Morante vivía los últimos años entre el amor y el odio que siempre ha rodeado a su figura. Muchos lo concebían y lo conciben como un personaje raro en el toreo. Unos lo adoran, otros lo odian. Unos lo entienden, otros ni lo intentan. Morante es mucho Morante. El pasado año la pandemia privó al genio de La Puebla de hacer una temporada en homenaje a su admirado y querido José. Joselito ‘El Gallo’, Rey de los Toreros. En el centenario de su fallecimiento en la plaza de toros de Talavera de la Reina, quién iba a imaginar que una pandemia ensuciaría tan señalada fecha. Pero Morante nunca desistió en sus pretensiones. Tenía claro que si alguien tenía que homenajear a José, debía ser él. Nadie mejor que él lo conoce en los tiempos que corren. 2020 no pude ser, pero una tarde de primavera en el barrio madrileño de Carabanchel, Morante decidió tomar un nuevo camino en su carrera. Morante decidío romper con todos los esquemas, incluso con los suyos. Tan «gallista» que aquella tardó arrancó el ya bautizado ‘Año Morante’.

Para que entiendan la dimensión de lo que ha logrado Morante en tan solo unos meses les diré que pocos o nadie se atreve ahora a criticarle. Pocos o nadie se atreve ahora a juzgarle, señalarle o exigirle. Es como si la afición lo hubiera santificado y ahora todos le guardamos fe. Creemos en él. Esperamos expectantes el siguiente giro de timón. En lo que llevamos de temporada, a pesar de las circunstancias que rodean nuestras vidas, Morante ya ha matado corridas de diversos encastes: Domecq, Núñez, Santa Coloma o Atanasio-Lisardo. Y próximamente ya está anunciado con una corrida de Torrestrella en Huelva o la encerrona con seis toros de Prieto de la Cal en el Puerto de Santa María. ¡Tela! Pues lo que podría estar por venir no se queda atrás. Ya se habla de una corrida de Galache en Salamanca, una de Ana Romero en Calatayud y otra de Alcurrucén para su vuelta a Las Ventas en Otoño. No hay duda, 2021 es el ‘Año Morante’.

Morante ya lidera el escalafón de matadores por número de corridas. Torear tanto no es habitual en su carrera, o al menos, en lo referido a la última etapa de la misma. ¿Qué ha motivado este cambio? ¿Realmente es un simple homenaje a José? Hay muchas opiniones y teorías, la de un servidor se sustenta en lo sucedido una tarde de abril a orillas del Guadalquivir. Pablo Aguado reventaba Sevilla y salía por la Puerta del Príncipe con Morante de compañero de terna. Aquella tarde se vio a Morante sentirse en peligro. El de La Puebla vio peligrar su etiqueta de «torero de Sevilla» y, además, fue consciente de que los de abajo venían arreando con un concepto similar al suyo. Había partido, que dirían los futboleros. Esa tarde Morante despertó y, aunque perdió ese partido de ida, la vuelta la está ganando con creces. Nadie pisa a Morante este año. No hay tarde en la que toreé Morante que la gente no salga hablando de él. De su capote, de su entrega, de su inspiración. A Morante ahora le vale cualquier toro. Ya no tira por la vía fácil. Por eso ahora Morante es el que manda. Y los de detrás, le siguen.

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