Transcurrió el paseíllo en Sevilla con más armonía que en la tarde inaugural. También con menos público, a pesar de la enorme expectación que se generó con la presentación de Juan Ortega en La Maestranza. Duele decir y cuesta entender que esta fuera la tarde de su presentación cuando ya son casi siete años desde que tomó la alternativa en Pozoblanco. Pero mejor tarde que nunca, como suele decir. La conformación del cartel, eso sí, no fue la mejor para llenar La Maestranza. ¿O acaso algo tiene que ver el toreo de El Fandi con el de Ortega? Faltó rematar el cartel pero no le faltaron ganas al granadino para recibir de rodillas al primer toro de Jandilla. Un animal con tan buenas hechuras como falta de poder y fuerza en los primeros tercios. En banderillas, El Fandi exhibió, una vez más, su capacidad y su dominio de los palos. La faena del torero granadino fue de más a menos, sin romper nunca hacia adelante. Con series insulsas perdidas entre la sosería de un ‘Judío’, que quiso más que pudo. Tuvo nobleza y prontitud pero no ese punto de fondo que le permitiera romper hacia adelante. Media estocada (silencio). Bruto y brusco fue el segundo de Vegahermosa en el capote de Manzanares. En el caballo dejó la sensación de faltarle entrega y llegó a la muleta sin terminar de definirse. Dos tandas por el pitón derecho, con el toro embistiendo con ritmo y más humillación, sirvieron a Manzanares para meter al público de lleno en la faena. Sonó ‘Cielo Andaluz’ hasta que la banda decidió, sin motivo alguno, cortar la música. Tras un par de series más desacopladas entre toro y torero, Manzanares volvió a levantar la faena con una extraordinaria tanda al natural, gustándose y rompiendo al toro por abajo. Interesante el de Vegahermosa, que sorprendió para bien en el último tercio, y bien Manzanares, que cerró la faena con una tanda por el derecho llena de empaque y armonía. A más el final de faena tras los altibajos. Gran estocada. Sin puntilla cayó el toro (oreja).

Crujió Sevilla y se rompió el alma de La Maestranza con el toreo a la verónica de Juan Ortega. Los capotazos fueron pinceladas de Picasso y la media una pintura del mismísimo Francisco de Goya. Totalmente arrebatado y pasándose por el estómago, a Ortega le valió tan solo un minuto de su presentación en La Maestranza para meterse de lleno en el corazón de todos los sevillanos y trianeros. El galleo por chicuelinas para dejarlo en el caballo fue de aquella manera. De aquella extraordinaria manera. El toro embistió con cierta suavidad y temple en los capotes, pero en la muleta pareció protestar más en las primeras tandas. Le andó en torero Ortega para sacárselo más allá del tercio tras brindar al público. Difícil andar a los toros con esa torería y naturalidad. De privilegiado. Tocado por la varita de los elegidos. La faena no fue lo que todos esperaban, y deseaban. El de Jandilla se vino abajo prácticamente desde el inicio de la faena, y poco más que intentarlo pudo hacer Ortega delante del toro. Media estocada y cuatro golpes de descabello (ovación con saludos tras aviso). Claro que cualquiera torea después del recital de Ortega con el capote. El Fandi pagó los platos rotos. Tampoco tuvo su mejor tarde, ni siquiera conectó con el público con los palos. La faena al cuarto, que se movió y tuvo opciones, pasó completamente desapercibida bajo un silencio atronador. Larga y sin emoción fue la labor de El Fandi con la muleta. Y el toro era para más, con sus defectos claro (silencio).

El quinto de Jandilla no pudo embestir más rebrincado y protestón en la muleta de Manzanares. No le volvió la cara el torero alicantino que poco a poco fue pudiendo al animal a base de poder con ambas manos. A pesar de verse con el pitón en el pecho en varias ocasiones, Manzanares no abrevió la faena y siguió toreando a cara de perro con la mano derecha. Indiscutible e irreprochable el esfuerzo del torero. Buena estocada (ovación con saludos). Tres verónicas y una media enroscándose al toro tras la cintura volvieron a sobresalir en el recibimiento de Juan Ortega al sexto y último toro de Jandilla. Rezumó torería y un aroma trianero el quite por delantales antes de dejarlo colocado para el segundo puyazo. No terminaba de romper el de Jandilla en los capotes y así llegó a la muleta de Ortega. Parado, brusco y sin un ápice de emoción. Abrevió el torero, al que Sevilla a buen seguro seguirá esperando a falta de un toro que le embista de verdad. Ese día, Sevilla enloquecerá. Gran estocada. Cayó sin puntilla (ovación con saludos).

Plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Segunda de la Feria de San Miguel. Más de media entrada. Toros de Jandilla, de deslucido juego. El mejor, el segundo. El Fandi: silencio en ambos; José María Manzanares: oreja y ovación con saludos; Juan Ortega: ovación con saludos tras aviso y ovación con saludos.

* Saludaron en banderillas Andrés Revuelta y «Perico».

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