Inicio Corridas Y que lo mejor sean las estocadas de Robleño…

Y que lo mejor sean las estocadas de Robleño…

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  • Crónica vía: PATRICIA PRUDENCIO

Madrid, Madrid, Madrid… hoy todo era madrileño, a excepción de la ganadería, la de Valdellán. La terna estaba compuesta por Fernando Robleño, Iván Vicente y Cristian Escribano. Los ejemplares a lidiar, de encaste de Santa Coloma, sacaron a relucir sus cualidades, al no dejarse llevar, con la cara alta y embestidas desiguales, como el primero y el segundo. Del resto se pudieron obtener posibilidades. La esperanza se depositaba en el tercero, pero un solo fallo acabó con su armonía, transmisión y buen hacer en la tela, quizá el público no iba tan mal encaminado con la petición de vuelta al ruedo. El error fue humano y no del animal. Fernando Robleño, con poso y solera, destacó por su intento de componer faenas estructuradas en las que los llevó por abajo. Es cierto que se topó con las embestidas más agresivas de la tarde, algo que no pareció importarle. Culminó con las mejores estocadas del festejo, las cuales pasaron desapercibidas. Iván Vicente bailó con la sosería en su primero y la poca duración de su segundo, tras tocar el engaño su embestida se descompuso. Toda esperanza se esfumó. El menor de la terna tuvo las mejores opciones, para desaprovecharlas en los últimos compases de la faena y con la espada. Es cierto que el viento jugó en su contra, pero en el toreo las excusas no existen y los remordimientos tampoco.

“Hechicero” abría el festejo. Un toro lento y medidor al que le costó encelarse en el saludo capotero de Fernando Robleño, salía suelto y solo repetía por el derecho sin bajar la cara. Empezó la faena en el tercio, probándole genuflexo para después estirarse e ir llevándolo de costado ligando muletazos limpios y estructurados. No ayudaba la embestida desmedida y descompuesta, ni su salida por arriba. Le faltaba humillación en la muerte del natural. También tuvo que lidiar con el viento el torero madrileño. Se la ponía e intentaba dejarlo dentro de la faena, pero quedaba suelto y sin fijeza. Daba tandas de muletazos sueltos en las que como mucho ligaba dos pases. Había que rectificar y volver a empezar, recurrir al cite marcado y llevarlo por abajo. Seguía saliendo sin interés, rajado. Lo mató con acierto en la suerte contraria.

Iván Vicente dejó que “Bilbaíno” se desgastara, tras recorrerse la plaza. Finalmente lo recibió en el capote, sin éxito, salía suelto y sin interés. Sin terminar de romper, entraba en los primeros compases de la muleta. Lo sacó al tercio toreándole en paralelo marcándole el recorrido con la ayuda. Tenía embestidas agresivas por arriba. Este sí le daba el pecho buscando tomarle desde delante y alargar su recorrido, pero la sosería y las embestidas rectilíneas se apoderaban de la faena de Vicente. Empezó a jugar con su cadera y el movimiento de la muñeca para intentar meterle la cara en la tela y se ligara para el siguiente muletazo. Le bajaba la mano, uno a uno intentaba elaborar una faena imposible en la que el animal no ponía de su parte, colándose por dentro. Cambió la ayuda por la espada y la suerte suprema metió la mano con aseo, para dejar media estocada, que no tendría validez hasta el tercer intento.

“Carasucia” marcaba un punto de inflexión en la tarde, sobre todo en el capote de Escribano. Era un astado que humillaba con empeño y repetición en la tela. También se empleó en el caballo, buscando pelea. Genuflexo por abajo lo fue sacando al paso de las tablas. Así inició la faena. Con muletazos largos en los que le dejaba los vuelos de la franela en el morrillo, para tirar y dotar la faena de continuidad y buen ritmo. El animal, encastado, tenía movilidad, una movilidad que había que aprovechar sin abusar. Embestía con transmisión colocando la cara a la vez que humillaba. Además, atendía con prontitud y entrega en el engaño del madrileño, ambos supieron acoplarse a las necesidades. Siguió llevándolo, mientras entraba por ambos pitones, lo único que deslucía era el viento. Las distancias también marcaron la faena del menor de la terna. Era el momento de matarlo, un solo fallo condicionó la última tanda. Le sobraron tandas y la suerte suprema terminó de enfriar su actuación, hasta el quinto intento con un bajonazo atravesado.

Flexionando la pierna con lances dotados de descaro, Fernando Robleño intentó captar a “Extremeño”, el cuarto de la tarde. Inició la faena tanteándole por ambos pitones, comprobando la agresividad de sus embestidas. Sin humillar o al menos con un vago intento de ello entraba en la tela. De nuevo, las tandas se componían muletazo a muletazo, no había ligazón. Por el pitón izquierdo levantaba la cara en cabeceos deslucidos. Sin embargo era pronto y con movilidad, una movilidad molesta y desigual, no era la más propicia para la muleta. Robleño lo puso todo y volvió a jugar con las distancias, dándole su sitio, pues ya no es que se quedara corto, sino que se volvía rápido y por arriba. Se excedió en una faena innecesaria. Culminó con la mano derecha, pitón por el que desarrolló el groso de la faena. Dejó una muy buena estocada en la que el animal rodó.

“Maltahombro” quedó prendido rápidamente del capote de Iván Vicente, repitiendo con amagos de colocar la cara. Sin dejarle pensar, empezó la faena de muleta y lo sacó de las tablas. Se decidió por el pitón derecho, donde entraba colocando la cara con transmisión por abajo y con recorrido. Le perdía pasos pero no la ligazón, ambos fueron capaces de enlazar unos muletazos con otros. Sin embargo, poco le durarían las fuerzas y las ganas al de Valdellán, razón por la que el diestro empezó a medirlo, a darle tiempo y sitio. Además, le dotaba de amplitud en su recorrido para después recogerlo y guiarlo en un nuevo pase, pero no había continuidad, todo quedó reducido de uno en uno. Tocar la tela fue lo peor que le pudo pasar, este se descompuso y ya no volvió a ser el de antes. Mató con aseo dejando un acero certero.

“Montañés”, suelto, lento, sin interés ni fijeza dejaba a Cristián Escribano sin opciones en el saludo capotero. Sin pausa y con mucha incertidumbre empezaba el último tercio, lo probó genuflexo y obligándole por abajo. Decidió que” lo mejor” era empezar por el pitón izquierdo, un pitón por que había que llevarlo muy ligado a través del cite para que no se le fuera, pasaba sin humillar, llevando la cara a media altura. Quizá el toro ocultaba buenas cualidades por el derecho, pero no nos dejaba comprobarlo. Efectivamente, las embestidas eran mucho más limpias. Sin embargo, solo ralentizaba sus embestidas pues el diestro pedía distancias sobre un toro que ligaría en la tela si se la dejaba puesta. Volvió sobre el izquierdo, ahora libre de cabeceos, pero corto y con nobleza, no había opción alguna. En la suerte suprema dejó media estocada caída y trasera con la que sería suficiente.

Plaza de Toros de Las Ventas (M) Feria de San Isidro. Toros de la ganadería de Valdellán. Astados de encaste Santa Coloma, sacaron a relucir sus cualidades, al no dejarse llevar, con la cara alta y embestidas desiguales. Fernando Robleño: ovación en ambos. Iván Vicente: silencio en ambos. Cristian Escribano: silencio tras dos avisos y silencio.

  • Imagen vía: @LasVentas

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