Sí, eso es lo querría el establishment taurino, incluida la prensa oficialista taurina que hoy se raja las vestiduras porque ayer, en una plaza de máxima importancia, el presidente se puso serio y negó una puerta grande a Roca Rey con una estocada baja. Repetimos, con una estocada cuya colocación resultó defectuosa. Pero a los taurinos la suerte suprema tampoco les importa ya. Ni el tercio de varas. Ni la integridad de los toros. Solo les importan los triunfos, al precio que sea. Pase lo que pase. A toda costa. Y a quien lo niegue o se interponga en el camino, lo crucifican mediáticamente. Así ha sucedido con Matías, el presidente de la plaza de toros de Bilbao, que a esta hora sigue sufriendo un acoso y una presión mediática inaudita. ¿Preparando el terreno para esta tarde? ¿Se está buscando amedrentar al presidente para que hoy, en la segunda tarde de Roca en Bilbao, ‘enmiende’ su decisión de ayer?
Ayer, el portal oficialista por excelencia del sistema taurino publicó un artículo crítico -con el rigor y la exigencia- que irónicamente hablaba de que pronto se exigiría cortar tres orejas a un mismo toro para salir a hombros en Vista Alegre. Hoy, habla del triunfalismo como la única solución para recuperar Bilbao. Pero nadie habla del toro, del verdadero proragonista de esto. O de la monotonía en muchos de los carteles. Ni una crítica tampoco a la empresa, responsable de la actual situación de la plaza, que presentó la feria tan solo unas semanas atrás. Nadie habla de la afición… pero de qué afición van a hablar, si ellos mismos -todo el sistema taurino- son los culpables de su desaparición.
Bilbao resurgirá o no, pero lo que está claro es que no lo hará a lomos de un triunfalismo barato y artificial. Y menos sobre una Fiesta en la que el toro tiene un papel secundario. Pónganse a trabajar seriamente, y dejen de culpar a quien no tiene la culpa de nada: el aficionado. Si algo necesita Bilbao, y otras muchas plazas, además de una empresa seria y responsable, es afición. Necesitamos aficionados.
