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David López, Puerta Grande en Villarejo de Salvanés

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  • Crónica vía: PATRICIA PRUDENCIO

Villarejo de Salvanés albergó la sexta novillada del Certamen de la Ribera del Tajuña. Los protagonistas del festejos fueron los espadas Borja Escudero (Escuela Taurina de Arles), Jorge Pérez «El Niño de las Monjas» (Escuela Taurina de Valencia) y David López (Escuela Taurina de Colmenar Viejo) que se medirían a los astados de la ganadería de San Isidro. Los erales tuvieron juego, aguante, garbo, recorrido y fijeza, entre otras cualidades que pudieron sacar a relucir en la muleta, en la que entraban y salían humillando y colocando la cara. Los novilleros pudieron aprovechar las condiciones de unos animales cuya embestida, en ocasiones, parecía incombustible. Todos ellos fueron aplaudidos en el arrastre en reconocimiento de lo demostrado en el ruedo, pues el juego permitió el lucimiento. Los espadas tuvieron sus más y menos al intentar llevar la contraria a los astados, pero finalmente en su mayoría se hicieron con ellos llevándoles con sometimiento en la tela. En rasgos generales la ganaderia dejó un buen sabor de boca entre los aficionados, con respecto al año pasado, mientras que entre los novilleros destacaron Jorge Pérez y David López en la terna.

Abría el festejo un eral de la ganadería de San Isidro, al que recibió Borja Escudero genuflexo dándole sitio y abriéndose hasta sacarlo a los medios, donde lo remató. Inició la faena de muleta por ayudados, templando la embestida y buscando los terrenos. Le abría en la entrada del muletazo, con amplitud en el recorrido y obligándole por abajo en busca de la humillación. Lo llevó con los vuelos, pero no se coordinaban, era pronto y con fijeza, dando continuidad «medida» en la franela. Colocaba la cara planeando en la tela y hasta se arrancaba con garbo en las largas distancias había que aprovechar su inercia. Ensimismado en el engaño podría haberse lucido algo más, ajustando las series con ritmo sin que se durmiera en la franela ni que el interés del público cayera. No había que alargar más el último tercio, pero se lo ciñó y sin cruzarse -algo que hizo ligeramente- empezó a jugar con él en las distancias cortas a lo que el animal respondía con movilidad e interés. Lo colocó en la suerte suprema pero no conseguiría dejar una estocada hundida, el mete y saca lo degolló.

El segundo de la tarde era un eral bizco al que Jorge Pérez intentaba encelar con un recibo lento y por abajo hasta sacarlo de las tablas remantando con torería y determinación en los medios. Genuflexo tanteándolo y sometiéndole en exceso empezaba demasiado fuerte la faena para el eral. Siguió obligándole por abajo hasta sacarlo a los medios, un novillo que ya humillaba y se colocaba en la franela. Lo supo llevar en series pulcras mirándolo y guiándolo por el medio, el astado repetía con movilidad y continuidad totalmente domeñado y obediente en el engaño. Jugó en las distancias cortas con unas embestidas rectas en la que se buscaba referencia. La faena caló en los tendidos, una faena medida y configurada en los muletazos por abajo y templados con cites fijadores y determinantes para la obediencia. Se compaginaron, cada uno en su terreno sin invadirle ni pedirle nada que no pudiera dar. Había que acercarse mucho y ponérselo en el morrillo para que entrara ya sometido. Cerró por bernardinas muy ajustadas, lo tenía todo hecho solo faltaba la espada. En la suerte suprema la espada cayó delantera y tendida con la que tardaría en doblar.

El tercero era suelto pero se enceló en la tela entrando con cabeceos y las manos por arriba, aunque repetía con garantías en el capote de David López. El último tercio comenzaba genuflexo sometiéndole sin éxito, su embestida no era limpia, había que templarle y buscarle el punto, algo que encontró en los terrenos adecuados. Nervioso necesitaba que le ralentizará en la tela, por lo que muy despacio empezó a citarle en las distancias largas, aprovechando la inercia hasta acortar y lograr la ligazón propia de la faena. No dejaba que se le fuera por lo que intentaba citarle con los vuelos para después guiarle y ensimismarle en el siguiente muletazo, sin éxito. El eral regulaba y buscaba su querencia, pero el espada estaba empeñado. En su querencia las embestidas eran mucho más limpias y regulares al contrario que en la contraquerencia donde arremetía con pequeños arreones, cruzándose en el recorrido y sabiendo lo que se dejaba detrás. La espada quedó arriba siendo esta efectiva.

Marcaba el ecuador un ejemplar de San Isidro, que le tocó en suertes a Borja Escudero, quien lo frenó con esmero y dedicación en el capote. Los primeros muletazos fueron por abajo, muy templados y comedidos, ralentizaron al eral dejando ver sus condiciones. Colocaba la cara y humillaba, sin embargo, había que hablarle mucho y estar muy encima para que no se terminara de rajar, por lo que lo sacaba de tablas y volvía a reestructurar la faena. Lo llevó de la misma manera que lo citaba, con los vuelos sin mostrarle la muleta recta para darle profundidad y recorrido a su embestida, pero el animal sabía lo que se dejaba atrás. Le miraba pero hubo una serie sobre el pitón derecho en la que se dejó llevar entrando a buen ritmo en el engaño sin dejar que tocara la tela. Se coordinaron también sobre la mano izquierda dejando buenas pinceladas en los últimos compases. Cerró por manoletinas para después matarlo en lo alto.

Jorge Pérez decidió recibir al segundo de su lote a portagayola para después seguir con tres largas cambiadas de rodillas, ante un astado nervioso, buscón y protestón, que remataba en tablas. Inició la faena de rodillas, pero el eral estaba suelto, así que siguió en su empeño de torearle de rodillas dejándosela puesta hasta levantarse cuando ya lo tenía encelado en la tela repitiendo con garbo. Le faltaba frenarlo pero en esta ocasión era el espada el que debía adaptarse a sus exigencias, separando los muletazos, alargándolos y dosificando las series era la única manera de ralentizar la embestida atropellada aunque bien llevada, con sometimiento. Se quedaba corto y lo tenía encima en la muerte del natural, por lo que supo dosificar, estirar y domeñar la embestida de tal forma que le daba sitio y tiempo. Poco a poco iba perdiendo interés, aunque una vez que se le citaba acometía con celo y empeño en el engaño. No había que extenderse más así que con acierto acudió a por la espada. Todavía quedaba astado para arremeter con fuerza y fijeza en la tela, creando un desenlace lucido aunque pasado. Le costó cuadrarlo y a pesar de intentarlo en lo alto, el acero entró al segundo intento, caída y atravesada.

Cerraba el festejo un eral de San Isidro al que David López recibió con una larga cambiada de rodillas y sin terminar con la brega lo sacó directo a los medios. La última faena de la tarde empezó también en los medios, obligándole por abajo con la mano guiándole sutilmente y muy despacio sin movimientos bruscos. El espada se dedicó a acompañar su embestida, una embestida pulcra y acompasada en la que humillaba y colocaba la cara. Encontró el ritmo y la ligazón en los pases construyendo series uniformes, en las que lo paraba y con un toque fuerte y fijador lo metía en el siguiente muletazo. Sabía dejársela puesta en el morrillo, tirando de él y sin dejar que se viniera abajo. En los últimos compases de la faena le aguantaba tres pases antes de pararse para recomponer de nuevo la tanda, aún así su capacidad de autocontrol y la facilidad para mantenerse hizo que no se parara y cuidara con mimo la embestida del eral, el cual le aguantó hasta la suerte suprema. El acero cayó ligeramente caído y delantero pero suficiente para que doblara.

Villarejo de Salvanés (Madrid). Los erales de la ganadería de San Isidro, unos ejemplares que tuvieron juego, aguante, garbo, recorrido y fijeza, entre otras cualidades que pudieron sacar a relucir en la muleta, en la que que entraban y salían humillando y colocando la cara. Borja Escudero: silencio tras aviso y oreja; Jorge Pérez «El Niño de las monjas»: silencio tras dos avisos y oreja; David López: oreja y oreja.

  • Imágenes vía: PATRICIA PRUDENCIO y AYUNTAMIENTO DE VILLAREJO DE SALVANÉS

David López, Puerta Grande en Villarejo de Salvanés
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