* Crónica vía: DAVID BUSTOS


«Tenemos un sueño, ser toreros como Roca Rey y Pablo Aguado», se leía en la pancarta que sacaron hasta los medios alumnos de la Escuela Taurina de Madrid. Había roto ya el paseíllo, pero la emoción seguía a flor de piel. Diría que son el presente y el futuro. Pero tanto Andrés como Pablo, también están destinados a ser el futuro, más allá de mandar en el presente. Vistalegre rozó el lleno total, aunque este cartel bien merecía haber agotado el papel hace tiempo. Se tomó su tiempo el peruano para colocarse la montera y la gente comenzó a impacientarse. Salió el primero de Vegahermosa. «Juguetón» de nombre pero poca fuerza en su interior. Andrés venía a por todas. Venía a ganar la partida a Pablo. Le invitó a hacer el quite y Pablo no rechazó la invitación. Tampoco podía. La tarde le obligaba a ello. El toro no era el mejor para el capote y el quite tampoco fue el más rotundo. Ni siquiera lo fue el de Andrés, por saltilleras, a pesar de ser más aplaudido por el público. La lidia, en banderillas, dejó mucho que desear y en el último par, el de Vegahermosa, atropelló al banderillero Juan José Domínguez al salir de la cara del toro. El percance fue estremecedor. Levantándolo en varias ocasiones y sin que la cuadrilla lograra quitarle al toro de encima. La plaza, días después del percance de Manuel Perera, volvió a quedarse fría mientras se llevaban en brazos al banderillero directo a la enfermería. De nuevo, dándose mucho tiempo, Andrés se fue hasta casi toriles para clavar los pies en el albero y cambiarse por la espalda las embestidas del toro. En los medios el toro pareció embestir mejor y más fijo. Roca Rey fue metiéndole en la muleta y ya en la tercera tanda, tras dejar algún derechazo destacable, aprovechó la codicia del animal para ligarlo en redondo. ‘Bailando’ con él y rematando la tanda con un firme pase de pecho. El escaso fondo del toro le permitió torear dos tandas al natural. Con algún enganchón pero con un puñado de naturales muy ‘mandones’. De tú a tú, y pasándose los pitones rozando sus piernas, puso fin a la faena Andrés. Estocada entera. Algo baja. Desoyó el sentir de parte del público y todo se quedó en una rotunda ovación con saludos tras petición de oreja.

Le devolvió Aguado a Roca Rey la invitación de hacer un quite y en este se la devolvió el sevillano. La brusquedad y el meterse por dentro del de Jandilla no le dejaron rematar en condiciones el quite por chicuelinas al peruano. Y casi sin darle tiempo a salir de la cara del toro, Aguado citó al toro y dejó un ajustado quite, también por chicuelinas. Sin haber un palmo de distancia entre toro y torero en el momento del embroque. Y con el toro poniéndole en apuros para rematar el quite. La montera en la puerta de la enfermería puso en pie a Vistalegre. Qué grandeza la de este mundo y qué bonito gesto de Pablo Aguado en apoyo a su compañero de plata. No era el tonto de la clase el toro de Jandilla. Embestidas a media altura, parones inciertos y salidas con la cara arriba. La segunda tanda ya marcó un punto de inflexión. Aguado mostró seguridad y la confianza la permitió asentarse y mandarle por abajo. Esa punto de poder le permitió tapar los defectos momentáneamente. Pero a partir de que Pablo le probó al natural, el toro comenzó a rajarse y la faena no pudo ir más allá. Si uno no quiere pelear, dos no pelean. Y ahí no había pelea posible. Casi una vuelta al ruedo completa dio Aguado detrás del toro hasta conseguir darle muerte. Se le atascó la espada a Aguado por las complicaciones del animal y le sonaron hasta dos avisos. Fue silenciado.

Más despacio y templado toreó de salida Roca Rey al tercero de la tarde. Este con el hierro y la divisa de Domingo Hernández, y embestidas muy humilladas. Buena pelea en varas y buen puyazo del varilarguero que recibió los aplausos del respetable. Brindó al público Andrés que, primero se lo pasó por la espalda, y después se echó de rodillas para torearlo a placer con mucho mérito. Dos tandas por el pitón derecho, con el toro casi sin salirse de la muleta y con una gran clase, hicieron sonar la música. Cambió de mano Andrés y lo toreó al natural sin la rotundidad que acostumbra el peruano. Faltó un punto más de firmeza y de limpieza en su labor con la mano izquierda. El toro, enclasado, fue más de embestidas cortas, y Andrés suele estar más cómodo con el toro que va largo. Pero nada que no se solucione con un arrimón final como el que se pegó Roca Rey, toreando en redondo y sin tiempo entre muletazos. Las bernardinas de cierre levantaron la faena -y varios trincherazos y remates por abajo- y una gran estocada le permitió desorejar al buen toro de Domingo Hernández. Clase, entrega, calidad, nobleza… Dos orejas y gran ovación al toro.

Se calentó la tarde y Aguado quiso dar respuesta al triunfo de Andrés. Otro estilo totalmente distinto. Opuesto. Más natural. Durmiendo al toro a la verónica. Acompañando las embestidas. Parando los relojes. Reventando las camisas. Qué manera de torear y qué aroma tan sevillano desprende su toreo. La plaza en pie después de un lío gordo de Aguado. Empujó mucho en un largo puyazo el cuarto de Garcigrande. Luego, la falta de limpieza en el quite de Aguado, salvo dos capotazos muy lentos, le impidieron repetir su gran actuación con el capote. Al público fue el brindis. Genuflexo y muy firme lo llevó en el trasteo inicial el sevillano. Quiso gustarse en el cambio de mano y la plaza estuvo con él desde el inicio. Sin embargo, las esperanzas pronto se diluyeron y la brusquedad del de Garcigrande dejó claro que no era el toro que necesita Pablo para triunfar. Derrotes secos en los finales, mucha irregularidad en sus embestidas y una falta de empuje en otras ocasiones que deslució la faena de Aguado. Esfuerzo sin recompensa. Le metió bien la mano. Ovación con saludos.

De nuevo, se demoró -dominó los tiempos de la tarde más allá de sus faenas- en prepararse Roca Rey antes de la salida de su último toro, con el hierro de Cuvillo. De pronto un «viva Ayuso», con la presidenta presente en Vistalegre, rompió el silencio del público antes de picar al quinto toro. El quite de Andrés se quedó en la actitud y, tanto él como Pablo, volvieron a evitar revalizar con el capote. Cualquiera lo hace después del puñado de verónicas de Aguado… Lo llevó hasta los medios Roca Rey al de Cuvillo y en el centro del ruedo se puso a torear con la mano derecha. Sin embargo, la faena transcendió entre algunas protestas a la colocación del torero y la poca emoción que tuvo el animal. Faena lineal que nunca terminó de conectar con el público. Deslucido el de Cuvillo. Silencio para Roca Rey.

Tres muletazos muy suaves de inicio y la nobleza como respuesta del sexto de Cuvillo devolvieron las esperanzas de ver a Pablo Aguado en plenitud. La segunda tanda de derechazos, apretando más al toro, hizo meter al público de lleno en la faena. Llevándolo a media altura muy despacio, tanto con la mano derecha como con la izquierda, Aguado trató de tirar por la vía de la despaciosidad para decir la última palabra de la tarde. Sin embargo, la faena fue a menos y al natural apenas encontró el lucimiento Aguado. Le faltó más humillación y chispa al toro de Cuvillo. Se tiró con todo a matar Aguado y el toro le prendió de manera muy fea. Cayó el toro pero el torero sevillano fue llevado rápidamente a la enfermería. Final amargo. Ovación que recogieron sus banderilleros.

Palacio Vistalegre (Madrid). Séptimo festejo de la Feria de San Isidro.  Toros de Vegahermosa (1º), Jandilla (2º), Garcigrande (3º y 4º), y Núñez del Cuvillo (5º y 6º), de deslucido juego. Destacó el tercero. Roca Rey: ovación con saludos tras petición, dos orejas y silencio; Pablo Aguado: silencio tras dos avisos, ovación con saludos y ovación (herido). 


 

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