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Una oreja no vale una vida

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  • Crónica vía: PATRICIA PRUDENCIO

Hay verdad y hay dolor, esa era la resaca que dejaba la cornada de Román Collado en Las Ventas. Nueva tarde, nueva terna y nuevas ilusiones con un cartel de estreno en la Feria de San Isidro 2019. Eugenio de Mora, Sebastian Ritter y Francisco José Espada se encargarían de estoquear a los ejemplares de El Ventorrillo. Fueron astados difíciles de llevar, con muchas exigencias, se quedaban cortos, arremetían con violencia y acompañados de derrotes secos. Las embestidas estaban medidas al milímetro, había que someterles por abajo y estar en el sitio. La esperanza la dio, por poco tiempo, “Carroñero” el que se suponía que iba a ser el último, pero se lidiaría en quinto lugar. El percance de Sebastian Ritter en el quite desordenó la tarde, el toro de El Ventorrillo le pegó fuerte, dejándole una cornada en la cara interna del gemelo. Eugenio de Mora demostró determinación y maestría, los años dan experiencia, su lote no dio el juego esperado para el triunfo. Sin embargo, tuvo oportunidades con el sexto, el más potable de la tarde, con embestidas comedidas pero no limpias, tardó en caer. Lo mismo le ocurrió a Ritter, quien solo se hizo cargo del segundo de la tarde, con buenas maneras y muchas ganas de mostrar todo lo que llevaba dentro. Por último, el joven espada de Fuenlabrada, Francisco José, tuvo un tercero que era toda una incógnita, al igual que lo fue el quinto, pues en un principio humillaba y colocaba la cara en el capote, pero sus inicios en la faena y el tanteo con el pitón contrario lo desmejoró. La tarde parecía condicionada por la desesperación, pero como canta Sabina: “que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena”

Eugenio de Mora recibía a “Tripulante”, un toro curioso al que le costaba encelarse. Lo llevó sin lucimiento para tratar su basta embestida, saliendo por arriba y las manos por delante. Empezaba la faena sin prontitud y ayudado de la mano baja del diestro, obligándole hacia fuera. Estuvo a punto de prenderle, llevaba la cara a la altura del embroque, sin armonía sin clemencia. Solo buscaba el cuerpo. Salía con saltos del muletazo, volviendo el cuello como si tuviera un látigo. El viento tampoco colaboró en la faena. Lo probó también por el pitón derecho y parecía estar dotado de recorrido, escaso, pero recorrido al fin y al cabo, no se quedaba encima. Metía la cara por dentro violentamente, no obedecía, simplemente pasaba. La suerte suprema, complicada, el de El Ventorrillo no ayudaba en nada, sería al segundo intento cuando lograra meter la mano con aseo y dejara una estocada  bastante caída. Consecuencia, el descabello.

Ritter no esperó a que “Guindón I” se desfogara y lo recibió en el capote. Salía por arriba y tocando la tela por el izquierdo, hizo amago de templarse. Suavizando su embestida con muletazos medidos y cambiando los terrenos, algo que el animal pedía a voces. Así comenzaba la faena el diestro colombiano. Tiraba de él con los vuelos, intentando recoger la sosería y salidas feas de la franela. A larga distancia se hacía más violento, mientras que en las cortas  se arrimaba jugando en las cercanías. El movimiento de su brazo y muñeca acompañaba el compás que el animal marcaba, perdiendo ritmo y prontitud en las series. Las fuerzas brillaban por su ausencia, hacía tiempo que no le interesaba el engaño, se movía con medias arrancadas desiguales. Estructuró una faena desmedida en la que buscó las cercanías y el lucimiento al final del muletazo. Lo mejor vendía en los últimos compases sobre el pitón izquierdo, donde este tragaba. Media estocada tendida que llevaría hasta el tercer descabello.

El tercero, “Sufridor”, se resistía a salir de corrales. Entregado en la tela arremetía con genio en el saludo capotero de Francisco José Espada. A pies juntos lo tanteó por ambos pitones para iniciar la faena y después sacarlo del tercio. Dándole el pecho intentaba hacerse con una embestida irregular en la que pasaba con la cara alta, por momentos. Se cruzaba, seguía buscando, pero con la mano baja y muy despacio  vinieron las mejores tandas por el pitón derecho. Por el izquierdo, sin embargo, el animal lo ponía difícil, venía andando haciendo hilo, no daba tiempo a colocarse. Optó por citarlo de costado mostrando el pico de la muleta, alargando su recorrido y templando su embestida. Cada vez se quedaba más corto, y aunque entraba por abajo su salida era toda una incógnita. Terminó por seguir el engaño a media distancia comprobando las cualidades y técnica del de Fuenlabrada. Metió la mano para dejar media estocada caída que doblaría en el descabello.

“Guindon II” marcaba el ecuador en el capote de Eugenio de Mora. Lo enceló y le obligó en exceso por abajo. Los quites al toro equivocado se pagan caros, le pegó fuerte a Sebastián Ritter, con una cornada en el gemelo. Escasito y sin poder someterle en exceso por abajo iba probándole De Mora en la tela. Así inició la faena. Seguía los engaños con determinación pero sin tragarse cuatro muletazos seguidos. Abriendo la embestida y dejándole la franela en la cara intentaba buscar la continuidad que el animal no aportaba. Le perdía pasos para después mostrarle el engaño lentamente y configurar tandas con pases de uno en uno. Se quedaba corto y le volvía la cara, algo que acentuó Eugenio de Mora jugando en la distancia corta, con un toro que ya tenía toda su atención en el diestro. En la suerte suprema dejó una espada que lo degolló.

Se corrió turno, en quinto lugar saldría “Carroñero”, el toro que le tocó en suertes a Francisco José Espada. En el capote mostró que por el pitón izquierdo se metía por dentro acortando distancias, mientras que por el derecho humillaba con un serio amago de colocar la cara. Empezaría la faena por estatuarios, poniendo en juego la humillación. Ligazón y fijeza en la primera tanda, sus salidas eran por arriba mientras que en la transición del muletazo daba pequeños saltos eliminando la uniformidad mostrada en el capote. Lo probaba desde la lejanía para después atarlo en corto. También lo intentaría con el pitón izquierdo, pero lo desmejoró, entraba descompuesto llevando la cara a media altura. Daba el pecho, citándole con la muleta recta, sin dejar que le tomara la tela. Muy despacio intentaba recuperar todo lo que perdió en los pases menos acertados. El genio y la violencia se acentuaban. Parece que las manoletinas son obligatorias en 2019 para cerrar faenas, por lo que arriesgó pasándoselo muy cerca. Mató igual que toreó, muy de verdad, se la jugó con un derrote seco a la altura del vientre, sería al segundo intento, acompañado del descabello.

“Riachuelo” cerraba la tarde en manos de Eugenio de Mora. Un astado que salía suelto y al que costó sujetarlo en la tela. Inició la faena tanteándole genuflexo, pero la fuerza no le sobraba por lo que no se le podía obligar duramente por abajo. Mucho temple y paciencia fueron la clave del éxito, por fin despertaba la plaza de Las Ventas, tenía ritmo y ligazón en las embestidas. Eugenio de Mora supo dejarle la muleta en el morrillo tirando de él y encauzarle en el siguiente muletazo. Le dio sitio y tiempo, pues este se tomaba su tiempo para responder al cite con celo, pero lo hacía. Las tandas eran cortas y medidas, había faena y había opciones, la mano baja lo sometía para llevarlo a su antojo. Respondía con recorrido y obediencia, era lo más potable de toda la tarde. Lo toreó en redondo, en una tanda importante, de relevancia y transmisión. Era el momento de matarlo. Cerró por ayudados por abajo, compaginado por genuflexo. En suerte natural dejaría una estocada levemente caída pero en el sitio. Tardó en caer.

Plaza de Toros de Las Ventas (M). Feria de San Isidro. Toros de El Ventorrillo de embestidas que estaban medidas al milímetro, había que someterles por abajo y estar en el sitio. Eugenio de Mora: silencio tras dos avisos, silencio y oreja tras dos avisos. Sebastian Ritter: ovación tras aviso. Francisco José Espada: silencio tras dos avisos y silencio tras aviso.

  • Parte médico de Sebastián Ritter:

Herida por asta de toro en cara interna 173 medio pierna derecha , con una trayectoria hacia arriba y hacia cara externa de 20 cm que lesiona vena safena interna, produce destrozos en músculos gemelos y contusiona arteria y nervio tibiales posteriores. Herida superficial en pliegue inguinal derecho. Es intervenido quirúrgicamente bajo anestesia general en la Enfermería de la Plaza de toros. Se traslada a la Clínica de la Fraternidad.

Pronóstico: Grave que le impide continuar la lidia”

  • Imagen vía: NTR TOROS

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