Inicio Novilladas La procesión del silencio

La procesión del silencio

0

  • Crónica e imagen vía: PATRICIA PRUDENCIO

Arganda del Rey ha celebrado su primer festejo, una novillada de Toros de Tenorio seria y bien presentada a la que se han medido Carlos Olsina, José Rojo y Miguel Aguilar. Los astados tuvieron sus más y sus menos en la tela, aunque arremetiendo por abajo y colocando la cara. Las condiciones eran variadas y requerían de un buen muletazo dotado de profundidad que les ayudara a seguir los vuelos saliendo con recorrido y no se quedaran encima. Los novilleros no ejecutaron correctamente la suerte suprema, tampoco se hicieron grandes faenas, aunque si algunas tandas largas que daban esa salida tan necesaria al animal. Los picadores también fueron protagonistas en la primera tarde del ciclo de novilladas, se excedieron con la puya en algunos casos dejando heridas notables. Del festejo se puede obtener un balance de cuatro silencios, unas palmas y una ovación, sin mayor repercusión. José Rojo ejecutó una buena tanda por la mano izquierda al segundo de su lote, mientras que Miguel Aguilar depositó todas sus esperanzas en el sexto, dado que en el primero la única opción era la suerte suprema, obtuvo palmas y ovación.

Abría el festejo «Traicionaro», un novillo al que la primera toma de contacto con la tela obtuvo como resultado la voltereta de Carlos Olsina. No tuvo una brega ordenada, el espada tomaba el capote con recelo, dándole los vuelos y abriéndole. Inició la faena genuflexo, buscándole abajo, pero venía cruzado. Aprovechó la inercia al citarle en las distancias largas, donde demostró movilidad y recorrido en la franela. Con el paso atrás se colocaba sin intermedio para un nuevo muletazo, configurando tandas ligadas. Había que darle la salida hacia afuera, si no se quedaba corto y se le echaba encima. Tenía buenas condiciones en el engaño obedeciendo al cite con prontitud y bajando la cara. El de Tenorio entraba con codicia pero seguía los muletazos hasta el final con fijeza y lucimiento. Sin alargar mucho más la faena decidió colocarlo en suertes, algo que le llevó su tiempo. Lo mató al tercer intento con una espada arriba pero atravesada e insuficiente que le llevaría hasta un mar de descabellos.

El segundo del festejo lo frenó y templó en el capote José Rojo, con un saludo rematado bruscamente por una chicuelina. El novillo se enceló, repitiendo y colocando la cara. El tercio de banderillas estuvo marcado por el desorden y los palos donde no correspondían. La faena comenzó en las tablas, genuflexo, tanteándolo por ambos pitones hasta sacarlo al paso hasta los medios. El animal tenía temple y desparpajo en su embestida, solo faltaba que Rojo lo sujetara para que no terminara perdiendo las manos. Casi haciendo un surco en el suelo el de Tenorio mantenía la fuerza, recorrido y fijeza en el engaño. Pulcritud y belleza era lo que llevaba dentro el astado, que en las manos de José acabó totalmente domeñando, ensimismado en la tela. Las series fueron medidas, aunque sin evitar en los últimos compases alguna que otra mirada al cuerpo, tenía donde elegir. Daba los últimos pases acompañados por molinetes. Sin embargo, los excesos nunca fueron buenos y aunque el animal seguía respondiendo con la misma calidad, empezaba a percibirse el final inmediato. Un final por manoletinas. Se tiró a matar dejando un pinchazo hondo contrario, acompañado por el aviso. Sin volver a entrar se decidió por el golpe de verduguillo, una carnicería sin fin.

«Formidable» era el novillo que le correspondió en suerte a Miguel Aguilar. Un novillo que entraba con poder y arremetiendo contra la tela con brusquedad, no iban al mismo compás. Entró de la misma forma al caballo, lo derribó y este se resistía a recomponerse, el segundo puyazo sería excesivo, vergonzoso. Miguel Aguilar iniciaba la faena genuflexo, obligándole por abajo para después intentar sacarlo a los medios, andando con él. El animal tenía claro cuáles eran sus terrenos, los corrales, por lo que el espada tenía que sujetarlo pero se venía por dentro. Sin más opciones, el astado lo prendió, razón por la que cambió la ayuda por la espada. En la suerte suprema dejó un acero trasero y tendido, acabando con él en el descabello

Marcaba el ecuador un novillo bien presentado, que salía del capote de Carlos Olsina ligeramente suelto por el pitón derecho pero con repetición por abajo por el pitón izquierdo. En el caballo echaba la cara arriba y empujando de forma desigual. Brindó y volvió a iniciar la faena genuflexo para después estirarse con la franela. Le tendía la mano abajo y con desmayo ligando series reunidas y diferenciadas entre ellas. Entraba en el cite por abajo pero salía del engaño por arriba, sin evitar que le tocara la tela. Le faltaba alargar el muletazo y darle profundidad, ayudándole en su salida con el giro de muñeca. Deslucido con los trastos no terminaba de convencer al público argandeño. Con una tanda con la mano derecha, encontró el recorrido y repetición en la tela, aunque sin evitar un final de natural brusco. Culminó por manoletinas, varias estocadas y tres descabellos.

José Rojo intentó atemperar con el capote a «Blanquito», en una labor de brega difícil y desmedida en la que el novillo entraba con genio. Inició la faena tanteándolo por ambos pitones para después citarle con la mano derecha, construyendo una serie con movilidad pero atropellada. Empezó a distancia los muletazos intentando parar su embestida y templarlo. Le mostraba la muleta y se la dejaba puesta dotándolo de recorrido, acompañado de una profundidad que remataba con la humillación y su colocación de la cara. Encontró el compás y el diestro mostró destellos de su Tauromaquia y buen hacer con la mano izquierda. Por el derecho vino cruzado, pues obvió taparle la cara y el animal acudió al cuerpo. El astado era obediente con una embestida ralentizada que dejaba ver sus condiciones en la tela. Remató con valor y en la suerte suprema dejó una estocada trasera tendida y atravesada, insuficiente que le llevó hasta el descabello.

Cerraba el festejo Piconero en las manos del mexicano Miguel Aguilar. Un novillo bien rematado y aplaudido en su salida. En el saludo capotero repitió por abajo dejando lucir las verónicas de Aguilar. La última faena comenzaba con la rodilla en tierra sometiéndole por abajo, al tiempo que le probaba por ambos pitones. En los medios se cruzaba y estiraba el brazo alargando su embestida y dejándoselo lejos, pues el animal tenía un derrote seco en la salida del natural que convenía evitar, tan solo necesitaba que le respetaran sus ritmos y su sitio. Si no te metías en su terreno este se dejaba llevar. Aguilar diferenció muy bien las tandas construyendo series pulcras con muletazos ligados por abajo, repitiendo aunque quedándose corto. Algo que más tarde le daría una fea voltereta. Corto y cruzado, el astado lo tenía en el punto de mira, pues se quedaba descubierto, dándole a elegir. Llevaba la cara a media altura con una embestida rectilínea y se metía por dentro. Concluyó con una estocada en lo alto, algo delantera pero fulminante.

Arganda del Rey (M). Toros de Tenorio, los astados tuvieron sus más y sus menos en la tela, aunque arremetiendo por abajo y colocando la cara. Las condiciones eran variadas y requerían de un buen muletazo dotado de profundidad. Carlos Olsina: silencio tras aviso y silencio; José Rojo: silencio tras dos avisos, en ambos; Miguel Aguilar: palmas y ovación.


 

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here