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Cayetano lleva la gloria a San Fermín

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  • Crónica e imagen vía: PATRICIA PRUDENCIO

La sexta tarde de San Fermín se completaba por la vía de la sustitución. La terna estaba configurada por Antonio Ferrera, Miguel Ángel Perera y Cayetano, encargados de estoquear a los del hierro de Núñez del Cuvillo. Unos toros que dieron su juego, especialmente el tercero, en manos de Cayetano. Los del Cuvillo se dejaron llevar e incluso someter, muy pendiente había que estar de su evolución. Algunos tuvieron las fuerzas más medidas que otros, aún así permitieron torear a los diestros sin demasiadas complicaciones. Ferrera y Cayetano ante el primero y segundo de la tarde se tuvieron que limitar a faenas de paso y no de lucimiento, unas faenas en las que se toreó por y para el toro, suavizando y puliendo las embestidas. Más suerte tuvo Ferrera con el cuarto, el toro de la merienda y el despiste, pues le otorgaron la oreja en un último tercio en la que el astado se quedó sin fuerzas. Lo hizo todo Ferrera. A Perera le jugó en contra el exceso, un exceso de muletazos que agotaron al astado y dificultó la estocada. Cayetano, bien plantado y con unos inicios toreros se llevó el premio gordo, la Puerta Grande, con dos orejas del sexto cortadas por derecho. Cayetano ha gustado y se ha gustado.

“Palmero” abría plaza en los vuelos de Antonio Ferrera, encargado de un saludo capotero con aires de personalidad, que suavizaron las embestidas del astado. Pegado a tablas y genuflexo le daría los primeros muletazos, lentamente tras probarle lo fue sacado del tercio. Los muletazos perdían pulcritud con las embestidas desmedidas e irregulares. Tirando del animal con los extremos daba amplitud a “Palmero” un toro que se dejaba por el derecho y se defendía por el izquierdo. Logró llevarlo ‘por abajo’ sin que este dejara de protestar, no perdió obediencia, algo que Ferrera supo aprovechar para que al igual que en el capote, suavizara su embestida. Le daba su tiempo y le tendía la franela con tiento, muy despacio no quería deslucir su toreo, adaptado al comportamiento de lo que tenía delante. Lo mató en el descabello tras cuatro intentos con el acero.

“Turulato” salía rematando en tablas y abstraído del capote de Miguel Ángel Perera, quien logró “mantenerlo” hasta sacarlo a los medios. Entró con fuerza al caballo rompiendo la puya. Genuflexo y tanteándolo por ambos pitones, no terminaba de romper en el inicio de faena de Perera. Sin fondo había que darle su tiempo, soportaba la tanda a buen ritmo entrando con obediencia al cite. Jugó con las distancias bajándole la mano, llevándolo sometido. Se evaporó la insipidez y se apreció un astado algo desordenado en la embestida pero siguiendo bien la tela, sin extraños. Por el pitón izquierdo era más reservado había que recurrir a un cite fijador y brusco. Lo volvió a sacar del tercio para elaborar tandas lentas en las que sujetaba las fuerzas, era el momento de poner punto y final. Lo mato con un bajonazo claro y un puntillero –Arruga- al que le fallaba la mano.

Cayetano se encargaba de recibir a “Aguaclara”, un toro al que le costaba repetir más de cuatro veces en el capote. Brindó al público, para después acudir a tablas y sin moverse, atalonado, lo recibió en la muleta tanteándole. Le daba salida y longitud a los pases, por abajo y con temple. La embestida entraba y salía limpia, uniforme, con un giro rápido que permitía ligar. La franela no se distanciaba del morrillo, pero también le permitió estirarse. No le daba a elegir, lo citaba dándole el pecho, permitiendo que rompiera en la tela. La faena estaba medida, motivo por el que cambió la ayuda por la espada, cerró por ayudados y en la suerte suprema se tiró a matar. El acero estaba ligeramente caído y tardaría en doblar.

La segunda oportunidad para Ferrera llegaba a manos de “Arrojadizo”. Un ejemplar suelto, al que en una tarea de brega y posteriormente de torería le ganó el paso y se hizo con él. Lo sacó del tercio alternando, así iniciaba la faena Ferrera. El diestro no paraba de buscar los terrenos, con unas primeras tandas llevaderas sin excesivo sometimiento. Se adaptaba al astado, parecía que no iba a ser una faena digna de su expresión artística. Muy despacio lo volvía a llevar con el pico de la tela para engancharlo y guiarlo en el muletazo. No calaba en los tendidos, pero el diestro se mantuvo firme aguantando a un astado que se dejaba hacer pero sin fuerzas. Le faltaba ritmo y cada vez se iba a menos, se excedió en la faena con un astado que ya no podía dar más de él. En la suerte suprema, lo hizo todo Ferrera, el animal no ayudaba. Una estocada certera.

“Pregonero” repetía con fuerza y genio en el capote de Perera, quien lo sacó ganándole el paso. De rodillas alternó con muletazos a la espalda –no sin rectificar-, para después torearlo en redondo, llevándolo por abajo, humillando. Seguía con la mano baja obligando a un toro de embestida clara y limpia que planeaba en el engaño del diestro. Terminaba un muletazo y comenzaba otro al dejarle la tela en la cara, dando ligazón y continuidad a una faena que podría alcanzar la Puerta Grande. Ambos estaban acompasados, Perera mantuvo lo que tenía entre manos, con pases dotados de profundidad y temple. Daba el pecho a un astado con fijeza, estaba ensimismado en la muleta, iba y venía con la misma intensidad que al inicio. El exceso era lo único que jugaba en contra, las consecuencias se vieron en la suerte suprema, lo mató al segundo intento con una estocada certera.

Cayetano recibió a “Rosito” con una larga cambiada de rodillas en el tercio. Le costaba encelarse en la tela saliendo algo suelto, pero con buenas embestidas. Se lució con las chicuelinas al paso para llevarlo al caballo. Sentado en el estribo con personalidad y continuando de rodillas inició la faena de muleta. Le daba su sitio con embestidas limpias y uniformes a las que dio continuidad con muletazos lentos, pausados y templados sobre el pitón derecho. Sabía cuidarlo tendiéndole bien la tela, guiándolo para someterle y que repitiera. El astado intentaba rajarse, había que dejársela bien puesta, sujetándole pero cuajando una faena que llegaba a los tendidos. Se gustaba, se sentía cómodo, solo había que mantenerlo. Quería confirmar su Puerta Grande, con desplante y tirando la muleta y la ayuda la plaza estaba con él. Lo mato, ya rajado, dejando en suerte contraria una estocada en el sitio. Todo ello empañado por el comportamiento de sol.

Plaza de Toros de Pamplona (N) Feria de San Fermín con toros de Núñez del Cuvillo, unos astados que dieron su juego, especialmente el tercero, en manos de Cayetano. Los del Cuvillo se dejaron llevar e incluso someter, muy pendiente había que estar de su evolución. Algunos tuvieron las fuerzas más medidas que otros, aún así se dejaron llevar sin demasiadas complicaciones. Antonio Ferrera: silencio y oreja. Miguel Ángel Perera: silencio y oreja. Cayetano: dos orejas y dos orejas.


 

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