Cebada Gago o cómo recuperar el encierro de Pamplona

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Llevamos muchos años escuchando críticas al encierro de Pamplona debido a la falta de emoción a la que aluden numerosos aficionados por la supuesta pérdida de imprevisibilidad de los encierros. Y razón no les falta. Es una evidencia que los encierros de la actualidad poco o nada tienen que ver con los que se veían décadas atrás por las calles de Pamplona. Y no se trata de ver cornadas, o de desear que haya cuántos más heridos, mejor. No. Nadie quiere el mal de nadie. Pero sí que el encierro mantenga o vuelva a tener la emoción que tenía hace unos años. Este año se ha dado un paso en ese sentido con el cambio de bueyes, para evitar que estos adquieran demasiado protagonismo y que el encierro, como decía, pierda imprevisibilidad. Y, sin duda alguna, esto ha sido muy positivo, porque el toro ha vuelto a estar en el centro de todas las miradas en el encierro y los corredores se han encontrado en estos Sanfermines con muchos más huecos para coger toro. Pero aún queda mucho por hacer. El encierro de hoy con toros de Cebada Gago es una muestra de ello y un ejemplo para que todos reflexionemos. Organización, corredores, ganaderos… Todos. Hoy, más allá de heridos y cornadas, que todos lamentamos, se ha vivido un encierro lleno de emoción y peligro. Un encierro de infarto. De los que te quitan el sueño aunque no hayas dormido. De los que te hacen viajar a tiempos pasados. Hoy Cebada Gago ‘recuperó’ por un día el encierro de Pamplona. El que pone a todos de acuerdo. El que te hace levantarte del sillón, de la talanquera o de la piedra de la plaza. El de antaño. Al que nos aficionamos todos.

Toros derrotando a ambos lados en Santo Domingo; un toro embalado como un tren en Mercaderes; la agresividad del giro en la curva de Estafeta; la emoción y la espectacularidad de Estafeta con la manada disgregada, rota y con toros sueltos; volver a ver a un toro dándose la vuelta y obligando a los corredores y pastores a tirar de él; la dura realidad del encierro y del Toro en la bajada a la plaza y en el ruedo de la Monumental de Pamplona… En definitiva, el encierro de Cebada Gago fue una explosión de emoción y de miedo. De terror. De pánico. Y solo verlos, ver esos pitones astifinos, esas caras tan de Pamplona, ese comportamiento tan imprevisible y complejo… Solo verlo ya ha sido un chute de afición, que nunca termina. Porque podrá haber críticas, algunas más acertadas que otras, pero el encierro de Pamplona es único. Y lo seguirá siendo. Como Pamplona no hay nada. Nada se le parece. Nada se le asemeja. Sobran las palabras. Y quién no lo crea, que vuelva a ver el encierro de hoy. No comerán pipas, se lo aseguro.

-> Parte médico del encierro:  un total de ocho traslados, tres de ellos con heridas por asta de toro. El resto de heridos fue atendido por diversas contusiones y traumatismos. 

VÍDEO / Vuelve a ver el terrorífico encierro de Cebada Gago por las calles de Pamplona

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