“Chaparrito”, el toro enmaromado de El Montecillo completa el recorrido en Yuncos tras una suelta exigente con un final complicado

La localidad de Yuncos (Toledo) celebró esta tarde la suelta del primer toro enmaromado de sus fiestas patronales en 2024. “Chaparrito”, herrado con el número 47 y perteneciente a la ganadería de El Montecillo, llenó la plaza de toros y el municipio hasta la bandera. De hecho, a su regreso a la plaza, numerosos aficionados se quedaron sin poder entrar debido a la ausencia de asientos. ¡Increíble el ambiente! Tanto en la plaza como en las calles. 

Con puntualidad, a las siete en punto de la tarde, “Chaparrito” salió del cajón colocado en el ruedo de la plaza de Yuncos. Salió con fuerza, explosividad, y barriendo las tablas. Un par de minutos después salía de la plaza con fuerza y con un ritmo constante, hasta el primer parque, donde hizo hilo a varias personas y terminó golpeando -y rompiendo- un banco. Como consecuencia de ello, el toro se frenó durante unos minutos, tan solo haciendo caso a los capotes y, eso sí, dando un respiro a los maromeros y corredores. En cuanto los maromeros consiguieron que volviera al centro de la calle, y viendo ya luz y hueco, el de El Montecillo volvió a apretar, mostrando buen ritmo y llegando al cruce que atraviesa la calle principal del municipio casi sin detenerse

A partir de ahí, se complicó la suelta y las dificultades fueron cada vez mayores. En la larga recta hacia las escuelas, con varios descampados en los laterales, el toro comenzó a echar el freno. Tampoco ayudó algún inconsciente llamando la atención del toro desde esos descampados, y provocando que el toro buscara a veces la salida. Con mucho esfuerzo, paciencia, la ayuda de los capotes y un muy buen trato -y coordinación- de los maromeros, lograron que el toro llegara a las escuelas. Un punto del recorrido que muchos lo señalan como “clave”. Porque a partir de ese momento, se inicia una bajada casi hasta el final de la calle Real y los toros aprovechan esa inercia para imponer una gran velocidad a la carrera. Así fue.

Sin terminar de romper en la carrera, el de El Montecillo sí mantuvo un ritmo constante hasta casi el final de la bajada, donde se le paró, se le cantó, se bailó y se le aplaudió, rindiendo honores y mostrando respeto hacia el animal. Un parón que marcó un antes y un después porque al toro le costó mucho avanzar. Tanto que llegó a echarse hasta en dos ocasiones en el cruce antes del tramo del encierro. Afortunadamente, el buen trato de todos los allí presentes, refrescando al animal, ayudó a que finalmente el toro alcanzara la plaza. Allí también se llegó a echar, pero tras más de una hora de suelta, y después de levantarlo, el toro entró a los corrales entre aplausos y una gran ovación. 

El toro, muy serio y bien presentado, terminó desfondado y no lo puso nada fácil. Además, fue un toro algo incierto y reservón. A pesar de ello, dio importancia a todo el que se puso delante y logró, con mucho esfuerzo por parte de todos, completar el recorrido. Otro éxito para Yuncos. 

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