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Los de Escolar piden el carné

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  • Crónica vía: PATRICIA PRUDENCIO

El decimoquinto festejo de la Feria de San Isidro contaba con Fernando Robleño, Gómez del Pilar y Ángel Sánchez, que se medirían a los ejemplares de la ganadería de José Escolar. Esta sería la primera tarde del encaste de Albaserrada, seguidas vendrán las de Victorino Martín y Adolfo Martín. Los toros necesitaban que se les sometiera y se les llevara por abajo sin quitarles la muleta de la cara, aguantando el ritmo que marcaban. La terna lo hizo todo por y para el toro, tenían embestidas bruscas que poco a poco se fueron suavizando gracias a la buena mano de los diestros. Ninguno de ellos lo tuvieron fácil, pues además debían buscar los terrenos más propicios para la lidia, había un auténtico vendaval en el coso venteño. Robleño tuvo buena mano, pero el segundo de su lote fue mucho más agradecido y pudo transmitir a los tendidos, con un toreo lento pero firme. Gómez del Pilar fue el riesgo en persona, recibiendo a porta gayola a sus dos ejemplares. Los toreó con armonía y buen hacer, adaptándose a las exigencias y condiciones de su adversario, unas condiciones que intentó rectificar. Por último, Ángel Sánchez quien supo manejar a los de su lote, pero sin excesiva entrega por parte de los astados, los cuales no permitieron el lucimiento pleno.

Abría plaza «Patoso», rematando en tablas, colándose en el capote de Fernando Robleño, saliendo con las manos altas por el pitón izquierdo y bajando la cara por el derecho. Buscaba los terrenos para iniciar la faena, había mucho viento, lo tanteaba lentamente genuflexo, intentado bajarle la mano. Seguía cambiando el sitio. Por fin, se decidió por el pitón derecho abriéndole el muletazo y dándole salida. Lo dejaba pasar, no tenía fuerza ni fijeza, si le obligaba por abajo perdía las manos. Metía la cara apretando hacia dentro cambiando su trayectoria, con genio y quedándose corto. Robleño peligraba. Sin recorrido ni movilidad no había forma de continuar la tanda, ya desde el capote despuntaba maneras. Tras seis pinchazos el toro no estaba muerto, pero entró a descabellardo.

Gómez del Pilar arrastraba lentamente el capote hasta chiqueros, donde recibiría a «Capitán I» a porta gayola, para después frenarlo e intentar sacarlo de tablas, con arreones muy feos en la tela. Se empleó en el caballo, aunque más por el pitón derecho. Una lidia ridícula, era la crónica de un desastre anunciado. También buscaba los terrenos en el inicio de la faena, lo probaba y lo dejaba pasar. Buscaba el movimiento circular y armonioso en una embestida corta, justita, al que había que marcarle muy bien el cite. Tiraba de él, rectificando y tapando fallos, uno a uno le sacaba la faena. Desde el extremo de la franela estirando la embestida perdiéndose pasos y calando en el público venteño. Mostrando y cruzándose mientras daba el pecho, buscaba el premio gordo. Tandas por abajo que suavizaban su embestida convencían. Tiró la faena en la espada con media estocada al segundo intento.

«Combativo» entraba con genio y dominio en el saludo capotero de Ángel Sánchez, quien rápidamente lo sacó a los medios. Se excedió en el castigo. Qué lidia… salvable con los palos de Fernando Sánchez y Raúl Ruiz. Empezó la faena sacándole de tablas, para después probarle y descubrir que el cuatro no eran los terrenos. Le tendía la muleta pero el viento no ayudaba. El toro parecía tener recorrido y entrega, pero no era pronto y se colaba en la franela, desviando la trayectoria. Esa entrega poco a poco fue a menos, quería rajarse y había que dejarle la muleta bien puesta en el hocico para tirar de él. Le llevaba por fuera dándole profundidad y longitud en sus embestidas para después introducirle en el siguiente muletazo. Se adaptó a las exigencias y ritmo del astado, toreó por y para el toro. Medía y miraba mucho, por eso esperaba para citarlo y no deslucir. Llevó la cara a media altura intentando bajarla, pero sin empeño. Caída y tendida fue la estocada del madrileño, pero efectiva.

«Pocapena» marcaba el ecuador del festejo en las manos de Fernando Robleño. Lo apretó por abajo en busca de humillación, pero salía con las manos por arriba. Empezaba la faena, de nuevo condicionada por el viento y los terrenos. El animal entraba con un intento de colocar la cara y humillar en la franela, había que mantenerlo con la cara en la muleta. No se podía rajar tan pronto. Le dio sitio y tiempo, para estructurar una faena cuidada en la que debía cuidar el toreo, llevándolo paralelo a tablas. No paraba quieto, razón por la que Robleño aprovechó la inercia para crear una tanda ligada y con fijeza. Necesitaba sitio y mucho sometimiento, así respondería con obediencia. Torería y dando el pecho intentaba culminar con una faena bien llevada, en la que cuidó la movilidad del animal. Cerró con una estocada fallida que le llevaría al descabello.

Gómez del Pilar volvería a la puerta de chiquero para recibir a porta gayola a «Sevillano», un toro que apretaba con fuerza en tablas. El astado demostró fuerza y bravura en el caballo, llegando a entrar hasta en tres ocasiones, buscando la pelea. Su cuadrilla fue ovacionada, como debía ser, tras el tercio de banderillas. Inició la faena genuflexo, bajándole la muleta, para seguidamente sacarlo a los medios. Entraba al cite con agresividad, con una embestida descompuesta, rota. Parte de culpa la tenía el viento. Aprovechaba la movilidad para girarse y arremeter contra el diestro, sabía lo que dejaba atrás. Paseaba la cara a la altura del embroque, exprimiendo algún que otro muletazo por abajo, pero sin ligazón ni lucimiento. No permitía el error. Salía con la cara alta y buscando. Cambió la ayuda por la espada y en la suerte suprema dejó media estocada que culminaría con el descabello.

Cerraba el festejo «Vistoso», que entraba con genio y arremetiendo contra la tela de Ángel Sánchez. Igual de vistoso fue el tercio de banderillas ejecutado por Iván García y Fernando Sánchez, quienes recibieron su respectiva ovación. Sánchez iniciaba la faena en busca del astado, el cual entraba metiendo la cara por dentro, aunque humillando. Volvía a llevarlo con los vuelos de la tela, ampliando su recorrido. Muy despacio y perdiendo pasos iba estructurando las tandas, las cuales no rompieron, no por Ángel, sino por el viento y las arrancadas y cabeceos repentinos del astado. Le daba salida pero los muletazos se contaban a cuentagotas, muy lentos y de uno en uno. Seguiría en su empeño, pues la faena no estaba hecha. Sin embargo, el toro se paraba y se negaba a acudir al cite, pasaba sin transmisión pero con mucho riesgo. No se podía sacar nada más de los de Escolar. Lo colocó en suertes y dejó la espada tendida y caída.

Plaza de Toros de Las Ventas (M) Feria de San Isidro con tres cuartos de entrada. Toros de José Escolar, unos astados que necesitaban tela y que se les sometiera para evitar que se rajaran antes de tiempo. Fueron muy exigentes con la terna, sin permitir fallos. Fernando Robleño: aviso y división de opiniones y vuelta al ruedo tras petición. Gómez del Pilar: ovación y ovación tras aviso. Ángel Sánchez: ovación y silencio tras aviso.

  • Imagen vía: @LasVentas

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