Ureña renace bajo la lluvia de Madrid

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Dar por ‘muerto’ a Paco Ureña es algo habitual a lo largo de su carrera. La pandemia es un claro ejemplo de ello. Fue el indiscutible triunfador de la temporada 2019, y por supuesto, de San Isidro, y las empresas lo han castigado en el olvido. En el caso de Madrid, el murciano no tuvo más remedio que aceptar una encerrona que nunca debió producirse en este momento. Ureña mereció venir a Madrid tres tardes en carteles de relumbrón, y no las migajas que le ofrecía la empresa. Muchos llegaron a la tarde de hoy dando por ‘muerto’, una vez más, a Paco. Y la encerrona, en sintonía con los fracasos que siempre suelen producirse en la capital en este tipo de gestas, no salió bien. No hay excusas. El petardo ganadero, en cuanto a presentación, y en cuanto a juego, fue monumental. Nunca debió aprobarse una corrida tan mal presentada. Ese no es el toro de Madrid. Pero dejando a un lado el fracaso ganadero, que evidentemente dificultó notablemente cualquier tipo de lucimiento durante toda la tarde, el toreo de Paco Ureña renació frente al quinto toro, bajo un fuerte diluvio y entre el caos generalizado en los tendidos a consecuencia de la intensa tormenta.

Tras el intenso calor de esta veraniega primavera, se rompió el cielo de Madrid con un fuerte aguacero y un vendaval que hacía presagiar un final de tarde catastrófico. Ni montar la muleta podía Ureña en dos primeras tandas totalmente vacías de contenido por el tiempo. El sobrero de Conde de Mayalde tenía buena condición y mucha nobleza, pero tendía a perder mucho las manos. Sin embargo, en los terrenos del 5 y con la lluvia yendo a más, Ureña bordó el toreo y sacó su mejor versión, rompiéndose a torear con la mano derecha en muletazos de gran profundidad y calidad. Algunos de ellos mirando al tendido, con parte de la plaza puesta en pie. Con el compás abierto, y la figura totalmente desmayada, Paco cuajó con la diestra al de Mayalde desatando la locura, que fue total y absoluta en los tendidos venteños. Rugió Madrid en tres tandas rotundas y de mucho mérito. Por el tiempo, por la deriva de la tarde y por el poco poder del toro. Pero Paco volvió a aparecer, como en tantas ocasiones, y volvió a sobreponerse a todas las complicaciones a base de toreo, de verdad y sobre todo, de entrega. Cerró la faena con mucha torería con muletazos por alto y una estocada tirándose con el alma. Cayó el toro y le cortó una oreja de ley, un merecido reconocimiento al esfuerzo y a su entrega sobre el ruedo.

El resto de la tarde fue decepcionante, salvo el toro de Domingo Hernández, que tuvo buenas embestidas hasta que se aplomó y se vino a menos. Con ese toro, Ureña se gustó por delantales de salida e hizo un gran quite por chicuelinas en los medios que despertó una fuerte ovación. El inicio de faena fue también sensacional, por estatuarios y totalmente abandonado toreando al natural. Sin embargo, Paco erró al acortar las distancias y en esos terrenos el toro comenzó a apagarse, costándole más embestir y provocando que la faena fuera a menos. Tan solo una lograda y lúcida tanda con la mano derecha a mitad de faena despertó al público y lo metió de nuevo en ella. Cerró con torería por alto y lo mató de media estocada, que le permitió saludar una ovación en el tercio. El resto de faenas estuvieron totalmente condicionadas por el poco juego de los animales, muchos de ellos protestados de salida por su escaso trapío. El de La Ventana del Puerto apenas se sostenía en pie; el de Adolfo Martín, orientado y muy complicado; el de José Vázquez, manso y sin entrega; y el último, de Victoriano del Río, se rajó y nunca humilló ni quiso embestir. Lo intentó en la corta distancia Ureña, pasándose los pitones por la barriga, pero la falta de entrega y casta del cierra-plaza impidió un final de tarde «triunfal». Aún así, la ovación de despedida de la afición de Madrid a uno de sus toreros predilectos demostró que Madrid le espera y le seguirá esperando. Solo falta que las empresas le den el trato que merece. No fue la mejor tarde, pero su mejor toreo volvió a aparecer en su plaza. La que se lo ha dado todo. En Madrid. A donde debe de volver pronto y en el sitio que se ha ganado. Y los que tiraron almohadillas, mientras un torero se jugaba la vida frente a un toro aún en el ruedo, y vienen a los toros solo a emborracharse, deben ser expulsados inmediatamente de la plaza. Porque Madrid no merece vivir imágenes tan bochornosas. Pero que la inaceptable actitud de unas decenas de maleducados no empañe la gran faena de Paco. Porque el mejor Ureña renació bajo la lluvia de Madrid.

Plaza de toros de Las Ventas. 14ª de la Feria de San Isidro. Más de tres cuartos de plaza (en torno a 20.000 personas). Toros de La Ventana del PuertoDomingo HernándezAdolfo MartínJosé VázquezJuan Pedro Domecq y Victoriano del Río, algunos mal presentados y de deslucido juego en líneas generales. Destacó el toro de Domingo Hernández, que fue a menos; y el sobrero de Conde de Mayalde, lidiado en quinto lugar. Paco Ureña (en solitario): silencio, ovación con saludos, silencio, silencio, oreja y ovación con saludos.

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