“Tardes de Soledad” es un éxito rotundo. Más allá de las opiniones de unos u otros, la película de Albert Serra, premiado recientemente con el Premio Nacional de Tauromaquia, es una obra cinematográfica única. Y en un mundo en el que falta personalidad y valentía, esta película es como encontrar agua en un desierto. “Tardes de Soledad” transciende a taurinos y antitaurinos. Es una obra que va más allá de los gustos personales de cada uno. Es una película rompedora. Sin tabúes. Es una película que no deja -ni dejará- a nadie indiferente, y ese, también es otro éxito de Serra.
Un servidor no es experto en cine, ni siquiera un aficionado o amante de la gran pantalla. Pero la película tiene un poder auditivo y visual impresionante. El sonido impacta, tensiona, emociona… las respiraciones, de toro y torero, las voces de las cuadrillas -siempre tan serviciales con su ‘jefe’, aportando incluso humor entre tanta tensión-, los olés y protestas de un público que nunca aparece en pantalla, las confesiones del torero en medio y después de las faenas, la angustia en medio de una cogida, el miedo a la muerte, y el desafío a la vida cada tarde. Todo ello también reflejado en un planteamiento visual atrevido. Con planos nunca antes vistos en la realización taurina tradicional. De ahí la incomprensión de muchos aficionados del planteamiento de Serra: quien espere ver y disfrutar de las faenas, como aficionado, que se olvide. Esa no es la intención, y se debe aceptar como tal.
Esta película no persigue mostrar la técnica del toreo, ni tampoco si el torero, en este caso Roca Rey, está bien o mal con un toro. Tampoco busca mostrar cuál es el comportamiento de este último. La película busca transmitir lo que se está viviendo sobre el ruedo, desde la perspectiva más íntima y personal del torero (a través de las miradas, los silencios, el antes y el después de cada tarde, la tensión en cada lance o muletazo…): su heroísmo, sobreponiéndose con arrojo y valor a cada percance, incluido el terrible suceso de Santander, en el que la vida del torero pendió de un hilo (y la película así lo refleja acertadamente) y su soledad -de ahí el sentido del título elegido-, porque a la hora de la verdad, el torero está solo frente a esa bestia de 500 kilos que busca vencerlo. Y es por ello por lo que la figura del diestro peruano sale reforzada. No respecto al mundo del toro, que ya le conoce, y dentro del cual cada uno tiene su opinión sobre su toreo; sino hacia el exterior. Esta película refuerza la figura de Roca Rey y del Torero, en general, como el último y único héroe en el siglo XXI en nuestra sociedad.
No hace falta decir el orgullo que deberíamos sentir todos los aficionados a los toros por el simple hecho de que una película que engrandece la tauromaquia se pueda ver en los cines de toda España. Esa ya es una gran victoria que deberíamos celebrar y agradecer. Solo ver rabiar a los antitaurinos por ello es sinónimo de que las cosas se han hecho bien, y de que la película merece la pena. Si tienen oportunidad, véanla. Pero disfrútenla desde otra perspectiva. No lleven ya el pañuelo verde y las palmas de tanto preparadas desde casa… si no, se irán contrariados y decepcionados.
