* Entrevista vía: Carlos De San Lázaro Campos


Jesús Martínez Barrios «Morenito De Aranda» nace en la localidad de Aranda del Duero, en Burgos, un 10 de Noviembre de 1985. Pertenece a una familia aficionada a los toros. Ya antes de los nueve años, cuando entró en la Escuela Taurina de Aranda , mostraba interés por hacerse torero. Al principio la novedad sentó bien a su familia, pero fue pasando el tiempo y ya cuando se lo iba tomando más en serio ya no les gustó mucho la idea, sobre todo a su madre, llegándola a decir «si no me dejas ser torero me voy de casa». De la mano del maestro Regino Ortés y el aficionado Lorenzo aprendió las primeras lecciones en el arte de torear.

Tomó la alternativa en Valladolid en Mayo de 2005 cortando dos orejas en una corrida de José Luis Marca. Su momento cumbre lo obtuvo gracias a su faena al toro «Frutero» de la ganadería de Montealto al que desorejó consiguiendo el sueño de todo torero, salir por la Puerta Grande de Las Ventas. Se ha convertido en un diestro querido por la afición venteña que ha sabido con poso y clase ganarse la oportunidad. En la presente campaña ha toreado dos tardes. La última, en Fuengirola, obtuvo un éxito arrollador cortando tres orejas.

En estos dos últimos años viene realizando una carrera modesta con más de una tarde de gloria que lo mantiene en alza. Todas las esperanzas están depositadas en él para la próxima temporada, si la pandemia nos lo permite.

P. Quince años de alternativa da mucho para pensar y madurar sobre su futuro. Si hacemos un recorrido por estos años, ¿con qué momentos se queda?

R. Pues sí, quince años de alternativa dan para mucho. No sólo son quince años, tengo treinta y cinco y bueno, casi desde que tengo uso de razón estoy en el toreo y sólo pensando en cómo evolucionar como torero. En todos estos años, gracias a Dios, hay muchas cosas buenas para quedarse. Para resumir,  me quedo con la tarde de la Puerta Grande en Madrid y con un acontecimiento muy especial que fueron esos seis toros de Adolfo Martín en Burgos. Marcó un antes y después en mi carrera.

P. ¿Qué recuerda de su confirmación en la plaza de México en diciembre de 2009?

R. Mi recuerdo es precioso, la verdad, han sido experiencias muy bonitas cada vez que he viajado a América. Mi confirmación no fue un día fácil porque fue una corrida de ocho toros y desde el primero hasta el último se me hizo un poco largo. Luego, aunque con el primer toro tuve una actuación muy importante, con el segundo protestó el público de salida, tiraron incluso almohadillas por la presentación del toro, pero luego me pude centrar en lo que estaba haciendo delante del toro y logré momentos muy intensos aunque no llegase a calar mucho en el público. Para mi me sirvieron de mucho ya que repetí el domingo siguiente con una corrida de encaste Domecq, Santa María de Xalpa. Corté ese día una oreja a mi primero y al segundo pinché una gran faena a ese toro al que le hubiera cortado las dos. La faena sí que cuajó sensación. Es una tierra preciosa donde se vive el toreo con mucha pasión y sí que me gustaría volver para disfrutar de su afición.

P. Este pasado verano en Ávila cuajó una faena de artista con el toro «Mario». Silencio y oreja fue el resultado de la tarde. Al término del festejo, ¿con qué sensación se quedó? ¿Pudo dar más o considera que la entrega fue total y el fallo se debe sólo a la espada?

R. La de Ávila fue una corrida muy seria de Adolfo Martín. Con mi primer toro, que yo creo que fue el toro que dio menos opciones de la corrida porque era un toro parado, orientadito, que no me lo puso fácil, quise pero sin poder sacar muchos resultados. El segundo era un toro muy serio con la cara muy abierta. No era un toro cómodo que entrara bien a la muleta pero me «metí dentro del toro» para intentar aprovechar sus buenas intenciones. Tenía nobleza y a veces se tropezaba con las palas de sus pitones, porque no cabía, pero fue una faena muy torera de poso y buen toreo. Le pinché una vez y creo que por eso el público se enfrió un poquito. Al final le corté una oreja con fuerza. La faena la valoró mucho el aficionado y me sirvió moralmente.

P. En la corrida de Estepona cuajó dos importantes faenas, cortando hasta tres apéndices. 

R. La segunda tarde fue la de Estepona. Una tarde con toros de La Quinta, mano a mano con Emilio de Justo, que es un torero que está en un momento muy bonito de su carrera y de su vida. Fue una tarde muy importante para mí. Mi primer toro fue noble pero digamos que le faltó raza. Creo que estuve a un buen nivel y lo maté bien. Corté una oreja pero no tuve la sensación de haber hecho mi toreo, de haberme quedado a gusto. Mi segundo toro fue un toro exigente, que aunque no puso las cosas fáciles me dejó torear. Ese toro me dio mucho porque había que estar seguro y firme con él, logré una faena importante y la sensación fue muy buena.

P. Ese «mano a mano» frente a Emilio de Justo. ¿Qué se le pasó por la cabeza cuando recibiste una llamada de tal responsabilidad?

R. Tengo que agradecer mucho a Emilio ya que me elijo de compañero para ese cartel. Me llamó y luego a través de la Fundación, Cristina Sánchez y el maestro El Fundi, me incluyeron en la corrida a petición de Emilio. Eso me agradó mucho. No he parado. Mi cabeza está puesta en el toro, en el toreo y me llenó de responsabilidad estar en una corrida así que sabía que tendría mucha repercusión.

P. ¿Cómo es Morenito de Aranda hoy día, con la experiencia y madurez que atesora en su toreo? ¿Qué logros considera alcanzados, y qué cree con humildad que debe pulir aún?

R. Yo creo que Morenito de Aranda es un torero que quiere hacer las cosas con buen gusto por la profesión. En todos estos años he aprendido el oficio bueno que esta profesión te puede ir enseñando, que no es fácil el aprender. Luego a parte cosas innatas que uno pueda tener. Disfruto toreando con gusto, hacer las cosas despacio, es lo que yo entiendo como «ser torero». Por supuesto me quedan muchas cosas para dar de mí, como una mayor regularidad, una capacidad para ir madurando mi lucha interior y sobre todo con la espada, que considero mi debilidad en mi carrera. Últimamente voy confiando más en mí en esa suerte.

P. ¿Cómo le gustaría que le recuerden los aficionados cuando llegue el adiós a los ruedos? ¿Y a la hora de torear, qué cree que llama la atención del aficionado que hace colas por ir a verle a la plaza?

R. Creo que hasta ahora he sido un torero muy del aficionado y creo que seguiré siéndolo. Soy un torero que en Madrid he calado mucho en el corazón de los aficionados, por su forma de entender ellos el toreo, y me gustaría que me recordasen así.

P. ¿Qué recuerda de su primera aparición como novillero en Las Ventas y en La Real Maestranza de Sevilla en el año 2004?

R. Mi presentación en Madrid fue muy discreta, tan discreta que no llegué a torear porque se suspendió, pero el miedo que pasé antes lo pasé igual. No fue fácil pasar ese trance, porque es una plaza a la que tengo mucho respeto y admiro mucho a sus aficionados. Al día siguiente de finalizar San Isidro, el 6 de Junio, fue cuando entré en el corazón del aficionado de Madrid, aquello fue una tarde importante. Mi presentación en Sevilla fue con una novillada de Gabriel Rojas, un día duro de vivir ya que mi compañero Curro Sierra resultó cogido grave y la tarde estuvo marcada por ese percance. Yo estuve bien, pero aquello (la cornada a Curro Sierra ) se grabó para siempre.

P. ¿Cómo fue su etapa con caballos, qué lecciones aprendió y qué destaca como logro importante?

R. Fue una trayectoria muy importante. Llegando a ser en ese momento de los novilleros más  importantes de mi hornada, conseguí logros importantes; torear en todas las plazas de importancia y categoría como Madrid, Sevilla, Bilbao, Bayona, Arles, Dax, Nimes… En 2003 me llevé el premio «cossío» al mejor novillero de  la  temporada. Fue una etapa muy fructífera que recuerdo con mucha ilusión.

P. Alternativa en Valladolid y confirmación en Las Ventas. Dos momentos clave en su carrera profesional. ¿Qué recuerda de aquellas dos tardes, por un momento y haciendo memoria?

R. Mi alternativa en Valladolid fue una alternativa que cambió muchas veces de cartel. Fue un día muy importante con Salvador Vega de padrino, que en ese momento era uno de los  toreros con más ambiente del escalafón, y José María Manzanares. Los tres a hombros junto al ganadero José Luis Marca (Q.E.P.D.).

La confirmación sería unos años después con una corrida de San Martín, de nuevo con Salvador Vega y con Luis Bolívar, con el toro «Tenderillo» cuajé una muy buena actuación. Ese año toreé cuatro tardes en Las Ventas.

P. En la Goyesca de Las Ventas cortó dos orejas a un toro de Montealto. Saliste por vez primera a hombros en esa «Catedral del Toreo». Aunque ya ha llovido desde aquel 2 de mayo de 2015, háblenos de aquella faena, de aquel bello recuerdo.

R. Fue una corrida de Montealto. Yo era el más antiguo del cartel, luego era Ángel Teruel y López Simón. Yo maté cuatro toros ese día por percance de Ángel Teruel (maté sus dos toros). Le puse mucha actitud y mucho deseo porque salieran las cosas bien, corté dos orejas a un toro de Agustín y fue una faena cumbre para mí. Hubo petición de oreja para un toro de mi compañero Ángel Teruel.

P. ¿Qué sensación recuerda de su primera vez delante de un becerro?

R. Lo recuerdo como si fuese hoy, mi burbuja interior, mis nervios, mi corazón alterado. Lo recuerdo porque me sigue pasando hoy día en el campo, en la plaza y ojalá que me siga pasando porque será señal de que tengo ilusión y seguridad por estar bien.

P. En este 2020 decidió no tener apoderado para esta temporada. 

R. Bueno, fue una decisión personal de la que no me arrepiento. En 2021 no lo sé, lo mismo tendré o no.

P. Seguro que tiene más de una anécdota. ¿Qué es lo más curioso que le ha pasado en el hotel o en los momentos previos a torear? 

R. Sí, una que me recordaron hace unos días. Recuerdo una en Francia de novillero, hace muchos años yendo a torear  en Saint-Perdon. Nos cambiamos en un hotel que estaba a más de treinta kilómetros de la plaza y pinchamos la furgoneta. Llegué en un clio por la amabilidad de un matrimonio francés que nos acercó a la plaza,  casi al empezar el paseillo y sin cuadrilla ni nada. Ahora lo veo desde la lejanía, fue una locura que se comenta como anécdota, pero ese momento había que vivirlo.

P. Por el momento, ¿cómo está llevando el día a día en cuanto a preparación y proyectos?

R. Mi día a día es de mucha preparación, siempre fui muy disciplinado, aunque hay momentos en los que quizá te puedes descuidar un poco. Hoy día tengo mucha ilusión por disfrutar de la profesión, por ser el mejor, por aprender cosas… Estoy muy a gusto y muy seguro de mi mismo y creo que con esa actitud pueden salir cosas importantes. El estar al lado inculcando cosas a un torero nuevo con una proyección abismal, como es Tomás Rufo, me ayuda mucho.

P. Para concluir, ¿cómo se define, torero de pellizco o de raza? 

R. Hay muchas cosas que luego se buscan, la técnica, el oficio se va aprendiendo. Pero lo que te da Dios en virginidad o en inocencia es lo que marca en tu carrera la condición de torero. Ese pellizco, ese gusto por torear, ese amor propio, esa raza que me ha hecho conseguir logros importantes, que también me ha definido.

* Imagen de portada, vía: @Prensamorenito


 

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