* Crónica vía: DAVID BUSTOS


El capote, ¡ay el capote! Qué gran feria están echando los toreros más clasicistas con el capote en Vistalegre. Morante, Luque, Aguado, Ureña, Urdiales y hoy de nuevo el de La Puebla. Ramillete de verónicas muy templadas y una gran media. Y con eso nos quedamos. El toro, muy justo de fuerzas y parado tras el tercio de varas, no permitió a Morante nada. Ni matar en condiciones porque no colaboró con el torero en ningún momento. Silencio.

El segundo de Garcigrande siguió la misma línea. Desfondado desde su salida de toriles, el toro apenas se tenía en pie. Lo mantuvieron en el ruedo y El Juli pagó sus consecuencias. Faena breve y sin contenido alguno. Silencio.

El tercero no hizo cosas muy diferentes en los primeros tercios. De hecho, hasta pareció tener un problema de visión. Nadie apostó por el toro y Juan Ortega, sin embargo, se inventó una gran faena llena de poso y naturalidad. Encajado, roto, templado, sublime… Muy torero. Los derechazos fueron para enmarcar y entre los naturales hubo uno que todavía lo está terminando. ¡Qué despacio! Y qué templados los remates. Y los de pecho. Y las salidas de la cara del toro andando en torero. Al de Garcigrande le costó un mundo terminar de humillar pero a Ortega no le importó. Cuando no humilló, lo toreó a media altura sobre la cintura. Y cuando embistió más sometido, lo vacío entre la suavidad y el poder silencioso de sus muñecas. Perdió el trofeo con la espada pero fue premiado con una vuelta al ruedo con la plaza entera puesta en pie.

Por delantales y una soberbia media colocó Morante al cuarto toro para que recibiera un segundo puyazo. Bien cogido en lo alto por el picador en las dos ocasiones. Sin embargo, desde la primera tanda el de Garcigrande le soltó derrotes y Morante decidió abreviar. Falto de entrega y deslucido el animal. Le metió bien la mano Morante. Silencio.

Con una rodilla en tierra, genuflexo, inició la faena El Juli. Había brindado al público el toro, y aunque no terminó -a pesar de cumplir en el caballo- de definirse en los primeros tercios, por algo lo hizo Julián… Una tanda le bastó para meter al toro en la muleta. Por el pitón derecho. Con mucho poder y mano baja. Ligando cada muletazo y ganando en intensidad con cada tanda. Algo falto de regularidad el de Garcigrande por el pitón izquierdo, pero encastado en su conjunto y a más. Gran toro con el que el torero madrileño estuvo firme, gustándose y llevándolo largo. Totalmente sometido. Pudiéndole. El Juli lo cuajó de principio a fin por el gran pitón derecho. Por él llegaron los mejores muletazos. Mucha clase y ritmo tuvo el de Garcigrande, que hizo el avión en la muleta de El Juli. Transmitiendo mucho. La última tanda fue extraordinaria por ligazón y por mando. Qué poder. Estocada entera. Dos orejas.

A Juan Ortega el sexto toro le hizo algún de feo con el capote y en la muleta le faltó fondo y más emoción. Pero Ortega está tocado con la varita de los privilegiados y la faena fue de cante grande. Porque las faenas que se quedan grabadas en la mente de los aficionados, generalmente son las de que se componen de muletazos de uno en uno. Sin prisa. Con calma y alma. Con la derecha y con la izquierda. Juan Ortega tiene en sus muñecas a toda la escuela sevillana y hoy encandiló y enamoró a la afición madrileña. Entre muletazo y muletazo se escuchaba hasta al Guadalquivir. Cada derechazo, encajado y lento, era una explosión de torería. Tanta torería que desbordó Vistalegre. No había toro, pero había un torero en mayúsculas. Los remates finales reunidos en la última tanda fueron para sacarlo a hombros por Carabanchel y mandar al carajo las orejas. No entró la espada pero Vistalegre, boquiabierta por semejante faena, le pidió la oreja. Pero a Ortega, yo le hubiera dado hasta el toro. Qué torero.

Palacio de Vistalegre (Madrid). Décimo festejo de la Feria de San Isidro. En torno a 3/4 dentro del aforo permitido. Toros de Garcigrande, de desigual presencia y deslucido juego, salvo el quinto. Morante de la Puebla: silencio en ambos; El Juli: silencio y dos orejas; Juan Ortega: vuelta al ruedo y oreja.


 

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