* Crónica vía: DAVID BUSTOS


Más de media entrada registró la Cubierta de Leganés para disfrutar de la última corrida del ciclo ferial de primavera. Tras sonar el himno de España, salió de los chiqueros el primer toro de Núñez del Cuvillo. No pudo lucirse en exceso Enrique Ponce con el capote, a pesar de que el toro luego sí cumplió en el único puyazo que recibió. De un elegante trasteo lo sacó a los medios Ponce; sin embargo, al concluir la primera tanda, el toro se echó -anteriormente se había dolido de una banderilla que cayó justo dónde había recibido el puyazo- despertando las protestas del público. Muy justo de fondo y de fuerzas, el de Cuvillo se quedaba corto y apenas terminaba los muletazos. Abrevio entre protestas Ponce. Le metió bien la mano y cayó pronto el toro. Silencio.

Arrebetado. Así toreó Emilio de Justo a la verónica al segundo toro de Cuvillo. Casi una decena de verónicas ceñidas le recetó de Justo, que a punto estuvo de ser cogido cuando se disponía de dejar una media. No fue un toro fácil para banderillear puesto que pegaba arreones y resultaba incierto. Mismo comportamiento tuvo en el inicio de la faena de muleta. De Justo se rompió a torear por abajo, exigiéndole y mandando sobre sus embestidas. De pronto, un parón del toro puso en apuros al torero, que solventó con rapidez la situación. Tenía ritmo el toro de Cuvillo y transmitía al público, pero había que llevarlo muy tapado y totalmente dominado. La faena fue de menos a más, con un rotundo toreo con la diestra, remetado con pases de pechos al hombro contrario. Con menos lucimiento por una peor condición -se quedaba más corto- del toro por el pitón izquierdo, de Justo dejó un par de tandas al natural con la figura desmallada y tragándole mucho al toro. Volvió a la mano derecha y la faena siguió ganando intensidad. Ligazón, poderío y un empaque propio de los grandes toreros. Al salir de la cara del toro, en una de las tandas, de Justo perdió el equilibrio y cayó al suelto, siendo volteado por el toro de manera muy fea. Visiblemente mermado y bajo una atronadora ovación, el torero volvió a la cara del animal y dejó una extraordinaria tanda con la mano derecha. Resolutivo y con mucho valor, de Justo plantó cara al complicado toro de Cuvillo, que mantuvo su irregularidad hasta el final. De Justo dejó una estocada casi entera pero volvió a ser cogido al salir de la cara del toro. Acertó con el descabello al primer intento y su importante faena fue premiada con dos orejas.

Tronaba y diluviaba en Leganés -la plaza estaba protegida con la cubierta- mientras salía el tercer toro de la tarde. El de Cuvillo, siguiendo la misma tónica que los anteriores ejemplares, no permitió el lucimiento con el capote de Juan Ortega y le costó definirse incluso en la muleta. Incierto y deslucido, este con menos empuje aún si cabe, el de Cuvillo hizo que la faena careciera de detalles y muletazos destacables. Lo probó sin éxito Ortega, que abrevió ante las protestas del público por las nulas opciones que dio el animal. Estocada algo caída al segundo intento. Palmas.

El cuarto toro de la tarde parecía embestir descoordinado y el público rápidamente pidió su devolución. A pesar de ello, acudió al caballo y lo empujó hasta abrir la puerta que da al callejón. Siguió empujando el de Cuvillo al caballo, ya dentro del callejón, y abrió también la que daría a la misma calle. Afortunadamente no fue así y lo consiguieron meter al ruedo. Fue devuelto y salió el primer sobrero, también con el hierro de Cuvillo. El jabonero sucio de Cuvillo se comportó con mansedumbre en el primer tercio y el tercio de varas fue un auténtico bochorno. Fuertes protestas del público que se incrementaron tras un desacertado tercio de banderillas también. Ni dos minutos duró la faena de Enrique Ponce, ante las nulas opciones del sobrero de Cuvillo. La continua huida del animal rehuyendo de la pelea hicieron inviable ligar los muletazos. Media estocada algo caída. Pitos.

Se corrió turno y salió el que estaba anunciado en sexto lugar, correspondiente a Juan Ortega. Emilio de Justo fue trasladado al hospital tras el percance que sufrió en el segundo toro. Gran saludo capotero de Juan Ortega, ahora sí, soberbio a la verónica. Templado y asentado recibió al quinto de Cuvillo, a quien despachó con dos medias con sabor añejo. El comienzo de faena de Juan Ortega fue una exhibición de clasicismo trianero. Ese andar, esa expresión corporal. Esa difícil facilidad para parar el tiempo con remates por ambas manos que duraron eternidades. Hasta los medios. Hasta llevarle dormido en los vuelos de la muleta. Qué largo lo llevo. Qué despacio lo toreó en esas primeras tandas. Encajado. Sin perder la esencia. El de Cuvillo, que se movió y tuvo ese punto de nobleza que necesita el toreo lento, tuvo poco recorrido y la faena fue perdiendo profundidad. Pero no emoción. Ni naturalidad. Ni torería. Lo toreó despacio también con la mano izquierda Ortega. Muletazos cortos. Con pases de pecho sentidos. Con un final de faena por alto a la antigua. La estocada, casi entera y algo contraria, le sirvió a Juan Ortega para cortar una oreja. Palmas para el toro.

Le correspondió el sexto toro a Enrique Ponce, en sustitución de Emilio de Justo. Brindó al público Ponce, que vio opciones al tercer y último toro de su lote. Se dobló con él en el tercio y el de Cuvillo parecía embestir con cierta calidad en la muleta. Siguió con la mano derecha Ponce, ligando los muletazos pero con el toro embistiendo a dos tiempos. Le costaba coger los vuelos a veces, pero luego dejaba que le llevaran largo por el pitón izquierdo. No despegaba la faena -el toro fue a menos- y Ponce tiró de recursos. Varios molinetes y detalles sueltos al natural, para continuar toreando casi en redondo con la mano derecha. Ahí sí conectó más con el público y ahí sí rompió más el toro. Estocada. Ovación con saludos tras petición de oreja. 

Cubierta de Leganés (Madrid). Último festejo de la Feria de Primavera. Más de media entrada dentro del aforo permitido. Toros de Núñez del Cuvillo, de deslucido juego con su conjunto. Enrique Ponce: silencio, silencio y ovación con saludos. Emilio de Justo: dos orejas tras aviso y herido; Juan Ortega: silencio y oreja.


 

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