En un momento donde las mayorías se consiguen con chantajes y traiciones, Emilio de Justo enseñó ayer en Madrid un camino alternativo para volver a las grandes mayorías de antaño: ir de frente, con la verdad por delante y jamás engañar al pueblo. Así toreó en Madrid y así la conquistó por tercera vez, la segunda de forma consecutiva. Tela, eh. En una temporada de tan solo doce festejos en Las Ventas, dos Puertas Grandes en sus dos únicas comparecencias en esta plaza. Si Morante, Ortega… son unos elegidos, de Justo no se queda atrás. Emilio no es un simple triunfador en esta atípica feria otoñal en la capital de España, y del toreo. Emilio ya es emperador de Madrid. Madrid se rindió a él. A su toreo. A su intratable momento y a su imponente capacidad. A Emilio le da igual que el toro sea manso o bravo. No le importa si humilla o sale con la cara por las nubes. Tampoco si es un cabrón o si tiene nobleza. A Emilio le van todos los toros. Porque a Emilio le da igual la plaza. Allá por dónde va, sale a hombros. Allá por donde pisa, deja huella. Triunfa. Torea con el alma y enloquece a los públicos con su verdad. Al natural y con la diestra. Tirándose a matar con todo, como ayer hizo en Las Ventas. Jugándose la vida y haciendo caer al quinto de Garcigrande entre el delirio de la afición venteña. La petición fue atronadora, como su toreo. Como los trincherazos que hicieron despegar de sus asientos a los casi doce mil aficionados que se citaron en la piedra venteña. Como los derechazos, con el mentón en el pecho y la suerte cargada. Como los naturales haciendo romper a un toro que había manseado en el caballo y en los capotes. La faena fue a más. Y rugió Madrid como en las tardes grandes. En las que no se olviden. Cuentan que por Despeñaperros se unían los olés de Sevilla y de Madrid. La Maestranza y Las Ventas. Urdiales bordaba el toreo a orillas del Guadalquivir mientras de Justo reventaba la feria madrileña. Los dos a hombros. Uno por la de cuadrillas, el otro por la calle Alcalá. Y Ortega, que tuvo que torear dos días seguidos tras dos faenas históricas como fueron las de Morante y De Justo, bajo el telón de la tarde con detalles de enorme torería. Una tanda al sexto por trincherazos de categoría, algún pase de pecho al ralentí y un par de naturales de aquella manera. Durmiendo al toro. El Juli, sin opciones en su segundo, estuvo firme y voluntarioso con el noble primero. Le cortó una oreja y poco más se vio. La corrida no fue buena.

Plaza de toros de Las Ventas. Quinta de la Feria de Otoño. Cartel de «No hay billetes», dentro del aforo permitido. Toros de Domingo Hernández y Garcigrande, de dispar comportamiento. Destacaron el primero y el quinto. El Juli: oreja y silencio; Emilio de Justo: silencio tras aviso y dos orejas; Juan Ortega: silencio y ovación con saludos.

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