Siempre se ha dicho esa frase de “los cojones delante del toro, no después “, y qué razón lleva. Los toreros lo son, dentro y fuera del ruedo. Se debe vivir en torero, y más si hablamos del transcurso de una corrida o de una novillada, en el caso de los más jóvenes. Ayer, El Mene, que desprende aroma a torero con solo verlo caminar o desempolvar los trastos, perdió la vergüenza torera que se le debe exigir a todo torero que pise un ruedo como el de Las Ventas. Y sí, la perdió dando una controvertida, polémica, vergonzosa… vuelta al ruedo. Por mucho que algunos quieran justificarla en mil y una excusas: que si una petición, claramente minoritaria; que si una supuesta petición de vuelta al ruedo, cuando antes de saludar ya había más protestas que palmas; o la estocada, que siendo un gran volapié, no puede tapar una decepcionante faena en la que no terminó de aprovechar otro buen novillo de Conde de Mayalde.
El Mene llegará a ser figura del toreo. Tiene condiciones para ello. Nadie lo pone en duda. Y tocará disfrutar de él, cuando llegue ese momento. Al igual que ahora, en ese duro camino para llegar a conseguirlo. Pero hoy no fue su día. Y no lo fue, no porque el ambiente tuviera una exigencia especial sobre él, que es cosa cierta. No lo fue porque debutar en Madrid pesa mucho, y estar a la altura de las circunstancias, y de un lote de puerta grande, no es fácil. No se le culpa eso, hay días y días. Lo que se le culpó, y reprochó, es que siendo probablemente él mismo consciente de no haber estado a la altura de sus dos novillos, no tuviera un poco de vergüenza torera de “taparse” un poco y no dar una vuelta al ruedo, que le traerá más problemas -en Madrid- que beneficios. Y todo pasa por Madrid, por muchas quejas, polémicas y decepciones que evidenciemos todos en relación a ella.
Hoy pudo haber salido a hombros con cuatro orejas, o a pie, con una, al menos. Pero se fue entre pitos y protestas de la plaza, y probablemente acabará arrepintiéndose de ese arrebato que le llevó a cometer ese error reprochable. Más cuando hablamos no de un novillero cualquiera, sino de uno de los novilleros “estrella” del escalafón. Si tan pronto “bautizamos” futuras figuras, deben comportarse con la seriedad y el rigor que merece ese estatus. Ese sueño que, ojalá, algún día alcancen.
Pero en el ruedo, los cojones, delante del toro, no después. Por favor. Y esto sirve para El Mene, para Galván -que recientemente se dio dos vueltas al ruedo de poco peso-, y para todos aquellos que fuerzan «recibir» este premio, que no es poca cosa, sin merecerlo. Las vueltas al ruedo deben recuperar su importancia, todos estamos de acuerdo. Deben sustituir a muchas ‘orejitas’, injustas y excesivas. Pero darlas, por darlas, forzándolo (siendo presionados por los subalternos muchas veces) y en contra del sentir mayoritario de la plaza, más que valorar, es desmerecer este premio.
