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La incertidumbre en la tela

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  • Crónica e imágenes vía: PATRICIA PRUDENCIO

El Certamen La Ribera del Tajuña celebró la tercera novillada del ciclo en la plaza de toros de Tielmes. La terna estaba compuesta por Guillermo García (José Cubero Yiyo), Joel Castañeda (Escuela Fundación El Juli) y Javier Adán (Escuela de Navas del Rey), que se midieron a los ejemplares de Felipe Bartolomé. Los astados fueron los protagonistas, no embestían, tenían una marcada querencia a tablas y les costaba mantener la continuidad en las tandas. Por este motivo, las faenas se deslucían, las series se componían de pases lentos, de uno en uno y con mucha suavidad. Pocas tandas fueron las que se pudieron apreciar con calidad, no se les podía llevar la contraria, pues la obediencia brillaba por su ausencia. La terna, poco rodada, le faltó una marcha más para entender lo que exigían sus adversarios, aunque tampoco ayudaron.

Abría el festejo un eral suelto, acalambrado y corto por el izquierdo pero con cierta repetición -sosa- en el capote de Guillermo García. Perdió las manos en el tercio de banderillas, preocupando su fuerza. Precipitadamente daba el primer muletazo, el verdadero inicio de faena empezaría en las tablas en un intento de sacarlo al paso, pero sin fuerza. La mano excesivamente baja no era un opción. Se cansaba y abandonaba la tela, sin embargo, cuando cogía bien los vuelos colocaba la cara humillando. Se cruzaba, se metía por dentro, pasando la cara por encima del estaquillador. La exigencia es la misma, solo que a este no se le podía quitar la muleta de la cara, su recorrido era toda una incógnita, no había dos muletazos iguales. Pasaba sin lucimiento de un lado para otro, al menos Guillermo tuvo intención y determinación ante un eral rajado. En la suerte suprema la espada quedó contraria, pero suficiente.

Le seguía en la tarde el saludo capotero de Joel Castañeda, quien en una labor de brega lo frenó, para después enseñarlo, estirarse y lucirse con la tela. El novillo se colaba por dentro en los tercios. Inició la faena tanteándolo por ambos pitones, le costó ver los terrenos. Se rajaba ya en la primera tanda lo que dificultaba la labor del joven espada, que sin deslucir intentaba tirar de él para sacarlo de la querencia. El eral, en cuanto perdía la franela de su punto de mira acudía descaradamente a las «tablas». La uniformidad no era su fuerte, sin embargo, cuando se la ponía enfrente tapándole, sin darle a elegir, este entraba. Además, si se le guiaba en la embestida y después se tiraba de él, se podía ver media serie más que decente. No había mucho más que añadir, cerró con algún que otro molinete, sin destacar, el astado hacía hilo a partes iguales por ambos pitones. Intentó matar a recibir, pero no fue una opción, la espada entró al segundo intento algo caída, tendida y trasera.

El tercero de la tarde entraba con fuerza y genio en los lances de Javier Adán quien se esmeró con el capote. Al astado le faltaba un poco de fijeza, pero repetía. Tras brindar en los medios, empezó con la muleta obligándole por abajo, construyendo una embestida decente. Había que tirar de él en línea, sin excesos, dejándole la franela bien puesta y dándole sitio y tiempo. No había que agobiarle, el eral aguantaría si se le trataba con mimo. El espada buscaba las distancias cortas, sin dejar que se rajara. Logró encelarlo en la tela, en una serie en la que a base de vuelos y distancias cortas, llegó la ligazón, el lucimiento y la continuidad. Calaba en los tendidos, y es que en verdad supo acoplarse a sus exigencias, buscándole y sacando muletazos tirando de técnica y torería. Javier también supo darle recorrido gracias al juego de brazos, en una faena con determinación. Cerró una faena con despaciosidad y pulcritud, en la que intentó tapar los defectos. El acero resultó caído pero muy efectivo.

Marcaba el ecuador un astado suelto, al que Guillermo García logró «encelar» en la puramente labor de brega. Es necesario destacar el quite ejecutado por Castañeda por zapopinas para después rematarlo por una media. En la muleta lo probó y lo sacó sin esperar a los medios. Le citaba dándole el pecho, por delante de la cadera para dotar el pase de profundidad y amplitud. Sin embargo, al igual que los anteriores salía hacía su querencia, con cabeceos continuos y muy exigente con el espada. Cuando pedía franela no se la podía quitar del morrillo, de nuevo, tiraba de él dejándosela puesta. Sin evitar que le llevara a sus terrenos, jugando con ventaja y en las distancias cortas. Apretaba y a punto estuvo de prenderlo contra las tablas. Algo que no faltó fue la movilidad, pero muy poco aprovechable para Guillermo, sin negarle las ganas y su buen hacer en la cara. En la suerte suprema no estaba con él, estaba distraído y le costó cuadrarlo. La espada quedó en lo alto.

Joel Castañeda recibía en su capote a un eral al que dejó ensimismado por el pitón derecho, donde repetía gracias a un capotazo suave y lento. Sería el mismo Castañeda el protagonista del tercio de banderillas, ejecutando un tercer par reunido en lo alto. No hay quinto malo, pero sí con querencia y una clara tendencia a rajarse. No le faltaba fuerza, empuje, movilidad y empeño, solo había que sacarlo de su zona de confort y empezar a torearlo. La faena sólo se deslucía en el tira y afloja entre Joel y el animal por sacarlo de tablas. Su embestida era recta y su obediencia escaseaba, requería de un toque fijador firme que le hiciera entrar al cite, pues la prontitud brillaba por su ausencia. Las tandas más logradas las encontró en el pitón derecho, por donde se dejaba llevar humillando y colocando la cara de forma intermitente. Requería mucha atención y dedicación, estaba totalmente abstraído de la faena, modificando su embestida. Lo mató al segundo intento con una espada en lo alto.

Cerraba el festejo un astado buscón que remataba y se colaba hacia dentro. Javier ralentizó la embestida y con mucha suavidad le citaba en los vuelos de su capote. Se pronosticaba un novillo complicado y desobediente. Tras el correspondiente brindis inició la faena llevándolo recto y con mucha suavidad (parecía la dinámica de la tarde) . Tuvo que acoplarse a lo que el animal le marcaba, con un muletazo que le guiara y le llevará por alto, nada de contradecirle en su embestida. Salía suelto y sin interés, si le daba sitio se le iba y si le obligaba se le quedaba encima. Javier le encontró el punto en la mitad de la faena, cuando en paralelo le empezaba a dotar de recorrido, enganchándole muy por delante le daba salida en muletazos curvilíneos. El astado no se dejaba encontrar y la ligazón aparecía muy de vez en cuando, la suerte suprema la culminó en un tercer intento certero.

Plaza de Toros de Tielmes (M) con toros de Felipe Bartolomé, los astados fueron los protagonistas, no embestían, tenían una marcada querencia a tablas y les costaba mantener la continuidad en las tandas. Guillermo García (José Cubero Yiyo): silencio y vuelta al ruedo; Joel Castañeda (Escuela Fundación El Juli): aplausos y oreja tras aviso; Javier Adán (Escuela de Navas del Rey): oreja y ovación.


 

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