La Corrida de la Beneficencia en Las Ventas, tras la ausencia de Morante de la Puebla, quedó en un descafeinado mano a mano entre Sebastián Castella y Fernando Adrián. A pesar de ello, el lleno ya estaba asegurado y el ciclo continuado de San Isidro finalizó con un gran ambiente en los tendidos. La corrida de Garcigrande y el remiendo de El Pilar estuvo justa de presentación, y a excepción del noble primero y el gran sexto, resultó inválida por su poca fuerza. No obstante, ese gran toro lidiado en sexto toro permitió a Fernando Adrián abrir su tercera puerta grande consecutiva en el coso venteño, aunque cuestionada por el fallo con la espada en su segundo toro. Oreja -la primera también de poco peso- y oreja, que le sirvió para dar otro golpe en la mesa. La faena al sexto, con un toro bravo y encastado, tuvo mérito y muletazos de importancia, especialmente el cierre genuflexo por bajo. Sebastián Castella no aprovechó las nobles embestidas del primero, y los otros dos toros, inválidos, no le dieron opciones.
El primer toro de Garcigrande fue un buen ejemplar. Tuvo poca fuerza y apenas fue picado, pero tuvo muy buena condición. De salida, Castella dejó un templado saludo por verónicas. No desaprovecharon tampoco el turno de quites, logrando mayor lucimiento Fernando Adrián. Largo y con un buen final, el de Castella. El inicio de faena en el tercio pareció apuntar alto, con muletazos templados y con limpieza. Pero la faena careció de rotundidad, la que merecía y pedía un toro enclasado, con nobleza y profundidad. Hubo muletazos sueltos destacables, pero sin redondear el conjunto. Faena de más a menos, con el toro más apagado también en el tramo final. Falló con los aceros. Ovación con saludos tras aviso.
El tercero de El Pilar resultó deslucido y, aunque tuvo movilidad, no transmitió ni dio opciones a Sebastián Castella. En banderillas sobresalió José Chacón, que saludó una merecida ovación tras un último gran par. Disposición de Castella en una faena sin lucimiento. Estocada tras pinchazo. Silencio.
Lo de que no hay quinto malo, hoy tampoco sirvió. El quinto toro apenas se mantenía en pie, y varios gestos de Sebastián Castella al tendido al inicio de la faena pusieron a parte del público en contra. Alargó demasiado sin ningún tipo de opción, ni lucimiento. Silencio.
De rodillas recibió Fernando Adrián al segundo de la tarde. Un toro, también justo de fuerza -incluso más que el anterior- y que apenas fue picado. Se derrumbó en los primeros compases de la faena, y Fernando Adrián optó por ir acortando distancias. Faena de arrimón, firmeza y valor, con un toro noble que no transmitió nada. Muy por encima del toro. Final por bernadinas. Buena estocada. Oreja.
El inválido cuarto debió ser devuelto a los corrales, pero el presidente no lo devolvió. Como era de esperar, en la primera tanda perdió las manos el de Garcigrande, y la faena de Fernando Adrián se desarrolló entre protestas y una bronca constante al palco. Sin ningún tipo de opción el toro, pitado en el arrastre. Silencio.
El sexto toro fue un gran toro. Bravo, encastado y con calidad, permitió a Fernando Adrián cuajar una notable faena, que inició de rodillas con cambiados por la espalda, y tragando mucho también en un puñado de derechazos meritorios de hinojos. Firmeza y actitud del torero, que supo ligar y poder las exigentes embestidas del toro de Garcigrande. El final, por bajo y genuflexo, fue extraordinario. Bajonazo, y estocada. Oreja que le permitió abrir la Puerta Grande. Su tercera consecutiva, aunque la suerte suprema puso en dudo el merecimiento de la misma. Gran ovación al toro de Garcigrande en el arrastre.

