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Peñaranda conquista La Ribera del Tajuña

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  • Crónica e imagen vía: PATRICIA PRUDENCIO

El Certamen de La Ribera del Tajuña ha celebrado la final en Villarejo de Salvanés. Los finalistas, Manuel Perera, David López y Alejandro Peñaranda se midieron a los erales de La Quinta. Tuvieron a su alcance los trofeos pero las espadas no ayudaron demasiado. Los astados estaban justos de fuerza, recorrido y fijeza, la excepción fue el sexto, que recibió una excesiva vuelta al ruedo. Es cierto que acometía con obediencia, repitiendo con humillación y colocando la cara, quizá se lució algo más por el toreo lento y suave de Peñaranda, capaz de parar el tiempo y disfrutar de embestidas templadas. Los espadas, cada uno fiel a su Tauromaquia, dejaron detalles a tener en cuenta. Manuel Perera pecó de faenas precipitadas y atropelladas en las que quiso comprimir demasiados naturales por serie, sin dar sitio ni tiempo a unos astados que se quedaban cortos y encima. A David López le faltó una vuelta más para repetir su primera actuación en el Certamen, claro que esta vez los erales no ayudaban. Tuvo mucho temple, configurando faenas medidas en las que no se excedió, toreando por y para el novillo. Por último, es necesario destacar a Alejandro Peñaranda, quien sería el máximo triunfador del Certamen. La suavidad en capote y muleta, así como su torería convenció al tendido. Se la dejaba muerta y tiraba del eral enlazando con pulcritud y a buen ritmo series con profundidad y determinación .

Manuel Perera recibió de rodillas al primer eral de La Quinta, un astado corto, justo de fuerza y de recorrido, no había que cansarle en la tela. Inició la faena en los medios, esperándole atalonado en la arena, ajustándose al recorrido. Supo llevarlo con media altura, obteniendo embestidas limpias en las que Perera demostró su suavidad y temple. Lo sujetó en toreo medianamente ligado en el que se dejaba llevar, aunque la fuerza se contara a cuentagotas. Le daba tiempo y sitio, sin embargo, las tandas cada vez deslucían más. Se quedaba corto y un tanto abstraído en su salida, por lo que se la dejó puesta para tirar de él y guiarle en un intento de natural con profundidad. El eral tenía lo que tenía, pero el espada no desaprovechó las cualidades. El final del último tercio pecó de precipitado, con naturales demasiado seguidos en los que se lo dejaba encima. Así volvió a recurrir al temple para ejecutar pases en redondo lentos y suaves, pero sin demasiada entrega por parte del astado. En la suerte suprema dejó media estocada acompañada del primer aviso.

El de David López tenía mayor movilidad, era buscón y arremetía recto en el saludo capotero del de Colmenar Viejo. Empezó la faena en el tercio para darle salida hacia los medios y alejarlo de las tablas. Buscaba la inercia pasándoselo en largo, sin excederse en las tandas, estas fueron justas y medidas. Lo citaba por delante y lo llevaba hasta el final, ligando unos naturales con otros al dejársela puesta y jugar con el movimiento de muñeca que le curvaba la embestida y le introducía en un nuevo muletazo. Lo llevó por abajo, sometiéndole y sin dejar que se saliera de la faena. El eral tenía movilidad aunque metiéndose por dentro si no se le marcaba bien el recorrido. En algunos casos el astado salía por arriba con un pequeño cabeceo que deslucía al salir por encima del embroque. La espada hizo guardia, pues quedó lateral. Por lo que repitió suerte, que sería cuando el animal doblara.

El tercero era un eral que entraba con garbo en el capote de Peñaranda, saliendo en largo y al que había que llevar muy seguido. Lo recibió en tablas sin obligarle por abajo dándole una salida cómoda, mientras le sacaba al paso hasta los medios lo llevó en largo, con tandas de menos a más en las que poco a poco lo iba domeñando, acortando distancias y llevándolo por abajo. Aprovechó su inercia natural y los vuelos de la franela para dejárselos puestos y tirar de él. El astado tenía una embestida rectilínea en la que humillaba pero sin terminar de planear en la tela. Pasaba y se dejaba llevar sin deslucir. Peñaranda ajustó la faena sin excederse, dejando muletazos lentos y suaves en los que el animal obedecía pero sin intensidad, algo que se hizo notar en los últimos compases de la faena. En la suerte suprema lo mató con aseo dejando una espada contraria con la que no sería suficiente para que el animal doblara, por lo que tuvo que recurrir al descabello.

Marcaba el ecuador un eral que apretaba hacia tablas y que entraba con genio en la tela de Manuel Perera. Logró templarlo, aunque el animal seguía acalambrado. Empezó la faena por abajo, para seguir con su labor de someterlo, educando su embestida para que aguantara. Seguía la franela a buen ritmo, obediente a los cites del extremeño. Lo buscaba cruzado, para después en el natural entrara con amplitud y profundidad. Sin embargo, le costaba acoplarse en las series, no sería hasta el tercer muletazo cuando ambos lograran bailar al mismo compás. Culminaba con finales muy toreros en los que se dejaba ver su Tauromaquia, la cual se caracterizaba por la suavidad y el desplante. Siempre con la cadera por delante, mostrando el pecho para después seguir su embestida con un movimiento coordinado y lucido. Tanto acortó distancias entre cuerpos que al final el eral lo prendió. En la suerte natural el acero entró trasero al segundo intento y después del primer aviso.

El quinto era un astado vivo que fue directo al callejón. Después se encargaría de frenarlo David López con un saludo de brega en el que intentó educar su embestida por abajo pero sin lucimiento. Pues entraba recto y embistiendo con el pitón contrario. Lo intentó citar desde los medios, pero sería desde la tablas cuando este atendiera, para después sacarlo a los medios. Era buscón y reservado, arrollando y sin prontitud en el cite costaba construir la faena. Tenía una embestida seca en la que repartía derrotes a su paso. Habia que perderle el paso y llevarlo bien metido, sin darle opciones. Recurrió a la mano baja y a los vuelos de muleta para dejársela puesta. Lo llevó ensimismado en la tela, enlazando un muletazo con otro, había movilidad y recorrido, por lo que aprovechó para construir una faena dotada de ligazón a base de mimo y constancia. López lo intentaba mantener alejado de las tablas sin quitarle el pico del morrillo. A pesar de la continuidad, el diestro supo mantener la pulcritud. La estocada quedó ligeramente caída pero suficiente para que el astado doblara.

Peñaranda recibió al último del festejo con una larga cambiada de rodillas para que después enlazará con unos lances amplios y limpios en los que empezaba a calar en los tendidos. Por abajo, templando con suavidad y mucha torería comenzaba la faena. La embestida se componía de pequeños arreones y cabeceos que el espada intentó pulir a base de un toreo lento en el que ralentizaba el ritmo. Siempre por abajo y llevándolo con el pico logró por el pitón izquierdo una tanda ligada y continuada en la que no había tregua. Obedecía, bajaba la cara y la colocaba siguiendo los engaños con garbo. Aprovecho la longitud de su brazo y el giro final de muñeca para llevarlo metido, creando una faena medida en la que el animal seguía respondiendo, con una embestida domeñada. Había faena, a pesar de los ligeros cabeceos del astado, Peñaranda supo entender las condiciones de su adversario. Se tiró a matar con mucha verdad y se lo llevó por delante, sin llegar a prenderlo pero dejándole dolorido.

Villarejo de Salvanés (Madrid). Erales de La Quinta que estaban justos de fuerza, recorrido y fijeza, la excepción fue el sexto, que recibió una excesiva vuelta al ruedo. Manuel Perera: ovación tras aviso y oreja tras aviso; David López: ovación y vuelta al ruedo; Alejandro Peñaranda: oreja y vuelta.

  • Imágenes vía: AYTO VILLAREJO DE SALVANÉS

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