• Crónica e imagen vía: PATRICIA PRUDENCIO

Arganda del Rey ha albergado la cuarta novillada de su Feria Taurina. El cartel de la tarde lo componían Ignacio Olmos, Francisco de Manuel y Fernando Plaza quienes se encargarían de estoquear a los astados de la ganadería de Juan Pedro Domecq. Ha sido una tarde variada en la que los ejemplares fueron de condiciones diversas muy centrados en la muleta pero con pases limitados. Había que llevarlos muy metidos, dejándoles la muleta en el morrillo, pues en los últimos compases iban a menos y se terminaban por rajar, se puede decir que los pases justos eran 25 por faena. Es muy difícil no pasarse, cuando se busca el lucimiento en una plaza como Arganda. Los novillos requerían la media altura, pues con la mano baja perdían las manos, pero cuando se cansaban la embestida empezaba a ser defensiva, como con el primero de la tarde. Había que adaptarse a las características de los animales en el momento concreto de la faena. Ignacio Olmos puede que estuviera mejor ante el primero de su lote, se expresó mejor, solo le sobró la vuelta al ruedo. Francisco de Manuel fue el único que cortó una oreja en la tarde, con faenas rotundas y en las que desprendía desparpajo y soltura ante los astados. Por último, es necesario mencionar a Fernando Plaza, quien logró ralentizar las embestidas en su primero, pues con el sexto la plaza estaba abstraída de la faena.

El primero de Domecq salía rematando en tablas y algo buscón. Lo frenó Ignacio Olmos atándolo en corto y sacándolo a los medios donde le remató. Brindó a la plaza para recibirle de rodillas, le obligaba tanto por abajo que perdía las manos, por lo que había que buscar su salida por alto. Las fuerzas se podían medir, había que sujetarlo y mimarlo. Lo llevó a media altura, dejándole la muleta muerta en el morrillo para citarle y adentrarle en un natural con fondo. Configuró tandas medidas y ligadas en las que el astado fue a menos. Las alturas marcaron su desarrollo, al no poder someterle por abajo, mantuvo la mano a media altura por lo que el novillo empezó a salir con embestidas defensivas. Perdió la prontitud, sin embargo, era un astado manejable que se dejaba llevar a pesar se los cabeceos. Atendía en la muleta pero sin mayor repercusión. En la suerte suprema dejó un bajonazo efectivo con el que el animal dobló.

El segundo ejemplar de la tarde le correspondía en suertes a Francisco de Manuel, quien con vistas y oficio enceló a un astado que apretaba hacia los adentros y que rápidamente fue sacando a los medios. Inició la faena de muleta genuflexo, tanteándolo por ambos pitones al tiempo que lo iba sacando a los medios, antes de que este protestará. Le daba distancia para aprovechar su inercia, dejándole pasar en largo con recorrido y profundidad en muletazos con lucimiento y transmisión. El espada lo domeñó por abajo, mostrándole la tela y dándole sitio. Salía de un pase y se adentraba en otro cuando Francisco lo demandaba con cite suave y sutil. Se cruzaba, aunque no lo suficiente para que el astado obedeciera. No valía todo, también había que adaptarse a las exigencias del de Domecq. Al final fue a menos, el astado pedía muleta baja en la que le diera salida, por lo que insistió dándole el pecho, con la muleta recta, sin dobleces. Cada vez se quedaba más corto, rajándose, aunque eso no le impidió al espada rematar la faena con un desenlace más que decente. La espada no fue entera, quedando tendida, tuvo que recurrir al golpe de verduguillo.

Fernando Plaza se encargó de recibir en su capote al tercero de la tarde, un astado de embestidas irregulares que se dejó pasar por la tela. Culminó en los medios con una voltereta. Plaza lo terminaría de templar en el quite. Lo recibió en la muleta atalonado, se lo pasaba por ambos pitones mientras lo probaba hasta rematarlo en los medios. Con la mano derecha elaboró una tanda de muletazos ligados en un sin fin de ligazón y continuidad que mantuvieron al astado activo sin dejar que se durmiera. Había que ralentizar su embestida, cambiarle el compás. Lo logró con la mano derecha por donde le perdía dos pasos para introducirle en un nuevo natural, dejando ver una embestida limpia, aunque sin evitar algún que otro derrote. Plaza tuvo mano firme en la que poco a poco temblaba la embestida llevándolo cosido, en pocas ocasiones se desligaba de la tela. Un desenlace encabezado por el pase de las flores y continuado por unas bernardinas muy ajustadas marcaban el final de una faena en la que el animal se rajaba. En la suerte suprema, logró meter la espada al tercer intento con un bajonazo.

Ignacio Olmos recibió al cuarto genuflexo obligándole por abajo, suavizando y educando su embestida. Lo iba a recibir en los medios, atalonado, sin embargo, lo arrolló. Al menos sin consecuencias. Se repuso y siguió en los medios donde le toreó. Se quedaba corto, con miradas al novillero sin dejar que le sometieran. Razón por la que intento seguir a media altura sin excederse. Salía igual que entraba con la cara alta, sin muchas opciones de lucimiento. Se la dejaba puesta y mostraba recta la muleta intentando lucir una faena de la que no se podía sacar mucho. Estuvo firme, perdiendole pasos, evitando que se le quedara encima. Finalizó por manoletinas para dar paso a la muerte suprema, en la que dejó un acero desprendido.

El quinto era nervioso y entraba con determinación en el capote de Francisco de Manuel, quien ejecutó un saludo capotero lucido que remató en los medios con una media. El animal tenía fuerza pero empezaba a mostrar su querencia a chiqueros. Inicio la faena de manera precipitada en los medios, tras el primer muletazo empezó una serie de rodillas. Siguió con la mano derecha dejándosela muerta para tirar de él y guiarle en su embestida. Los muletazos debían estar contados pues entraba en una espiral en la que se quedaba corto. Sin embargo, el eral era bueno, estaba sometido gracias al juego de brazo y muñeca que permitieron encontrar el recorrido de un eral que respondía bien por abajo, razón por la que le dejó la muleta en el morrillo. Lo mantuvo ensimismado, respetando los tiempos y el sitio, sin agobiarle y sin dejar que se rajara. Muy tapado y encima dejaba ver unas condiciones que supo sacar Francisco de Manuel con su mano baja y oficio en la franela. Cerró por ayudados y sin adornarse mucho más entró a matar. No había nada más que demostrar, su Tauromaquia salió a relucir. Falló en su primer intento, pero acertó en el segundo con una estocada fulminante prácticamente en lo alto.

Fernando Plaza se encargó de frenar al último ejemplar de la tarde, que arremetió bien y con buenas formas en el capote. El último tercio empezaba despacio y tanteando las embestidas. Lo retomo con la mano izquierda con muletazos largos en los que se le daba salida al animal, tenían profundidad. Le faltaba abrirse algo más. Algo que empezó a hacer en las tandas posteriores, sin embargo no había continuidad, las tandas se construían de pase en pase. El astado tenía movilidad pero tenía la prontitud justa y embestía de forma recta sin curvarse en la tela, no terminaba de descolgar. Transmitía a medias, sin embargo, lo tuvo muy difícil por lo que le puso cabeza e intentó lucirse con lo que tenía. Alargaba los muletazos y encontró la continuidad alternando distancias, arriesgando en corto. En la sencillez de su faena estaba la clave. Mató después de tres estocadas, no todas enteras, y el golpe de verduguillo.

Arganda del Rey (M). Novillos de Juan Pedro Domecq. Los astados tuvieron trapío, pero no casta con escasa consistencia en la tela, se venían abajo en los finales de la faena. Ha sido una tarde variada. Había que llevarlos bien metidos en la tela, sin alejar la franela del morrillo. Ignacio Olmos: palmas y ovación y vuelta de autoregalo; Francisco de Manuel: ovación  tras aviso y oreja; Fernando Plaza: ovación y silencio. 


 

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