• Crónica vía: PATRICIA PRUDENCIO

El valor, la torería, la inspiración y los nombres propios marcaban la terna del festejo. Antonio Ferrera, Miguel Ángel Perera y Alberto López Simón serían los encargados de estoquear a los ejemplares de la ganadería del Puerto de San Lorenzo y Ventana del puerto. Unos astados de comportamiento variable entre ellos, en los que cabe destacar las buenas maneras del tercero, hasta la penúltima tanda, cuando se descoordinó. El resto se debatían entre la querencia y la obediencia mínima, se dejaban llevar hasta donde querían. Muy exigentes. El valor de López Simón recogió la única ovación de la tarde. Recibió una fea voltereta con las bernardinas en las que le envainó la pierna. Se recompuso, pero sin fuerza y aturdido culminó las bernardinas e intentó matar al estilo suicida, sin muleta y dejándose caer entre las astas. El lote de Ferrera, tanto el primero como el cuarto dejaron embestidas desiguales y descompuestas. Lo que llevaron al diestro a estructurar faenas justas y medidas en las que no había opción para el lucimiento, a pesar de su intento en el capote. En cuanto a Miguel Ángel Perera, sin opciones. El primero seguía el engaño, pero impedido, no apoyaba la mano derecha y le costaba seguir los engaños con fuerza, se mostraba dolido. El segundo fue desagradecido, manso y ajeno a la faena. Los toros no fueron los únicos ejemplares a lidiar, el viento marcaba su territorio y se apoderó de la plaza. Los diestros mientras tanto hacían lo posible por evitarlo.

“Caraseria” abría plaza, salió al tranco hasta fijarse en el capote de Antonio Ferrera, donde entraba con fuerza y salía con las manos arriba, sin interés. La inspiración se presuponía, tras la faena del pasado sábado. Empezó el último tercio por abajo, genuflexo, intentando corregir su embestida. Llevándolo lentamente, siempre en paralelo a tablas, ligando muletazos de tres en tres. Seguía sin interés ni obediencia, pasaba con la cara a la altura del embroque, soltando derrotes secos. No salió del tercio, el toro pedía tablas y el viento no ayudaba para sacarlo de ellas. Acortaba distancias, el pitón izquierdo no daba opciones, tan solo acentuaba los fallos. Se paraba y se negaba a entrar al cite con celo. La espada entró al segundo intento.

Miguel Ángel Perera recibía al segundo de la tarde, “Granero”, dejando algunos matices, por el pitón izquierdo salía por arriba, mientras que por el derecho amagaba con humillar y colocar la cara. Tercio de banderillas, desprestigiado por Amores, al dejar uno de los palos en la mano derecha. Empezó la faena genuflexo, probándolo y rectificando. Se quedó en el tercio, terrenos “libres de viento”. Arremetía sin uniformidad en la embestida, acudía cansado, sin ganas. No había una continuidad. La banderilla en la mano derecha le estorbaba, estaba cojo, la evitaba apoyar, pero pasaba desapercibida. Razón por la que la prontitud escaseaba, al igual que la entrega. Los dos pusieron de su parte. Perera se empleó bajándole la mano y con la muleta bien puesta en el morrillo. Le mostró muy bien la tela y su recorrido, le trazaba el recorrido, respetando sus necesidades. El toro seguía el engaño, pero impedido. Si fuera El Juli, quizá se hubiera mirado más al detalle la incapacidad del animal. Metió la mano con habilidad, dejando media estocada.

Sin dejar que se desgastara, Alberto López Simón frenó a “Garabito I” en el capote, del que salía por el pitón izquierdo arriba y suelto, mientras que por el derecho repetía en la tela. A pies juntos, atalonado en la arena, se lo pasaba por ambos pitones. Así comenzó el madrileño la faena. No había que obligarle por abajo en exceso, el animal por el derecho obedecía con prontitud, fijeza y continuidad en la muleta. Este sí que estaba ensimismado en el engaño. Totalmente domeñado, tenía recorrido y seguía con celo la trayectoria que le marcaba el brazo y el espectacular giro de muñeca del diestro. Había toro, había faena. Quería hacer pleno en la terna, quería premio gordo. Por el izquierdo no tenía la suavidad ni uniformidad mostrada por el derecho, pero seguía embistiendo con calidad. Pasaba a cámara lenta. Dejó de humillar y perdió la intensidad tras el pase cambiado por arriba. Cerró por bernardinas demasiado ceñidas, por lo que López Simón terminó arrollado. Aturdido y destrozado por la caída, se recompuso y volvió a la cara del astado, para culminar la tanda por bernardinas. Lo intentaba matar sin muleta dejándose atrapar entre los pitones, raro, sin fuerza ni determinación el acero no se hundía. Tras cuatro intentos con el estoque dejó un golpe de verduguillo certero.

Marcaba el ecuador la particular forma de recibir Antonio Ferrera a “Fardero”, creativo y con marca propia. Le fallaba la fijeza para repetir en la tela. Lo sacó del caballo por faroles. Al igual que ya hizo en su momento Francisco de Manuel, el extremeño cruzó la plaza y se lo llevó a los terrenos más adecuados. Con la faena ya empezada, Ferrera lo estaba midiendo y eligió el pitón derecho, pero entraba sin uniformidad, no había entrega ni profundidad en los muletazos. La embestida estaba descompuesta. Sería por el pitón izquierdo donde encontrara mayor claridad y suavidad para templarle. Lo llevaba con la mano baja, otorgando longitud a las embestidas, siguiendo los engaños, pero sin la posibilidad de tirar de él a través de los vuelos. Justo y medido, Ferrera ya lo había intentado todo ante un toro con una clara querencia a chiqueros. Cambió la ayuda por la espada y en la suerte suprema metió la espada caída y trasera pero fulminante.

El segundo en el lote de Miguel Ángel Perera, “Pitonisto”, hizo amago de saltar al callejón. Sin esperar el diestro lo frenó para después tirar de él, directamente en los medios. Repetía con movilidad, pero sin demasiada fijeza en las verónicas. Genuflexo y sacándolo al paso del tercio intentaba encontrar la fijeza de un animal suelto y sin interés en los primeros compases de la faena. Necesitaba que lo tuvieran entretenido en la tela, sin descanso, dejándole el engaño en el morrillo, obligándole a volver. Así logró la continuidad y la fijeza simulada de “Pitonisto”, digo simulada porque la atención le duraba poco. Midiendo a cuentagotas lo que tenía delante, le faltó correr tras él. Su embestida se medía en arreones y cabeceos que deslucían la mano baja y distancias cortas del diestro. Necesitaba de un toque fijador que le ayudara, pero sin éxito lo compensó todo en la estocada, que no sería suficiente y lo llevaría hasta el verduguillo.

“Pitinesco” cerraba la tarde, entraba en el capote de López Simón con finales secos y deslucidos. Brindó al público, algo importante andaba preparando. Estaba condicionado por el viento, así que optó por tantearlo por ambos pitones hasta sacarlo del tercio. Dudaba. Pues el toro se quejaba, soltaba derrotes indiscriminadamente sin atender al cite con prontitud. Era el toro de la incertidumbre, no paraba de andar y se arrancaba feamente sin previo aviso. Intentaba darle el pecho y citarle de frente, pero estaba fuera de la faena, acudía cuando quería, salía de las tandas sin fijeza con la cara arriba. No había manera de encontrar la continuidad. Tampoco tenía entrega, toda la que puso el madrileño. Malogró una tanda en la que el toro tragaba, esta fue la única tregua. Sin transmisión, el público venteño valoraba el empeño por mostrar ambos pitones. De uno en uno, solo quedaba matarlo. Sería al tercer intento con una estocada trasera y tendida, que culminó en el descabello.

Plaza de Toros de Las Ventas (M) Feria de San Isidro. Toros de Puerto de San Lorenzo y Ventana del Puerto, que se debatían entre la querencia y la obediencia mínima, se dejaban llevar hasta donde querían. Muy exigentes. Antonio Ferrera: silencio y silencio. Miguel Ángel Perera: silencio y silencio. Alberto López Simón: ovación tras aviso y silencio tras aviso.

  • Imagen vía: @LasVentas

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