• Crónica vía: PATRICIA PRUDENCIO

La tarde la completaron los diestros Diego Urdiales, Sebastián Castella y Cayetano Rivera frente a los astados de Jandilla y Vegahermosa. En general no se entregaban ni aguantaban las faenas completas, salvo el quinto. Por ello, la esperanza y la alegría se alinearon con la desilusión y el desengaño en el quinto toro de la tarde. Un ejemplar de Jandilla, “Horroroso” al que se encargó de estoquear Sebastián Castella, probablemente, será uno de los astados más comentados a lo largo de la temporada. Merecía el indulto pero el presidente no lo supo ver, no supo ver a un animal que embestía hasta la saciedad, incluso después de los dos avisos. Faltó preguntar por la decisión del ganadero. En el caso de Urdiales y Cayetano, se fueron con las manos vacías y sin opciones.

Abría el festejo un ejemplar de Vegahermosa, “Fantasía”, al que recibiría Diego Urdiales. Salió repitiendo con intento de echar la cara abajo, aunque sacando las manos por delante. En un principio, no quiso pelea en el caballo, pero después parecía buscarle. Junto al estribo, genuflexo, esperaba Urdiales pacientemente para iniciar la faena, pues el animal se resistía. Le sacó al paso mientras lo probaba por ambos pitones. El viento no era el mejor aliado, le dejaba descubierto y no le permitía dejarle los vuelos en el morrillo. Aún así, ejecutó una buena tanda por la mano izquierda, en la que el animal humillaba y atendía bien al cite. Algo tuvieron las embestidas por el derecho, a pesar de quedarse corto, protestando y sin un movimiento uniforme. El buen criterio, no servía de mucho, el astado derrotaba, se paraba, sabiendo lo que dejaba atrás. El cierre lo hizo por abajo y eso caló en los tendidos. El estoconazo compensó el escaso lucimiento de la faena.

“Observador”, un astado de Jandilla, le tocó en suertes Sebastián Castella. Era el segundo de la tarde, y lo recibió con un saludo capotero liviano en el que se le llegó a colar por el pitón izquierdo. El tercio de banderillas destacó por el susto de Javier Gómez Pascual, al quedarse descubierto, los pitones viajaron por el pecho, zona lumbar –donde si tuvo cornada- e ingle. Agarrado a las tablas y atalonado en la arena empezó la faena Castella, no se movió pero dejó prendido al astado. Prosiguió desde los medios, llevándole con el pie atrás, la mano baja y la muleta bien puesta en la cara. El francés con su voz y el engaño tiraba de él hasta dejarlo cosido a la franela, entrando con la cara por abajo. Sin embargo, en cuanto cesaban los naturales, el animal le costaba volver a meterse en la faena. La uniformidad no era el fuerte del de Jandilla, no se podía exceder en muletazos, pues al tercero parecía cansarse de la tela. El tiempo, el viento y la espada jugaban en contra, el animal dobló tras dos pinchazos y tres descabellos.

También de Jandilla era “Delicado”. Cayetano lo recibió pero sin dejarle prendido, pues salía suelto, incluso después de que Joselito Rus le intentara allanar el camino al diestro. Fue un desastre, Cayetano estaba más abstraído que “Delicado”. En el inicio del último tercio seguía tan suelto como al principio, Cayetano lo sacó genuflexo hasta el tercio y después, simplemente, tiró de él. Estaba tenso y dudaba de su posición, corrigiendo. El astado no se dejaba dominar, entraba humillando y salía por arriba con algún que otro derrote. Tenía movimiento y genio en la embestida, pero a Cayetano le faltaba la pausa y tranquilidad que no le supo transmitir. Sus ideas no quedaron claras sobre el ruedo –el viento tampoco ayudó-. Dejó la espada tendida, pero arriba, lo que le llevó directamente hasta el segundo intento de descabello.

Diego Urdiales ejecutó unas tandas de recibo en las que había que obligar y someter por abajo a “Frívolo”, se cansó en el segundo capotazo. Entraba con fuerza y empujando, por lo que tiró el caballo al suelo. La faena de muleta comenzaba sin lograr muletazos limpios. La embestida tampoco fue de las mejores, no paraba quieto y a eso hay que añadir la marcada querencia que le llevaron a Urdiales a torear en el tercio. Cuando debía arrancarse y acudir al cite no lo hacía, se tomaba su tiempo, entraba y salía como si nada. No se pudo crear una faena estructurada, simplemente se pude hablar de naturales sueltos sin continuidad ni lucimiento. Urdiales, sin embargo, puso entrega y empeño pero estaba midiéndose a un ejemplar vacío. Consiguió meter el acero completo y tendido en el quinto intento.

“Horroroso” entraba con fuerza y genio contra el capote de Sebastián Castella. El quite de Urdiales fue clave en el tercio de varas, cuando el ejemplar de Jandilla derribó al caballo, hasta en dos ocasiones. En conclusión, se fue sin picar. El francés volvía a estar atalonado para iniciar la faena por estatuarios desde los medios, sin probarlo. Muy despacio y paso atrás Castella daba lucidez a la tarde con pases en redondo, naturales con temple y mucha torería. A pesar de la mirada del toro, siempre puesta en el maestro, Castella supo domeñarlo para llevarlo por abajo, cosido y planeando. Por el pitón izquierdo la respuesta era desmedida, pero entraba con la misma profundidad y mismo recorrido. Por ello, el francés retomó la mano derecha configurando una faena con criterio y calidad. El toro iba y venía embistiendo en la franela como al principio, era casi incombustible. Incluso respondió a las manoletinas con la misma entereza. Ante la petición de indulto, Castella optó por seguir toreando y el toro por seguir respondiendo –quizá como muestra de la equivocación del Presidente-. Si a esas alturas el toro seguía embistiendo el indulto era más que evidente, el Presidente, una vez más, se equivocaba. Tras dos avisos, el animal dobló tras una buena estocada y un descabello.

Cerraba la tarde “Magnolio” de Vegahermosa, al que Cayetano recibía en el capote, pero no terminó de romper y salía suelto. El impulso le llevó al matador a iniciar la faena de rodillas –no era la mejor manera-, dejando algún que otro momento comprometido. Cayetano no se hacía con el viento ni con las embestidas, en lugar de tirar de él para ligar los muletazos, el matador los cortaba. Por esta razón, le costaba retomar la tela, saliendo por encima del estaquillador y entrando sin gana. Los muletazos se contaban con cuentagotas, toda la emoción del quinto se perdía en el sexto, pero en verdad el juego era mínimo. Con el abaniqueo y sin cierre de faena, en la suerte suprema hundió el acero con el que cayó.

Plaza de toros de Valencia (V) en la Feria de Fallas. Tres cuartos de entrada. Toros de Jandilla y Vegahermosa, de comportamiento similar, poca entrega en la tela, embestidas desmedidas, sin fuerza y sin empeño en dejarse someter, excepto el quinto que derrochaba calidad por los cuatro costados, verdaderamente se merecía el indulto. Diego Urdiales: ovación y silencio; Sebastián Castella: silencio tras dos avisos y dos avisos, dos orejas y vuelta al ruedo para “Horroroso”; Cayetano Rivera: silencio y silencio.

  • Imagen vía: @TorosSCP

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