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Una vuelta al ruedo no consuela en Tielmes

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  • Crónica e imágenes vía: PATRICIA PRUDENCIO

Tielmes fue el escenario de la segunda novillada del Certamen La Ribera del Tajuña, en honor a sus fiestas patronales. El cartel prometía, pues lo componían Leandro Gutiérrez (Escuela de Navas del Rey), Marcos Rincón (Escuela José Cubero Yiyo) y André Julián (Escuela de Colmenar Viejo), quienes se medirían a los ejemplares de Baltasar Ibán. Los astados fueron interesantes, a los que había que buscarles las vueltas. Fueron de juego variable con matices de poderío en la tela, difíciles de someter y con fuerza y movimiento. Salían con genio de corrales, pero con una buena labor de brega se templaban y obedecían, eso sí, los pases los tenían contados entre tandas. No había que pasarse, los erales estaban medidos, al igual que su interés, el exceso desluce las faenas. La terna intentó estar a la altura de sus contrarios, pero lo tuvieron difícil, les faltó mimo y estudio de lo que tenían delante.

Abría plaza un ejemplar de Baltasar Ibán abierto de cara y buscón al que Leandro enceló en la tela con un recibo suave y lento hasta sacarlo a los medios. Demasiados capotazos del subalterno para un eral. Con la cara alta y protestando dificultaba el tercio de banderillas. Genuflexo tanteaba a un novillo con genio, por el pitón izquierdo humillaba e intentaba seguir la franela con celo, pero sin excesos. Por el derecho era pronto, acortando las distancias, ponía empeño en los primeros pases, después ya empezaba a mirar. El novillero jugó con la muñeca, dándole amplitud y recorrido cuajando una serie que caló en el tendido. Irregular y con embestidas desmedidas no quería someterse a la mano baja y toreo de riñones. El animal se quedó en los medios con movimiento y ligazón. Se excedió de faena, dándole a elegir entre cuerpo y engaño, volviéndole la cara, no le permitía fallos. Cerró el ultimo tercio genuflexo y con riesgo, para que en la suerte suprema dejara en el segundo intento una estocada tendida y trasera.

El segundo ejemplar de la noche se enceló con genio, repitiendo sin sitio y saliendo con las manos arriba en el capote de Marcos Rincón. El eral seguía buscando en tablas y rematando en ellas. Alternando pitones inició la faena el espada, muy antiestético, sin fluidez lo tomaba por delante para después guiarle en sus embestidas y tirar de él, dejando los vuelos de la muleta en el morrillo. Muy reservón le costaba atender al cite. Le tiraba con el pico de la muleta sin mostrarle la franela recta. Prácticamente desfondado, debía medir mucho las tandas y las fuerzas del astado, claramente mermado. Por el pitón derecho salía con derrotes secos, desluciendo el muletazo, a pesar de bajarle la mano. En ocasiones era molesto y pegajoso, había que darle sitio y tiempo. Ya no tenía nada más que demostrar. Lo colocó en suertes y al segundo intento dejó media estocada tendida, suelta y atravesada.

André Julian realizó un saludo capotero que templó y suavizó la embestida desmedida y con genio del tercer astado de Baltasar Ibán. Notables fueron los pares de banderillas que dejó Juan Carlos Rey, reunidos en el sitio. Tras brindar y dejar la montera boca arriba, lo citó pegado a tablas para probarle por ambos pitones y después sacarlo hasta los medios. Lo citaba en las largas distancias aprovechando su inercia para después construir tandas ligadas y con movilidad. Amplitud y recorrido no le faltaban, quizá si carecía de pulcritud en las embestidas pues arremetía con derrotes secos en cuanto tocaba la franela. Le intentaba dar tiempo para dosificarlo, pero este entraba sin espera al engaño. Entendió las distancias, así como la fuerza del astado. Por el pitón izquierdo parecía tener una embestida más uniforme, pero hasta el cuarto pase cuando empezaban los derrotes, las salidas por alto y agresivas. Concluyó con la misma intensidad que al principio. Dejó media estocada tendida y caída que le llevarían hasta el tercer descabello.

Marcaba el ecuador un castaño, más suelto que los anteriores y al que Leandro tuvo que hacer una verdadera labor de brega para frenarlo y encelarlo. El tercio de banderillas fue un verdadero desastre. Empezaba la faena de muleta suelto y perdiendo las manos del propio impulso. Leandro siguió en los medios con un animal que cambiaba su recorrido, metiéndose por dentro. Las tandas fueron ligadas con pases muy seguidos al dejarle la tela en el morrillo y sin darle otra perspectiva al de Baltasar Ibán. Los muletazos se contaban al milímetro, acortando su embestida y quedándose encima. Por el pitón izquierdo parecía templarse mínimamente, sin embargo, todo quedó en un parecía pues no obedecía ni se dejaba someter, por lo que ya ni hablemos de domeñarlo. Por este pitón no había opción, pasaba por alto con miradas continúas, su cuello era como un látigo directo al cuerpo del espada. Aprendía rápido, lo que aumentaba el riesgo. Recibió una fea voltereta de la que se recuperó sin consecuencias. Era el momento de entrar a matar. La espada quedó ligeramente caída pero fulminante.

Nervioso, acalambrado, buscón y rematando en tablas era el penúltimo de la noche. Marcos Rincón se estiró en el capote aprovechando el juego de sus brazos para templarlo, guiarlo y empezar a construir una embestida. Suelto, tomándole la tela y la mano baja empezaba la faena de muleta. Se cubría bien sin darle a elegir, sin embargo el eral no estaba del todo con él. Tampoco le podía dar demasiado tiempo entre tandas, pues se iba. Lo mantuvo a base de insistir con la mano abajo y dejarle los vuelos en la cara, en un intento de dejarlo ensimismado. La altura a veces no es una virtud de cara a los erales, no se encontraban ni cuadraban sus compases. Terminó en la querencia mientras pasaba sin empeño. Marcos Rincón estaba empeñado en torearlo en los medios, sin embargo, el animal escaseaba en obediencia, arremetiendo contra la tela a la más mínima oportunidad. Le faltó plasticidad a la faena, una faena que cerró por manoletinas muy ajustadas. El acero cayó contrario y trasero, lo que lo degolló.

Cerraba el festejo un ejemplar que se enceló rápidamente con genio y derrotes en seco sobre el capote de André Julián. Comenzaba el último tercio por estatuarios, paseándoselo por ambos pitones con pases cambiados. Calaba en los tendidos y el astado respondía bien a las exigencias del novillero. Sin embargo, era incómodo y muy difícil de llevar. André sabía darle bien el toque fijador para que atendiera al cite. El eral humillaba al inicio del muletazo, aunque saliendo de él por arriba, razón por la que el diestro daba amplitud y recorrido a los pases, todo en busca del lucimiento y el cuidado de las condiciones del astado. Las tandas tuvieron continuidad y movimiento, algo que no faltó. El menor de alternativa decidió no excederse en la muleta y cerró por bernardinas, para culminarlo al tercer intento con una espada efectiva.

Plaza de toros de Tielmes (M), segunda novillada del Certamen La Ribera del Tajuña. Erales de Baltasar Iban interesantes, a los que había que buscarles las vueltas. Fueron de juego variable con matices de poderío en la tela, difíciles de someter y con fuerza y movimiento. Leandro Gutiérrez: leves aplausos tras aviso y vuelta al ruedo tras ovación y aviso; Marcos Rincón: aplausos y silencio tras aviso; André Julián: aplausos y silencio tras aviso.


 

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