a Morante de redondear la faena, pero en la corta distancia, volvió a reivindicarse con la mano derecha, con algún adorno ‘a la antigua’ y mostrándose por encima del toro. Tras coger la espada, le recetó una tanda de naturales a pies juntos sensacional. Falló con los aceros. Ovación con saludos tras aviso.

Más de media docena de verónicas le recetó Juan Ortega al segundo de la tarde. No fue fácil meterlo en el capote al de Domingo Hernández, y con insistencia, el sevillano logró sacárselo a los medios con lucidas y templadas verónicas. Toro muy incierto e irregular desde su salida, que no se entregó en el caballo y dio una voltereta a Jorge Fuentes, que pasó a la enfermería. Buen quite de nuevo de Ortega por verónicas y dos grandes medias. El inicio fue muy acertado y torero, genuflexo por momentos, por bajo, con varios remates sensacionales y el toro moviéndose mucho. Lo sacó al tercio, y trató de ir metiéndolo en la muleta, primero con la mano derecha, luego al natural. Fueron tandas, esas dos primeras, de más disposición que lucimiento. El toro mantuvo ese comportamiento incierto, complicado, sin ir ninguna entregado. Insistió Ortega al natural, en muletazos de uno en uno, pero sin lograr tener eco en los tendidos. Cerró con la mano derecha, exponiendo mucho y librando siempre la cornada porque el toro reponía y buscaba al final de los muletazos. Esfuerzo del sevillano. Estocada. Ovación.

Abanto, suelto y sin ninguna humillación salió el tercer toro de la tarde. Fue imposible pararlo y torearlo con el capote, y en el caballo manseó y no se empleó. A pesar de las nulas esperanzas del público en que embistiera el animal, Pablo Aguado sorprendió a todos con una primera serie genuflexo, de gran mérito. Logró fijar más al toro y tuvo mucha importancia ese inicio. Continuó toreando con la mano derecha, pero el toro lo puso siempre muy difícil. Disposición del torero sevillano, aguantando algunas miradas, tragándole, y robándole algunos muletazos logrados. Pero lo más importante de la faena llegó al natural. Con la mano izquierda, Aguado dibujó un puñado de naturales de muchísimo mérito, gusto y valor. Los remates en el final de faena fueron sensacionales. Lo llegó a torear muy despacio por momentos, a pesar de la nula entrega del toro y su inexistente transmisión. Todo lo puso y lo hizo el torero. Cierre muy torero por ayudados, molinetes y remates de gran temple. Muy importante la faena de Aguado, que supo ver opciones donde nadie las veía. Difícil estar mejor con un toro así. Perdió la oreja con el mal uso de la espada. Ovación con saludos.

No habrá otro torero como Morante. El saludo del torero de La Puebla al cuarto toro de la tarde quedará en la retina y mente de todos los allí presentes. A una mano. En torero. Inspirado. Con sabor añejo. Siempre inspirado en la tauromaquia pasada. Siempre queriendo resucitar aportaciones del pasado. El saludo fue extraordinario. Cambiándose el capote de una mano a otra. Pasándoselo muy cerca. Rematando con un molinete, y un pase de pecho con el mismo capote. La plaza, convertida en un auténtico manicomio, puesta en pie. Sonó la música. No fue el toro un toro fácil, al revés, fue un toro de los que te hacen pisar terrenos comprometidos para hacerles romper hacia adelante. Y si hay un torero capaz de hacerlo, de tragar, de cuajarse el tipo con un valor fuera de lo normal, ese es Morante de la Puebla. Y la faena al cuarto toro fue una obra de convicción del propio torero. De creer, de creérselo, y de saber transmitirlo. Tras un inicio con torería por ayudados, Morante se lo sacó a los medios. Y allí, aunque luego volvería al tercio para cerrar la faena, fue donde se desarrolló todo. No hicieron falta muchas tandas para poner a la plaza en pie. Lo toreó con la diestra, con empaque, con firmeza. Al natural, con gusto y largura. Pero el toro protestaba, desluciendo a veces la labor del torero de La Puebla. Hasta que en el final de faena, en un arrebato de valor y compromiso, le cuajó una tanda soberbia con la mano derecha. Rugió La Maestranza en una tanda extraordinaria. Difícil torear mejor, y pasárselo más cerca. Y tragándole mucho, siempre. Se jugó la vida en la suerte suprema, y estuvo a punto de ser cogido. Estocada casi entera efectiva. Dos orejas. Emocionado el torero, después de tanto sufrimiento detrás. La plaza coreó su nombre en la vuelta al ruedo, hubo gritos de “torero, torero”… la vida hoy fue justa. Y el toro también.

Ya es casi una tradición… volvió a sonarle la música en Sevilla a Juan Ortega tras un soberbio saludo por verónicas. Qué manera de torear con el capote, de ralentizar las embestidas con los vuelos… y qué difícil facilidad para torear tan sumamente despacio. Tremendo. Extraordinario fue también el quite por chicuelinas, el suyo y el de Aguado. Había esperanzas de que el toro pudiera servir, y motivo de ello fue el brindis al público de Ortega. Buen inicio por ayudados en el tercio, con torería y un remate extraordinario. Pero en cuanto se puso a torear con la mano derecha, el toro mostró una falta de empuje, casta y entrega que hizo diluir todas las esperanzas. Disposición del sevillano, también al natural, pero aquello fue imposible. Ovación con saludos.

El sexto fue un toro deslucido desde su salida. Impidió a Pablo Aguado lucirse con el capote, y tampoco le posibilitó el triunfo con la muleta. Brilló con los palos Iván García antes de que Aguado comenzara la faena. Disposición y esfuerzo del sevillano por ambos pitones, tragando miradas, y abreviando acertadamente. Ovación con saludos.

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