Entre vivas a España, a Morante y a Sevilla, resucitó el toreo en La Maestranza. Dos años después, el toreo sumó una nueva victoria frente a este puñetero virus que tanto daño nos ha hecho. Sevilla, tan bonita y tan necesaria, ya está de vuelta. Rompió el paseíllo sin orden ni belleza. Hecho un auténtico caos. Deslucido. Pero emocionante. Y la afición de Sevilla sacó a sus héroes al tercio. El rostro de los toreros reflejaba la emoción que todos los aficionados también sentimos al ver, de nuevo, toros en Sevilla. Sevilla es de todos, y sobre todo, es del toreo. Un Domingo de Resurrección en septiembre. Una feria de abril en San Miguel. Morante se estiró a la verónica para recibir al serio ‘Enojado’ de Victoriano. Dos capotazos fueron suficientes para ver la pobre condición del animal. Descompuestas fueron sus embestidas y poca la fuerza que mostró también tras su paso por el caballo. En banderillas fue un prenda. Todo a la defensiva, por arreones. Y así llegó en la muleta. Un toro malo. Sin excusas. Morante no se enrolló con él. Un trasteo y a matar. Pero la espada no funcionó (silencio). Otras embestidas, mucho más enclasadas, tuvo el segundo de la tarde. Corto pero lúcido fue el saludo por verónicas del peruano Roca Rey. ‘Distante’, el de Victoriano, se dejó pegar en el caballo en dos puyazos breves y medidos. Mantuvo un gran tranco y fijeza en banderillas, y acertados estuvieron los de plata. La primera tanda por el derecho confirmó las buenas expectativas puestas en el animal. La cadencia, la calidad, la fijeza. No quitó el ojo del matador, ni de la muleta. Y tras ella fue, repitiendo y con humillación, también por el pitón izquierdo. Firme y asentado se vio a Roca Rey. Lo exprimió por el pitón izquierdo, con algún altibajo puntual, pero con firmeza. En redondo y con la mano derecha eclosionó la faena. El de Victoriano no dejó de embestir arrastrando el hocico por al albero. Con una calidad extraordinaria. Con la bravura de los grandes toros. Intercalando ayudados por alto y por bajo cerró la faena Roca Rey. Pero el toro era para más. Para torearlo más despacio. Más templado. Era para reventar Sevilla y todo quedó a medias. La estocada, al segundo intento. Una oreja se llevó el peruano y una vuelta al ruedo al toro hubiera sido más que merecida. Todo quedó en una fuerte ovación en el arrastre. ‘Distante’, un toro bravo.

Pablo Aguado tuvo que pasar a la enfermería durante la lidia del segundo toro por dolerse de la rodilla. Hubo preocupación por el torero sevillano pero Aguado no podía fallar a su Sevilla, y no dudo en salir a dar muerte a su primer toro. Otro ejemplar muy serio de Victoriano del Río. Destellos de su gran toreo a la verónica pudimos ver, aunque sin la rotundidad que hubieran permitido otras embestidas más definidas. Con gestos de evidente dolor por la rodilla, Aguado entendió a la perfección que la poca fuerza del toro exigía paciencia y buen trato. Los muletazos fueron hilándose de uno en uno. Todo suave. Despacito. Pero a aquello le faltaba un punto más de emoción que el toro no tenía. Al natural, Aguado dominó la irregularidad del toro. Pero lo correcto a veces en insuficiente. Y la impotencia fue que mejor, no se podía estar. Cuando falta toro, o al menos, falta casta, la emoción es misión imposible. Pinchazo, estocada y un golpe de descabello (silencio). ‘Enamorado’ no permitió a Morante desplegar su bello toreo a la verónica. Su lote no fue el mejor para el capote y de ahí que no hubiera brindis por parte del matador. Hasta los medios se lo sacó Morante. Y la primera tanda hizo despertar a La Maestranza. Con empaque y enroscándoselo a la cintura, Morante lo toreó por derecho con ligazón y mucho gusto. La segunda la completó dando prácticamente el pecho al animal. Con tanto mérito como armonía. Y en los momentos difíciles, un molinete y a cerrar la tanda. En el tercio le tragó mucho Morante. Le esperó tanto que cada muletazo tuvo una importancia descomunal. Al natural tuvo una seguridad soberbia ante un toro que no regaló nada y que estaba completamente rajado. El final fue de dominio absoluto y la última tanda, con los pies asentados y el mentón sobre el pecho, fue para quitarse el sombrero. Y tras ese final tan bello y entregado, el fallo con los aceros fue el lamento de todos. También del torero. Ovación con saludos tras aviso.

El quite de Aguado al segundo toro de Roca Rey fue un punto de inflexión en la tarde. Las chicuelinas y las dos medias fueron una oda al más natural y bello toreo sevillano. La plaza rugió y seguidamente Roca Rey quiso responderle. Con menos éxito y menos lucimiento. Por gahoneras. La tarde de Juan José Domínguez fue de aquella manera. Con la brega y con los palos. Tremendo. Brindó al público el peruano, que se echó de rodillas más allá de la segunda raya para comenzar la faena. Muy templado, lo llevó largo y ligó los muletazos hasta concluir con un pase del desprecio que puso al respetable en pie. Más en el tercio, el de Victoriano evidenció más la falta de casta y su mansedumbre. Todo lo hizo en la corta distancia Roca Rey. Todo por la vía del valor y del riesgo. Todo haciéndolo él y por encima del toro. Arrimón de mucho mérito, pasándose los pitones del toro por la chaquetilla en varias ocasiones. Buena faena dentro y fiel a su concepto. Media estocada y un golpe de descabello (vuelta al ruedo tras petición). Arrebatado y tratando de dormir al toro en el capote recibió Pablo Aguado a ‘Ebanista’. El mejor toro en varas. El que más y mejor empujó en el peto. Aguado le vio posibilidades y al público brindó su muerte. La ovación fue unánime. Por bajo y sin enganchones comenzó la faena el sevillano. Transmitía el toro y lo templó de inicio el torero. Pedía mando el de Victoriano que no terminaba de salirse de la muleta y eso dificultó el acople de Aguado. Un toro muy complicado y muy diferente a lo que necesita y busca un torero como él. Con cierto punto de casta, aunque sin ser bravo, el toro terminó imponiéndose en la faena y Aguado se vio obligado a abreviar. No lo vio y no hubo lucimiento en su labor con la muleta. Todo quedó en el esfuerzo. Falló con la espada y pasó a la enfermería visiblemente dolido de su rodilla (ovación con saludos).

Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Primera de la Feria de San Miguel. Cartel de ‘No Hay Billetes’ dentro del aforo permitido. Toros de Victoriano del Río y uno de Toros de Cortés, deslucida en líneas generales. Destacó el gran segundo. Morante de la Puebla: silencio y ovación con saludos tras aviso; Roca Rey: oreja y vuelta al ruedo tras petición; Pablo Aguado: silencio y silencio tras aviso.

* Juan José Domínguez, Viruta, Juan Carlos Tirado, Iván García y Pascual Mellinas saludaron en banderillas.

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