Con un emotivo minuto de silencio en recuerdo de uno de los socios de la Asociación “Toro Enmaromado Yuncos” recientemente fallecido dio comienzo la mañana en la localidad toledana. “Infantado” (n°63), perteneciente a la ganadería de Antonio López Gibaja, salió del cajón con mucha fuerza, imponiendo respeto y barriendo las tablas antes de poner rumbo hacia las calles de Yuncos. A su salida, en el primer giro, sorprendió a varios aficionados metiéndose en el pequeño descampado, y generando los primeros momentos de peligro. Afortunadamente, le sacaron rápidamente de nuevo hacia la calle, y tras un pequeño parón, arrancó de nuevo a buen ritmo. Tras esa primera “subida”, el de López Gibaja tuvo la mala suerte de “engancharse” con un coche, un banco, una farola… el banco acabó roto por el genio y la fuerza del animal, que en esos primeros minutos mostró un fondo de bravura, haciendo hilo a corredores y aficionados. Sabiendo siempre lo que se dejaba atrás. Metiéndose incluso en alguna calle secundaria, en busca de sus “presas”. Impuso respeto y generó miedo el astado tras su salida. Una salida espectacular. Y un interés que mantuvo durante toda su suelta.
Tras esos minutos de mayor desgaste, el de López Gibaja continuó avanzando y recorriendo las calles de Yuncos, comenzando a detenerse con cierta frecuencia, consciente de que atrás tenía gente. Hoy nadie pudo confiarse, porque “Infantado” era de esos toros que no perdonan ni un desliz. Sus arrancadas regalaron estampas bellísimas, y pusieron en algunos aprietos a los maromeros, que un día más se vieron obligados a hacer un gran esfuerzo para que todo saliera como salió: de manera ejemplar. Siempre a favor del toro. Dándole sus tiempos y espacios. A diferencia de otros toros, tras su paso por la zona de las escuelas, el de López Gibaja continuó sacando una versión más reservada. Con menos movilidad. Pero no porque se hubiera venido abajo. El fondo lo tenía, y lo sacó en una última arrancada -tras cantarle y bailarle como es tradición- por la zona de las talanqueras que le permitió llegar a la plaza del tirón. Una fuerte ovación le recibió tras pisar de nuevo el albero, y tras cortarle la maroma, “Infantado” regaló un par de arrancadas espectaculares. La confirmación de ese fondo de bravura. Tras más de una hora y veinte de suelta, el toro de López Gibaja fue enchiquerado, dando por concluida su suelta. Gloria a los toros bravos. Que también tienen su lidia y sus teclas.
