Lo de ayer bien merece un cambio urgente de reglamento

Imagen: Plaza 1

Lo que estamos viviendo desde ayer por la tarde es un auténtico esperpento que roza lo grotesto y lo ridículo. Leo con incredulidad y con cierto asombro en la prensa (aunque debo de reconocer que en el fondo, tampoco me sorprende en demasía), que ayer «Roca Rey ganó la batalla al tendido 7». Uno tras otro, como si de la televisión del régimen se tratara, los medios de comunicación -salvo excepciones honrosas- han tratado de imponer este relato en la opinión pública. Han querido retratar ese chulesco gesto del torero peruano como una hazaña heroica y casi histórica. Han querido aplastar a la ‘minoría’, con el vacío argumento de las ‘mayorías’, y han llevado lo ocurrido hasta dónde querían: justificar su mediocre paso por Madrid en lo que va de año, vistiéndole de víctima y al aficionado de victimario.

Pero es que además, del toro que es el verdadero protagonista de la Fiesta y de la tauromaquia, prácticamente se han olvidado. Tras leerles, se intuye (normal) que Roca Rey no «ganó» la batalla a sus dos toros, sino que «ganó al Tendido 7», que es a quién quieren destruir. Es lo que desearía el sistema y todo lo que él incluye y abarca. Pero sus deseos están más que alejados de la realidad. Ayer el Tendido 7 y el aficionado de Madrid no ganó, ni perdió, porque el aficionado no va a ganar o a perder a la plaza. Pero la plaza, la plaza número uno del mundo, sí perdió un poco más -si cabe, después de los últimos tiempos- de prestigio, de seriedad y de rigor. Y por eso, el aficionado de Madrid se fue tocado a su casa. Porque por encima de nombres, de toreros, de ganaderías… Está su plaza. A la que son fieles cada año, a la que defienden y respetan por encima de todo. Para otros, la plaza es lo de menos. Y el toro un mero juguete. Ya lo sabemos. Porque para ellos lo único importante es jalear, beber, aplaudir e intentar censurar a quien muestra algo de disconformidad con lo que ocurre en el ruedo.

Algunos podrán pensar que el presidente negando esa Puerta Grande en el sexto toro, mantuvo el rigor de Madrid. Pero la realidad es que el rigor de la plaza de toros de Las Ventas ya no lo protege, ni garantiza el actual Reglamento. Que una Puerta Grande en Madrid, en Las Ventas, pueda concederse cortando una oreja a cada toro de un lote no tiene, actualmente, ningún tipo de sentido ni lógica, si se quiere mantener un mínimo de dignidad y valor a tal preciado premio. En otros tiempos valdría, y el Reglamento sería efectivo. Pero hoy, en el momento actual, con el público actual, y con el nivel actual de los palcos, esa norma es perjudicial. Salir a hombros de Madrid debe requerir cortar dos orejas a un mismo toro. En una misma faena. Tiene que ser algo excepcional. Como sucede en Bilbao, por añadir un ejemplo, y sin llegar al extremo de las tres orejas que obliga Sevilla para su Puerta del Príncipe.

Soy consciente de que muchos temen que ese hipotético cambio acabe con un festín de «primeras orejas» o incluso con una desvalorización del doble trofeo. Pero por supuesto que, este necesario cambio de reglamento, debe ir acompañado de una reflexión profunda acerca del criterio presidencial. Es estrictamente necesario unificar los criterios, y que todos los presidentes intenten seguir una misma línea, basada como no puede ser de otra manera en el rigor, la seriedad y el prestigio que merece Madrid. Y si no son capaces de ponerse de acuerdo, quizás habría que replantearse si hacen falta tantos, o «mejor pocos, y buenos», para evitar el caos y la incoherencia que se ha apoderado del palco venteño desde hace años.

Me produce incredulidad leer ciertos comentarios, artículos… ¡pidiendo llevar a juicio al presidente de ayer! Por negar esa oreja en el sexto toro. Ya es el colmo. ¿Qué decían esos mismos en otras tardes cuando se han negado orejas a toreros que no pertenecen al establishment, a pesar de contar también con una apreciable mayoría en los tendidos? ¿O cuando se han concedido orejas con una clara -visualmente- minoría de pañuelos? ¿Hablamos de los avisos, y como con algunos toreros se pasan por alto también ciertas normas? ¿Eso no lo denunciamos? ¿A esos presidentes no les llevamos a juicio? Eso también es incumplir el reglamento, señores. Pero les da absolutamente igual. ¿Acaso van a demostrar en un juicio que había «x» número exacto de pañuelos para confirmar esa mayoría? No sigan alargando este bochorno, por favor. Y centrémonos en intentar educar a un público, que no aficionado, que acude a las plazas -bienvenido y necesario- sin saber qué ven, ni qué piden. Eso es lo realmente importante. Lo demás, es vender humo, y solo humo. Desviar la atención, básicamente.

Facebook
Twitter
LinkedIn
Pinterest

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!