* Crónica vía: DAVID BUSTOS


Con el recuerdo reciente de la sangre de los héroes y los bellos aún de punta con el toreo a cámara lenta de Aguado con el capote, volvió a romper el paseíllo en Vistalegre. La faena de Miguel Ángel Perera frente al primer toro de Matilla fue de menos a más. La falta del segundo puyazo o un puyazo más fuerte hizo que el toro embistiera con genio y más rebrincado en las primeras tandas. Con mucha prontitud y fijeza, el de Matilla fue ganando en humillación y terminó por entregarse en la muleta de Perera. Primero con altibajos pero luego con mucha firmeza y valor en la corta distancia, el torero consiguió que la faena calara en los tendidos. Sobresalió su labor al natural, mucho más rotundo -aprovechando la clase y la codicia del toro- que con la mano derecha, así como el final de faena, pasándose los pitones por los muslos. Estocada entera aunque algo caída. Oreja y ovación para el encastado toro.

Se estiró Ureña a la verónica para recibir al segundo toro. Más metido en la tarde que en su anterior actuación en Vistalegre, el torero murciano dejó un gran quite por delantales. Muy lucido. Emotivo y merecido fue el brindis al doctor Enrique Crespo y su equipo médico. Por estatuarios en los medios recibió Ureña a su primer toro. Sin embargo, improvisó un inicio de trincherazos y remates que fueron una clara declaración de intenciones de lo que vendría después. Volvió el Ureña de Madrid. El que está a gusto toreando. El que se rompe a torear con la mano baja y el compás abierto. El toro de Matilla, con mucha nobleza y profundidad, permitió a Ureña alargar los muletazos hasta el corazón de los allí presentes. Qué largo lo llevo por ambas manos. Y qué templado. Encajado y con el compás abierto vació cada embestida por detrás de la cadera. Y volvió a ponerse. Y volvió a darle el pecho. Y volvió a brillar la verdad de su toreo, algo apagada en sus anteriores fechas. La naturalidad y la entrega de Ureña tapó esa falta de regularidad que parecía tener el toro en un principio. Al final terminó sirviendo y embistiendo templado en la muleta. Ahí tuvieron mucho que ver las manos del torero. Ningún enganchón recuerdo y mucha emoción en los tendidos. El final por bajo fue sublime. Apoteósico. Y la estocada entera al primer intento. Oreja con fuerte petición de la segunda. Ureña volvió a sonreír.

Todo fue voluntad y actitud por parte de Daniel Luque para intentar seguir incrementando la intensidad de la tarde frente al tercer toro de Matilla. Las verónicas de salida -menos lucidas- y las ceñidas chicuelinas fueron la mejor muestra de su intachable disposición. Ya en la muleta, poco pudo hacer Luque con un toro justo de todo. De fondo y de calidad. Brusco y sin humillación. Acortó distancias el torero y dejó algún muletazo suelto destacable que no trascendió al público. Buena y fulfinante estocada. Ovación con saludos.

El cuarto de Matilla fue un buen toro, a pesar de estar algo justo de fuerzas y al que no había que dejar pensar mucho. Con más fuerza, al igual que el resto de la corrida, el animal hubiera sido mucho mejor aún. Al menos, hubiera humillado más, que fue su mayor defecto. Le costó mucho a Perera entender al toro y tuvieron que pasar más de cinco o seis tandas hasta lograrlo. La gran codicia del animal, que perseguía las telas de la muleta hasta la eternidad, le permitió a Perera dejar un par de tandas -ya en el final de faena- en redondo y con ellas, conectar momentáneamente con el respetable. Sin embargo, la última tanda con la mano izquierda volvió a la irregularidad y la falta de limpieza que caracterizó a la faena. Estocada entera pero tardó en caer el toro, que fue ovacionado en el arrastre. Ovación con saludos tras aviso.

Dos trincherazos volvieron a romper los olés en Vistalegre al comienzo de la faena de Ureña. Con un toro mucho más incierto y complicado, con un peligro sordo que dio mucha importancia a quien estuvo delante, Ureña volvió a ofrecer una gran dimensión. Quizás, la faena de más mérito de lo que va de feria. Y el mérito, no significa rotundidad, que no la hubo. Pero con un toro como el quinto, que había que tragarle mucho y tener mucha confianza delante de él, el torero murciano demostró que su mejor versión está de vuelta. Con un toro más facilón y con otro mucho más complicado. Ureña basó su faena en la mano izquierda. Pasándose los pitones por los muslos, y con gran pureza, Ureña fue robándole muletazos de gran trazo y largura. Alguno fue sensacional. Con la figura rota y el alma en cada muletazo, Ureña se metió en los terrenos del toro y, a pesar de la corta distancia, lo llevó hasta Lorca en cada uno de ellos. El final de faena, a pies juntos, vertical y de perfil con el cuerpo descubierto, estuvo lleno de clasicismo y entrega. Cayó baja la espada y, aunque acertó con el descabello, perdió el trofeo por esta. Ovación con saludos.

Manso y deslucido resultó el sexto y último toro de Matilla que, a pesar de regalar a Luque alguna buena embestida en la primera tanda, pronto comenzó a salir suelto y sin fijeza. Amagando todo el rato con rajarse y soltando derrotes a la defensiva en los finales del muletazo, nada pudo hacer Luque que tuvo que hacer frente al peor lote de un interesante encierro de Olga Jiménez y García Jiménez. Abrevió Luque. Muy hábil estuvo Luque para meterle la mano al manso, que no lo puso fácil en la suerte suprema. Silencio. 

Palacio de Vistalegre (Madrid). Octavo festejo de la feria de San Isidro. Menos de 1/4 de entrada. Toros de Hermanos García Jiménez Olga Jiménez, bien presentados y de interesante juego, salvo el lote de Daniel Luque. Miguel Ángel Perera: oreja y ovación con saludos tras aviso; Paco Ureña: oreja con fuerte petición de la segunda y ovación con saludos; Daniel Luque: ovación con saludo y silencio.


 

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