San Isidro no rompe. A pesar de triunfos, faenas y toros puntuales destacados, el ciclo isidril continúa navegando entre un mar de altibajos y polémicas. La tarde de hoy fue un fiel ejemplo de ello. Un gran toro, «Pocaprisas»; dos faenas notables de El Juli y los detalles de Morante frente al cuarto, no fueron suficientes para salir de la plaza satisfecho. Aquello dejó un sabor agridulce, porque ni «Pocaprisas» fue cuajado como merecía, ni El Juli mató bien a sus dos toros (lo que le privó del triunfo), ni Morante terminó de tener suerte, un día más, en el sorteo. Lo dicho, San Isidro no rompe, y la tarde de hoy tampoco lo hizo.
Morante se topó con un primer toro infumable, lo que le animó a abreviar como acostumbra cuando no hay nada que hacer, y no se quiere aburrir al respetable. Frente al cuarto, un quite por chicuelinas de El Juli despertó el lado competitivo de Morante, que no dudo en replicarlo entre el rugido venteño. Este gesto demostró que, sin duda, Madrid es más ‘morantista’ que ninguna. Tremendo. Buen quite por verónicas, una gran media y una faena llena de detalles, valor y mérito. Con ayudados por alto, con torería, con muchísimo valor y gusto, así comenzó Morante su faena al cuarto de Alcurrucén. La primera tanda con la mano derecha fue tremendamente importante. Encajado, llevando siempre al toro hacia adentro, roto, en torero. Ligándolo en un palmo de terreno. Con el público metido en la faena, Morante fue sacándole todo lo que tuvo, que no fue mucho. Al natural, hubo muletazos logrados pero de poco lucimiento debido a la falta de transmisión del animal. Volvió a la mano derecha en el tramo final, y dejó buenos detalles. Qué gusto. Qué torero. Saludó una fuerte ovación en el tercio.
La superioridad de El Juli es insultante, y su capacidad para ‘inventarse’ faenas a toros por los que nadie apuesta es admirable. Hoy, cuajó dos faenas notables a dos toros que fueron a más en sus manos, gracias a su buen e inteligente trato. Sin ser un buen lote, El Juli logró que sus faenas fueron de menos a más, con muletazos largos y profundos por ambas manos, además de su buena colocación durante toda la tarde. Sin embargo, volvió a salir a relucir su punto débil: la espada. Con ella perdió el triunfo.
La tarde de Tomás Rufo no fue la mejor que se le recuerda. Después de dejar un buen saludo por verónicas al tercero de la tarde, Rufo no logró estar a la altura del gran «Pocaprisas». El de Alcurrucén que hizo de tercero tuvo buenas embestidas en los capotes, se arrancó con alegría al caballo y en banderillas, y en la muleta fue un torrente de bravura. Bravo, codicioso, entregado, con humillación, transmisión… Un gran toro que regaló grandes embestidas por ambos pitones, y que mereció irse al desolladero desorejado. Sin embargo, y tras un inicio que prometía apuntar alto, la faena pronto se diluyó en tandas en las que faltó más acople, mando y sometimiento. No terminó de cuajar Rufo al de Alcurrucén, a pesar de su buena actitud y disposición. Frente al sexto, cuajó una seria y digna faena, en la que se mostró por encima de un toro venido a menos, parado y deslucido. No fue su mejor tarde, pero Madrid le sigue esperando. Nadie duda de su gran capacidad. Tiempo.

