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La actitud de Rafael González y el temple de Fernando Plaza

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  • Crónica vía: PATRICIA PRUDENCIO

La novillada de Conde de Mayalde era la primera del ciclo de San Isidro. En ella los espadas Rafael González, Marcos y Fernando Plaza, quienes se midieron a unos ejemplares con cualidades aprovechables y oportunidades limitadas y medidas. Había que someterles, pero no de cualquier manera, pues había que entenderles para que no les superara. Rafael González despuntó en maneras y determinación, le puso actitud y ganas. Quizá el primero de su lote despuntó más que el segundo, con el que ejecutó una faena limpia y medida, pero desperdiciada con la espada. Sin embargo, supo compensarlo con el segundo de su lote, con el que cortó una oreja. En el caso de Marcos le faltó la pausa del toreo, es cierto que ejecutó faenas sin lucimiento, les faltó chispa a ambos, a pesar de buscarle los terrenos y darle su tiempo y sitio. Por último, el menor de alternativa, Fernando Plaza, que toreando muy despacio les supo ganar el paso en unas faenas lentas y de buenas maneras en las que dejó buen sabor de boca. Estuvo mejor con el último ejemplar de la tarde, donde con mucho temple y sentido del ritmo, se coordinaron logrando una faena con transmisión.

Rafael González dejaba latente sus intenciones, recibiendo a porta gayola al primero de la tarde, “Andaluz”. Para después seguir arriesgando para probarle, adornarse y someterle. Reservado y sin interés en el caballo. Muy predispuesto, mientras le sacaba al paso sin bajarle la mano lo iba probando por ambos pitones. Por el pitón derecho humillaba y sabía colocar la cara, estaba dotado de recorrido y prontitud, eso sí, no había que quitarle la muleta del morrillo fijándole con la voz. Por la mano izquierda entraba a buen ritmo con una embestida agrupada, pero sin bajar en exceso la cara. Rápidamente retomó el sometimiento por el pitón derecho para cerrar la faena, midiendo acertadamente las embestidas y fijeza del animal. Las bernardinas ajustadas lo llevaron hasta la muerte suprema donde dejaría media estocada trasera, tendida y caída, en el segundo intento.

Marcos recibió a “Atrevido”, primero dejándole pasar para después tirar de él y llevarlo por abajo hasta sacarlo de las tablas, un recibo difícil. Eligió los medios para iniciar la faena y pasárselo por la espalda alternando muletazos. Venía un tanto descompuesto, necesitaba que le sometieran y le llevaran en corto por abajo sin quitarle los vuelos. Soltaba algún que otro derrote con una embestida en la que dejaba pinceladas de todo tipo, nunca había dos iguales. Era necesario respetar los tiempos y las distancias, pues rápido perdía el interés en la franela y empezaba a medir y a mirar. No evitó que le tocara la tela ni domeñarle por completo, les faltó chispa. Metió la mano con aseo, pero con un acero trasero, caído y atravesado.

El tercero de la tarde, de nombre “Entrador”, se encargó de saludarle en su capote, o al menos lo intentó. No rompía ni se encelaba en la tela, a pesar de que cogiera algo más de vuelo. Despertó en el tercio de varas al emplearse en el caballo. Los estatuarios y el remate por abajo iniciaron la faena de muleta del menor de la terna. “Aprovechando sus buenas condiciones”. Entraba con celo en la tela modificando su recorrido y metiendo la cara hasta desviarla en el muletazo. Se quedaba corto y embestía con el pitón contrario. Había que templarle y bajarle más la mano, aprovechando el cite con los vuelos para prolongar su embestida y después tirar de él. Marcando las distancias y ganando el paso para después volver a someterle, si quería encontraba la ligazón, eso sí con un plus de riesgo. Sin cierre y con media estocada, el desenlace llegaría con el golpe de verduguillo y el aviso.

“Chorlito I” marcaba el ecuador del festejo y entraba en el capote de Rafael González sin fijeza, pero estructurando su embestida. Lo probó de rodillas alternando muletazos por la espalda. Así empezó la faena de muleta. Seguiría alejado de las tablas, con un novillo con predisposición que respondía con fijeza y prontitud. Tenía una embestida agrupada en la que metía bien la cara por abajo pero sin terminar de romper a su salida. Por el pitón izquierdo los defectos de la embestida se acentuaban todavía más. Los muletazos, quizá empezaban tarde y sin transmisión. No terminó de aprovechar unas embestidas exclusivas y limitadas con las que podría haber sometido al público venteño. Concluyó por manoletinas ajustadas, seguidas y limpias que culminaron en la suerte suprema con una estocada fulminante.

Marcos decidió recibir al segundo de su lote, “Joyero”, a porta gayola, una larga cambiada y otra afarolada de rodillas. Para después seguir probándole y adornarse en los medios. Lo recibió genuflexo en la muleta para probarle, sin poder bajarle la mano porque dejaba los pitones en la arena, pero sin levantarle mucho la franela porque cabeceaba. El compás de ambos no coordinaba, había que buscarle las vueltas, para que en la segunda serie el animal templara sus embestidas y empezara a coger bien la tela. El sitio y los tiempos fueron la mano derecha de Marcos, frente a un novillo desigual en comportamiento y descompuesto al tocar la tela. El pitón izquierdo nunca fue la mejor opción. Mucha distancia en los naturales, le dio demasiada apertura, para darle recorrido sin lucimiento. Soportaba la faena mejor por el pitón derecho. Al segundo intento dejó la espada tendida.

Cerraba el festejo “Estafador” al que Fernando Plaza frenaba en el capote sin que este terminara de romper, aunque metiendo bien la cara. Empezó la faena de muleta de rodillas mientras se lo pasaba por ambos pitones llevándole con mucho temple la cara baja. Había que sujetarle y dejarle la muleta en la cara pero el animal respondía a la mano lenta y pausada de Plaza. Le llamaba desde delante para encelarle en la tela y tirar de él hasta meterle en el siguiente muletazo. Sin embargo, salía con la cara alta del natural, pero logró la fijeza y la humillación al dejarle los vuelos en el morrillo, el mismo que logró que rozara el albero. Entraba colocando la cara obedeciendo a las pautas marcadas por el espada, siempre adaptado a las características de su embestida. Terminó en las tablas, intentado rematar a pies juntos una faena que logró calar en los aficionados. Metió bien la mano dejando una espada tendida y contraria.

Plaza de Toros de Las Ventas (M) en la Feria de San Isidro. Algo más de media entrada. Con toros de la ganadería de Conde de Mayalde con cualidades aprovechables y oportunidades limitadas y medidas. Rafael González: ovación y oreja. Marcos: silencio y silencio tras dos avisos. Fernando Plaza: silencio tras aviso y ovación tras aviso.

  • Imagen vía: @LasVentas

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